La muerte es un tema difícil de abordar, especialmente cuando se trata de explicar a los más pequeños. Justo cuando pensabas que hablar sobre la muerte era un desafío, llega Halloween a llenar de disfraces y dulces la mente de tus hijos. Pero, ¿qué pasa cuando esas risas y travesuras se mezclan con el inevitable tema de la vida y la muerte? Vamos a desentrañar cómo podemos ayudar a los niños a navegar por esas aguas emocionales, utilizando un enfoque honesto, empático y, sí, a veces hasta con un poco de humor.
El dilema de Halloween y el Día de Todos los Santos
El inicio de noviembre trae consigo un contraste fascinante: mientras el 31 de octubre celebramos el festival de Halloween con caramelos y sustos, el 1 de noviembre nos enfrentamos a la solemnidad del Día de Todos los Santos. Ese día, muchos de nosotros visitamos a nuestros seres queridos en los cementerios, una actividad que a menudo puede parecer sombría para los niños. Sin embargo, como muestra la tradición, es esencial que los pequeños también estén allí, participando en el recuerdo y la celebración de la vida.
Recuerdos de mi infancia
Recuerdo que de niño, para mí Halloween era una especie de fiesta de disfraces que se celebraba en la escuela. ¡Me encantaba! Pero cuando llegaba el Día de Todos los Santos, mi familia me llevaba al cementerio. La combinación de los dos era un cóctel extraño: risas y dulces por un lado, y flores y silencio por otro. ¿Qué estaba pasando? Nunca supe cómo articularlo, y entre el bullicio de las festividades, la muerte se volvía un concepto borroso y confuso.
¿Por qué es importante hablar sobre la muerte?
Según los expertos, hablar sobre la muerte es crucial para ayudar a los niños a gestionar sus emociones. De acuerdo con las psicólogas infantiles, Silvia Plaza y María Cóndor, los niños observan y buscan momentos propicios para preguntar sobre la muerte. ¿Cuántas veces te has encontrado con un pequeño que lanza una bomba de curiosidad en plena cena familiar? Las preguntas pueden ir desde el cielo hasta qué comía el abuelo en su mesa celestial. La verdad es que ignorarlo no es una opción.
Diferentes etapas de comprensión
Los niños tienen maneras muy específicas de procesar lo que está sucediendo a su alrededor, y es esencial comprender que las preguntas que hacen son el reflejo de su nivel de desarrollo. Por ejemplo:
- Entre 3 y 6 años: Preguntas sobre el día a día de la persona fallecida. «¿Quién va a cuidar mi cumpleaños?»
- Entre 6 y 9 años: Preguntas más profundas sobre el estado del cuerpo. «¿Cómo va a comer?»
- Entre 9 y 12 años: Interrogantes sobre emociones y realidades sociales. «¿Cómo te puedo ayudar?»
- Preadolescentes y adolescentes: Preguntas de gran profundidad existencial, como «¿por qué pasó esto?»
Esto me recuerda a cómo, de pequeño, un amigo me preguntó si la abuela sería capaz de ver su tarta de cumpleaños desde el más allá. Yo miré a los adultos, y ellos se rieron nerviosamente, porque ellos mismos no tenían respuestas.
Cómo comunicar la notícia de un fallecimiento
Una de las cosas más importantes que aprendí a lo largo del camino es que, como padres o tutores, debemos comunicar las noticias difíciles de manera clara y honesta. Idealmente, debemos hacerlo antes de los rituales de despedida. ¿Recuerdas esas viejas creencias familiares sobre ser “cautos” al hablar de estas cosas? Bueno, a decir verdad, eso no ayuda.
Estrategia de comunicación
- Selecciona al familiar más cercano: Lo mejor es que sea uno de los padres. La cercanía emocional facilita que el niño exprese lo que siente.
- Elige el lugar y el momento adecuado: Hacerlo durante el día en un lugar tranquilo permite que no asocien la muerte con la oscuridad de la noche.
- Mantén la calma: Si el adulto está abrumado por sus emociones, el niño probablemente lo sentirá y se asustará aún más.
Imagínate entrar a un cine donde la película es de terror, y la gente grita todo el tiempo. Eso mismo puede sentir un niño si ve a su padre llorando desconsoladamente. La estabilidad emocional es de vital importancia.
Respondiendo a las preguntas: ¿cómo hacerlo?
Una vez que hayas comunicado la noticia, es posible que te veas rodeado de preguntas curiosas. Estas pueden ser las más dispares, desde «¿Cómo se siente en el cielo?» hasta «¿Por qué no vino a mi cumpleaños?» Lo crucial aquí es responder con sinceridad, sin caer en eufemismos que podrían confundirlos aún más. Como comentan los expertos, “es mejor proporcionar respuestas, por muy locas que sean, que dejar un vacío de información.”
Aquí va un ejemplo de mi vida: una vez, de pequeño, pregunté a mi madre por qué no había visto a mi perro después de un viaje. Ella me dijo que estaba “bien en el cielo”, y yo, confundido, pensé que quizás habría un parque celestial donde todos los perritos jugaban. Esa lección sobre ser honesto se me quedó grabada, y no querría que más niños pasaran por una confusión similar.
Permitiendo la expresión de emociones
A veces, la tendencia natural puede ser decir cosas como «no llores» o «no estés triste». Pero aquí está el truco: detener esos pensamientos. Validar las emociones de los niños es esencial. Les debemos permitir sentir lo que sienten, ya que no existen palabras mágicas para curar el dolor. Es como tratar de quitarle la bufanda a un niño en invierno; solo se sentirá más frío.
Un dulce recordatorio
En vez de intentar tapar su tristeza, anímales a expresar lo que sienten. Organizar actividades que refuercen sus sentimientos, como la creación de un álbum de recuerdos o encender una vela en memoria, puede ser un maravilloso gesto. No es imprescindible centrarse en la muerte, sino en la celebración de las vidas que hemos compartido.
Fomentando la rutina y la seguridad
Después de que un niño ha experimentado la pérdida de un ser querido, el regreso a la rutina puede ser muy significativo. Mantener un sentido de normalidad les ayuda a sentirse más seguros y apoyados. ¿Has notado cómo, a veces, simplemente volver a la escuela puede sentirse como un regreso a la normalidad?
Una tarde, compartía con mi esposo experiencias sobre cómo manejar la pérdida. Su madre había pasado por el duelo desde la pérdida de su propio padre, y ella enfatizaba siempre la importancia de mantener los días llenos de actividades, risas y amor.
En conclusión: la vida y la muerte
Hablemos claro, enfrentar la muerte es complicado. Sin embargo, es fundamental que los niños comprendan que la muerte es parte de la vida. Al abordar este tema con sinceridad y respeto, ayudamos a nuestros pequeños a construir su comprensión del mundo. No solo les brindamos la oportunidad de llorar, sino también de celebrarlo.
Así que la próxima vez que te encuentre en una conversación sobre la muerte con un niño, respira hondo, contesta sinceramente y dale un lugar a sus emociones. Recuerda: no hay una forma “correcta”, solo la forma sincera y empática que ustedes construyan juntos.
Por último, animarte a que compartas tus anécdotas y experiencias sobre cómo has abordado este complicado pero precioso tema en tu familia. ¿Qué funciona para ti? ¡El intercambio de experiencias siempre es enriquecedor!