Recientemente, el 25 de noviembre de 2023, se llevó a cabo una manifestación masiva en Madrid, frente al Ministerio de Agricultura, convocada por las organizaciones agrarias más relevantes del país, como Asaja y Coag. Aunque la cifra de manifestantes no alcanzó los 6,000 según las autoridades, lo cierto es que la presencia de tractores alineados al lado de las escalinatas del ministerio daba la sensación de una situación seria. Vamos a desglosar lo que ocurrió, cómo se siente el agricultor español al respecto y, por qué la integración del libre comercio con Mercosur está encendiendo una chispa de preocupación en el sector agrario.

La crisis que se avecina: ¿un acuerdo a riesgo para los agricultores?

Si hay algo que sabemos, es que el mundo de la agricultura no es fácil. Imaginemos a un agricultor español que ha estado cultivando su tierra durante generaciones, sudando la gota gorda bajo el sol ardiente, y de repente escucha sobre un acuerdo de comercio que puede dejarlo al borde de la banca rota debido a la competencia con productos de Sudamérica. No es para menos que los agricultores se sientan inquietos.

Este acuerdo de libre comercio, que promete eliminar aranceles en productos agroalimentarios entre Europa y Mercosur, ha generado tensiones. Y cuando hablo de tensiones, me refiero a algo más fuerte que la típica pelea de un domingo por el último trozo de tarta de chocolate en la mesa familiar. Los agriculturas temen que dicho acuerdo pueda inundar el mercado europeo con productos de calidad inferior a precios mucho más bajos, lo que podría perjudicar a los productores locales. ¿Alguien más siente el sudor frío corriendo por su frente?

Un canto a la protesta: «¡si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra!»

La energía en la manifestación se podía sentir en el aire. Entre las pancartas y los gritos, el lema más repetido fue: «¡si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra!». Cada frase resonaba como un eco de sus preocupaciones: no solo luchan por sus medios de vida, sino que también sienten que su identidad y tradición están en juego.

Pedro Barato y Miguel Padilla, presidentes de Asaja y Coag, respectivamente, dejaron claro que si no hay cambios satisfactorios en las políticas de comercio, las tractoradas —las protestas masivas que vimos a comienzos de este año— podrían volver. Es como si estuvieran diciendo: «Eh, Gobierno, no nos olvidemos de quién alimenta a España». A veces, creo que el agricultor español tiene más determinación que un gato en una casa sin alfombras.

Luis Planas y su visión del acuerdo

Por otro lado, el Ministro de Agricultura, Luis Planas, tiene una visión totalmente distinta. Al afirmar que el contexto actual es «totalmente distinto», parece querer calmar a los manifestantes. Pero, sinceramente, ¿alguna vez un político ha logrado calmar a un grupo de personas furiosas con solo palabras? A veces, las palabras son como unirse a un club de lectura solo para descubrir que solo se habla de política… nada divertido.

Según Planas, el acuerdo con Mercosur podría ser «una gran oportunidad para España y la UE». Se refiere a que el pacto abriría un mercado de 300 millones de personas. Claro, es una oportunidad, pero preguntémonos: ¿a qué precio? El lema de «coches por bistecs» sugiere que la industria europea podría beneficiarse más que la agricultura local. Entonces, ¿es un intercambio justo?

Los miedos de los agricultores: entre la espada y la pared

Entremos en detalles sobre los temores y motivaciones de los agricultores. Un aspecto crítico del acuerdo es que, aunque incluye cuotas para productos «sensibles», los agricultores consideran que no es suficiente. Se sienten amenazados al pensar que tendrán que competir en un terreno desigual con países donde las condiciones de producción son muy diferentes — y eso es ser muy diplomático. ¿Quién se atrevería a hacer una compra si sabe que lo que llega puede no llevar el mismo sello de calidad que tanto valoran?

El presidente de Asaja, Pedro Barato, ha sido claro al decir que faltan cláusulas de reciprocidad. En otras palabras, si Mercosur quiere vender su carne a Europa, primero debería cumplir con las regulaciones de calidad y sostenibilidad que los agricultores europeos siguen, pero parece que esa premisa no está en la mesa de negociaciones.

La economía en riesgo: una mirada al futuro

Las preocupaciones de los agricultores llevan a un punto crucial: la economía. ¿Estamos hablando de una caída en los precios? Sin duda. Y, si caen, el resto de la población no se beneficiará solo con precios más bajos, sino que también podría perder las exportaciones que son clave para nuestra economía.

La España rural podría sufrir un descenso en la actividad económica, lo que afectaría a las comunidades locales. Irónicamente, al tratar de mejorar la economía nacional, los acuerdos comerciales podrían estar creando una tormenta perfecta que deje a muchos agricultores atrapados y sin opciones.

Anécdotas de la calle

Hablando de la situación, un agricultor de Albacete compartió su frustración: «He trabajado la tierra toda mi vida, y ahora tengo que preocuparme de que un paquete de carne de Brasil me desplace. ¿Van a venir a cosechar mi tierra por mí?». Y, si eres de los que se ríen del humor oscuro, esa frase te resultará muy familiar. Es un escenario que parece salido de una comedia de enredos, pero la realidad es muy seria.

Un grupo de estos agricultores se ha unido en las redes sociales para compartir sus historias y experiencias. En una publicación viral, un agricultor explicó cómo una vez entregó una caja de tomates a su vecino solo para escuchar que los tomates importados se vendían más baratos. «Es como si me hubiera tirado una caja de tomates en la cabeza», escribió. La frustración y la desesperanza están flotando en el aire como el aroma del primer café de la mañana en una granja.

El futuro en manos del Gobierno

¿Acaso el Gobierno tomará en cuenta estas voces? La respuesta parece incierta. Muchos agricultores piensan que necesitan manifestarse y hacer ruido. Si bien todavía no se han consumado más protestas masivas como las de febrero, el estado de ánimo general es de resistencia. En algún momento, el Gobierno tendrá que decidir a quién sirve realmente: ¿a sus ciudadanos que producen o a los grandes mercados internacionales?

En última instancia, el dilema entre la economía local y el libre comercio no se limita solo a España; es un problema que afecta a muchas naciones. Mientras tanto, cada manifestación sigue siendo un recordatorio de que los agricultores no le temen a la lucha, y aún están dispuestos a seguir adelante.

Conclusiones: ¿hacia dónde vamos?

¿Qué quedará del campo español en el futuro? La incertidumbre acecha como un gato que acecha a un pájaro en una tarde tranquila. La movilidad y la resistencia de las organizaciones agrarias están más que claras, pero la pregunta es: ¿será suficiente para detener el avance del libre comercio que amenaza a su modo de vida?

El diálogo es lo que necesitamos. El presidente Barato y el ministro Planas deben sentarse y realmente escuchar lo que se está diciendo en las calles. Al fin y al cabo, el campo español es más que una rueda de negociación; es una parte vital de nuestra cultura y economía. Quizás, en lugar de enviar más tractores a la calle, deberíamos pensar en maneras constructivas de abordar las preocupaciones.

La agricultura no debe ser solo una cuestión de precios; es una cuestión de valor, y eso es algo que todos deberíamos tener en cuenta. ¿Y si, al final, el campo español se une en una cooperación significativa con el Gobierno y el resto del mundo? Solo el tiempo lo dirá, pero una cosa es clara: el grito de ayuda de los agricultores no puede ser ignorado.

Así que la próxima vez que te sirvan un delicioso plato de verduras, recuerda que detrás de cada bocado hay una historia, y a veces esas historias son más importantes que las cifras en un informe comercial. ¡Viva la agricultura! 🍅🚜