En un mundo donde las tendencias van y vienen más rápido que un cataviento en un día de tormenta, siempre es refrescante encontrar a alguien como Rodrigo Cuevas. Este dinámico artista asturiano ha logrado mezclar tradiciones folclóricas ancestrales con ritmos contemporáneos, convirtiéndose en un verdadero embajador del folclore español, y recientemente, dejó su huella en el escenario de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Así que, si alguna vez te has preguntado cómo puede un chico de un pequeño pueblo español arrasar en el corazón de México, acompáñame en este viaje musical que rebosa historia, emoción y, por supuesto, un toque de humor.

De Rodiezmo a las grandes ligas del folclore

Rodrigo Cuevas nació en Oviedo, pero fue en el pequeño pueblo de Rodiezmo de la Tercia, donde realmente comenzó a cocerse su talento musical. Personalmente, una parte de mí siempre ha envidiado a esos genios que desde pequeños saben exactamente qué hacer con su vida. Cuevas, rodeado de la naturaleza, con pájaros que cantan y campanas que repican, forjó una conexión especial con el folclore. ¿Alguna vez te has puesto a bailar solo en tu casa mientras escuchas música? Esa es una sensación que pocas cosas pueden igualar, y Cuevas lo sabe muy bien.

Recuerda que cuando éramos niños, muchos de nosotros soñábamos con ser astronautas o superhéroes. Cuevas, en cambio, soñaba con cuidar cabras y ovejas. Y, spoiler alert: ¡lo hizo! Alrededor de los 24 años, se mudó a un pueblito de Galicia, donde sus sueños de vida rural se hicieron realidad. Pero no se limitó a cuidar animales; en su tiempo libre, comenzó a fusionar sus raíces asturianas con otras influencias musicales que encontró en el camino. Es como si hubiera encontrado la receta perfecta de una cocina musical, donde cada ingrediente tiene un propósito y un sabor único.

La música como puente cultural

Rodrigo Cuevas no solo es un artista, sino también un puente cultural. En su presentación en la FIL, no trajo solo su música; trajo consigo historias llenas de tradición e innovación. Al colaborar con la agrupación Los Cojolites de Veracruz, Cuevas demostró que la música, al igual que cualquier otro puente, puede conectar comunidades que, a primera vista, parecen distantes. Alegra el corazón saber que hay artistas que todavía buscan unir en lugar de dividir.

Por si eso fuera poco, Cuevas ha deslumbrado con su historia personal. En este viaje musical y cultural, él recuerda cómo, de niño, veía a los mexicanos en su barrio como casi seres de otro mundo: no porque fueran tan diferentes, sino porque traían dulces extraños y picantes que parecían remotos. En una sociedad donde muchas veces se enarbolan las diferencias, Cuevas nos recuerda que, al final, hay más similitudes que nos unen.

La controversia y el humor en el arte

Ahora bien, ser un artista provocador no es un camino sencillo. Cuevas ha sido etiquetado de mil formas: desde “agitador folclórico” hasta “transformista supremacista” en ciertos círculos más conservadores. Pero, ¿quién no se ha sentido un poquito atacado en algún momento por las etiquetas que otros nos ponen? Yo solía ser el “chico raro” en el colegio. Sin embargo, lo que realmente destaca es su capacidad para sobresalir, no solo a través de su música, sino también con su agudo sentido del humor.

Un momento memorable fue cuando, en una entrevista, pidió a la presentadora que lo llamara “Chavala Vergas”. Creo que eso merece una ovación. ¿Quién necesita un manager cuando puedes tener un seudónimo que se robará la atención de todos? Cuevas utiliza el humor como una herramienta poderosa en su arte. Es como una medicina que alivia las preocupaciones del público, aunque el trasfondo de su música muchas veces aborda temas profundos y dolorosos.

La tradición en la era moderna

Cuevas se enfrenta a la compleja relación entre lo tradicional y lo contemporáneo. A menudo, ha expresado cómo, al cantar en asturiano, gallego o euskera, siente que se dirige a un público muy específico. Pero cuando elige el castellano, su apreciación se expande. Es un dilema interesante: ¿debemos necesariamente adaptar nuestras raíces a un lenguaje más global para ser realmente escuchados? Sin embargo, Cuevas se niega a perder su esencia. Su música vive en la dualidad: lo local y lo universal.

Es como el eterno dilema de aquel amigo que intenta componer en varios estilos y termina creando algo que es… bueno, digamos, “interesante”. A veces, menos es más, pero en el caso de Cuevas, más es simplemente más. Más matices, más colores, más historias.

La fuerza de la memoria

En su actuación en la FIL, Cuevas rindió homenaje a Alberto Alonso Blanco, conocido como “Rambal”. La canción que compuso para él, “Rambalín”, es un tributo que va más allá de lo musical; es una forma de activar nuestra memoria colectiva. ¿No te parece fascinante cómo la música puede ser un recordatorio constante de historias que a menudo se desvanecen en el aire? Durante esos momentos en el escenario, mientras resonaban las notas de su canción triste, el público se sumió en un silencio profundo, un recordatorio de las luchas y las injusticias que aún persisten, incluso 50 años después del asesinato de Rambal.

Que Cuaveas hable de esos momentos en su música es valiente. La pérdida, el amor, la lucha —todos esos emotivos puntos de vista se encuentran en sus letras, y lo hace con el arte de quien entiende que, a veces, hilar la risa y la tristeza es lo que realmente conecta a las personas. Puede que hablen diferentes lenguas, pero todos compartimos la misma condición humana.

Reinventando el folclore

Rodrigo Cuevas ha logrado reinventar el folclore, dotándolo de un enfoque fresco y contemporáneo. Cuando las luces del escenario se apagaron y las notas de “Rambalín” se desvanecieron, el público estaba listo para volver a la fiesta. Cuevas sabe que la música es tanto celebración como memoria.

Recientemente, he escuchado que muchos de los artistas que se consideran “más auténticos” restan importancia a la necesidad de adaptarse. Pero Cuevas ha encontrado ese equilibrio: síntesis de su herencia cultural y expresión personal. Escuchar a Cuevas es como saborear un buen vino: puede ser antiguo, pero cada sorbo nos revela una nueva sensación.

¿Qué le depara el futuro a Rodrigo Cuevas?

Con su combinación de folclore tradicional y contemporáneo y su capacidad para hilar historias que atraviesan generaciones, no es de extrañar que Cuevas se esté ganando el corazón de muchos, tanto en España como en México. Y tú, querido lector, ¿se te ocurre un proyecto musical ideal donde pudiera colaborar? ¿Quizás una fusión entre el folclore asturiano y urbano? Los límites son tan extensos como nuestra imaginación.

No hay duda de que el recorrido de Rodrigo Cuevas es uno para seguir de cerca. Su capacidad para atraer a un público diverso y su habilidad para tocar temas relevantes y profundos lo posicionan en la vanguardia de la música contemporánea. Mientras tanto, sigue siendo un recordatorio alegre de que el arte, en cualquiera de sus formas, siempre tiene el poder de unir a las personas y recordarles su humanidad compartida.

Para aquellos que aún no han tenido la oportunidad de ver a Rodrigo Cuevas en acción, permítanme hacer una recomendación: ¡no se lo pierdan! La mezcla de tradición, innovación y ese ligero toque de locura genuina que trae consigo es una experiencia que no solo deleitará a sus oídos, sino que seguramente se quedará muy cerca de sus corazones. Así que ahí lo tienen, un artista que no solo sabe dar vida al folclore, sino que también sabe dar vida a cada rincón del escenario con su vibrante energía. ¿Listos para el siguiente show?