La Plaza del Ayuntamiento de Valencia ha reunido a miles de ciudadanos en un octubre que, si bien se caracteriza por el descenso de las temperaturas y el cambio de hojas en los árboles, este año marcó un notable contraste. En lugar de hojas secas, reinaba un ambiente de solidaridad y emoción tras el devastador paso de la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) el pasado 29 de octubre. Así, el encendido de las luces navideñas también se transformó en un tributo a las víctimas de esta tragedia natural. Vamos a sumergirnos en la historia de este evento que iluminó no solo la plaza, sino el corazón de toda la ciudad.

Una noche mágica llena de introspección y recuerdo

Cuando llegué a la plaza, no pude evitar sentir una mezcla de alegría y tristeza. La emoción que flotaba en el aire era casi palpable. Recuerdo mi primera vez en Valencia; fui atraído por la calidez de sus gentes y la vitalidad de su cultura. Sin embargo, esa noche, la atmósfera era más bien de solemnidad. La alcaldesa, María José Catalá, recordó claramente a todos los presentes que la celebración no solo se trataba de luces y adornos, sino también de la eterna capacidad del pueblo para recordar y recuperarse.

Pero, ¿quién puede resistirse al encanto de las luces de Navidad? En este evento, la magia no provenía únicamente de los destellos de luz, sino de los recuerdos compartidos y la esperanza de un futuro mejor. La luz encarnaba la «Estrella de la solidaridad», un símbolo elegido cuidadosamente por la comisión organizadora para recordar que, incluso en tiempos oscuros, siempre hay un rayo de luz dispuesto a guiarnos.

El acto de encendido: un homenaje significativo

Todo comenzó con el conmovedor silencio que se apoderó de la plaza en atención a las víctimas. Muchos de nosotros, con teléfonos preparados para capturar el momento, nos detuvimos en seco, abrumados por la gravedad del instante. En ese silencio, la voz en off resonó, recordándonos la dualidad de la lluvia que, aunque da vida, también puede traer devastación. De repente, me sentí transportado a aquel momento; la riada, las historias de heroísmo y solidaridad que surgieron a raíz de la tragedia. En la voz de aquel narrador retumbaban las palabras: “el agua, que nos da la vida, hace un mes, en forma de barrancada, nos dejó la sangre helada”.

La actuación del Coro Juan Bautista Comes y el artista Rei Ortolá fue un momento memorable, un recordatorio de que la música tiene el poder de sanar y unir. ¡Ah! ¿Quién no ha tenido un desliz emocional durante una canción particularmente conmovedora? Cuando comenzamos a perder la fe, una melodía puede devolvérnosla. Fue impresionante ver a las falleras mayores, Berta Peiró y Lucía García, presionar ese botón que desató no solo luces, sino un torrente de emociones colectivas.

Una representación de unidad

La participación de las distintas poblaciones afectadas por la DANA fue fundamental para tejer una narrativa de cohesión social. Como alguien que ha experimentado la tristeza de perder algo que amaba, puedo decir que no hay nada que una el corazón más que el sufrimiento compartido. La alcaldesa enfatizó la importancia de canalizar la solidaridad, y todos los allí presentes parecimos coincidir: a través del luto, se construye la unión.

El hecho de que cada representación viniera con sus propias historias y recuerdos trajo un aire de esperanza, porque aunque la tragedia se cernió sobre ellos, estaban decididos a honrar a los que habían perdido y a encontrar la manera de seguir adelante.

La explosión de luces y pirotecnia

Y entonces, ¡boom! Cuando las luces se encendieron realmente, la plaza se transformó en un espectáculo de luz y color. Efectos especiales y juegos de luces convirtieron la fuente ornamental en un cielo estrellado. Fue un desenlace deslumbrante que marcó un antes y un después. Algo en mí, la parte que siempre quiso ser el centro de atención, se sintió cautivada. Pero entonces me acordé de los momentos de serenidad y respeto que habían precedido el espectáculo.

Como en muchas celebraciones, la música es el hilo conductor. Y el Himno de Valencia resonó en todos nosotros, recordándonos que, aunque cada individuo es una nota en esta sinfonía de vida, juntos somos una melodía poderosa.

La belleza de la ciudad revelada

No se trataba solo de los adornos en la plaza, no. La magia de la iluminación se extendió por el centro histórico, las avenidas y los rincones más sutiles de la ciudad. ¡Qué maravilla! Valencia, con su arquitectura exquisita, brillaba con nuevos matices que resaltaban las estructuras más emblemáticas, entre las que no podía faltar el homenaje a Joaquín Sorolla. ¡Ah! Sorolla, el pintor que retrató la luz como nadie. La relación entre el arte y la luz nunca deja de maravillarme.

Lo que más me fascinó fue el pomell de naranjas que homenajeó tanto a Sorolla como a la agricultura de la región. Es casi poético pensar que un fruto tan pequeño puede contener la esencia del trabajador, de la tradición, y de la resiliencia de un pueblo. Las luces LED acentuaron cada detalle, creando una atmósfera casi mágica.

Reflexiones finales: iluminando el camino hacia adelante

Al final de la noche, reflexionamos sobre cómo eventos como estos no solo son una celebración de la temporada, sino un recordatorio de que se puede encontrar belleza incluso en la tristeza. La iluminación navideña de Valencia, este año, fue un símbolo de esperanza, de una comunidad que se une en los momentos de necesidad.

Si hay algo que podemos aprender de este evento es que, aunque las adversidades golpeen, hay un brillo interno que cada uno de nosotros puede cultivar. Como me gusta decir, somos como las luces: a veces podemos ser apagados por las tormentas, pero siempre tenemos el potencial de volver a brillar. La pregunta es: ¿qué haremos con esa luz?

Así que, amigos, mientras disfrutamos de las luces y celebraciones de estas fiestas, recordemos también que la verdadera magia radica en la solidaridad, en el recordarnos los unos a los otros, y en ofrecer una mano amiga en la oscuridad. En Valencia, este año, esa luz no solo ilumina las calles, sino también el camino hacia un futuro más brillante.

¡Felices fiestas y que la luz de la esperanza siempre brille en nuestras vidas!