¡Hola a todos! Hoy volvemos con la saga del bolso — uno de los accesorios más esenciales (y rebeldes) de toda mujer. El bolso no solo te acompaña, sino que a veces carga con tu vida entera. ¿Por qué no podría contar su propia historia también? ¿Por qué no podría transmitir un mensaje? Las palabras, después de todo, tienen mucho poder.
La historia de Anya Hindmarch y su revolución bolsa (¡Pero no de supermercado!)
Recordemos, allá por los remotos tiempos previos al hashtag #modasostenible, un bolso sacudió a la industria de la moda como una bomba. En 2007, Anya Hindmarch, diseñadora británica y pionera en moda sostenible, nos introdujo un enigmático mensaje: «I’m not a plastic bag» (No soy una bolsa de plástico). Esa poderosa declaración bordada en sus bolsos de algodón orgánico saturó las calles, y los corazones, de Londres. Como todo un rockstar, el bolso recorrió las avenidas de la mano de mujeres tan icónicas como Keira Knightley, Claudia Schiffer y hasta Ivanka Trump.
Casi como un grito de guerra, la bolsa de Hindmarch se convirtió en un estandarte de la sostenibilidad en una época en la que el término apenas comenzaba a tomar forma. Pero, ¿casualidad? ¿Oportunismo? No, estrategia brillante. Hindmarch no solo creó bolsos sostenibles, sino que les puso una megáfono.
¿El «It Bag» que salvó al planeta?
No vamos a ir tan lejos. Pero es cierto que el fenómeno de ventas récord que sería «I’m not a Plastic Bag» introdujo en escena una pregunta incómoda: ¿por qué seguimos devorando bolsas de plástico a ritmo desbocado? En 2006, antes de la locura Hindmarch, se utilizaban 10.600 millones de bolsas de plástico de un solo uso en el Reino Unido. Para 2010, esa cifra se redujo a 6.100 millones. Una batalla ganada, pequeña pero significativa.
Ahora, no todo fueron rosas y canto de pájaros. Mientras algunas personas lucían la bolsa de Hindmarch como símbolo de un «nuevo lujo» consciente y responsable, otros la veían como una mera tendencia, la moda viral del momento. ¿Acaso Hindmarch había democratizado el discurso de la sostenibilidad o simplemente lo había convertido en una marca personal?
Más allá del plástico: La ironía de «I am a plastic bag»
Enter 2020 y Anya Hindmarch nuevamente sacude el tablero. Lanza «I am a plastic bag», una serie de bolsos fabricados con…wait for it…plástico reciclado. Pero ojo, estos no son la versión amigable de las 5 libras que vimos hace una década. Estos bolsos están en el terreno del lujo, con precios alrededor de los 800 euros.
Y aquí es donde la sostenibilidad se pone difícil. Por un lado, Hindmarch está rescatando plástico de residuos y dándole nueva vida, siguiendo el noble mandato de la circularidad. Pero por otro lado, ¿podemos considerar lujo a un bolso de plástico, por reciclado que sea?
¿Es momento de cuestionar nuestras definiciones?
Lo que está claro es que la moda sostenible no puede limitarse a una etiqueta en un bolso o incluso en los procesos de producción. Tiene que extenderse a cómo valoramos y valorizamos nuestros productos.
La moda, después de todo, refleja quiénes somos y cómo vemos el mundo. ¿Queremos un mundo lleno de bolsas de plástico de lujo? O buscamos algo más coherente, como la firma italiana Vº73, que ha lanzado su propio bolso sostenible, con mensaje incluido, a un precio más democrático.
Y tú, ¿qué prefieres? ¿El bolso que grita su naturaleza sostenible aunque contradiga su etiqueta de precio? O el productos más coherente, que te invita a reflexionar sobre los valores que respaldas cada vez que abres tu billetera?
Por último, es importante no olvidar que sostenibilidad y responsabilidad van de la mano. Así que, independientemente de qué bolso elijas, asegúrate de llevar eso contigo.