Las finanzas públicas en España siempre han sido un tema candente, y más aún en un contexto donde la economía global tiembla ante otros problemas como la inflación y las crisis energéticas. El pasado reciente nos ha recordado que el manejo del dinero del estado no siempre es un camino pavimentado. Recientemente, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha tenido que estar en una danza equilibrada entre obtener ingresos fiscales y lidiar con vetos de grupos políticos. Pero, ¿qué significa esto para nosotros, el ciudadano de a pie? Vamos a desgranar todo este enredo.

La realidad de los números: ¿qué vamos a recaudar?

Montero soñaba con implementar una serie de nuevos impuestos a las grandes empresas energéticas y al sector bancario. Sin embargo, los vientos políticos han soplado en su contra, obligándola a dar marcha atrás en algunos de estos planes. Por otro lado, se espera que un paquete fiscal, que pudiera incluir hasta 8.000 millones de euros en ingresos tributarios para el año 2025, pase el filtro. Pero hay un quid: una gran parte de estas recaudaciones ya eran ingresos que España temía perder.

¡Sorpresa! Dos tercios del dinero —5.400 millones de euros— provienen de ingresos que corrían riesgo de perderse debido a decisiones judiciales. Eso suena un poco desolador, ¿no crees? Es como si estuvieras esperando un aumento en el trabajo y, de repente, te dicen que tienes que devolver parte de tu salario porque un documento administrativo no estaba en su lugar.

El decreto Montoro: un fantasma del pasado

¿Alguna vez has tratado de deshacerte de algo que se convierte en un bumerán? Esa es la sensación con el decreto Montoro. Este decreto, que el Tribunal Constitucional tumbó en enero, afectaba a la forma en que las empresas podían deducir sus pérdidas. La falta de este decreto colocó a la Agencia Tributaria en un aprieto, ya que se expone a perder hasta 2.500 millones de euros anuales. Esto nos deja con la pregunta: ¿serán capaces de restaurar lo que se ha perdido? Los contribuyentes tienen motivos para estar nerviosos.

Imagínate que te prometen un año de vacaciones pagadas si alcanzas ciertas metas. Luego, cuando llegas al final del año, nadie puede recordar esas promesas. Siento que estamos todos en la misma nave aquí.

Las incertidumbres de lo temporal

Un aspecto clave de este nuevo plan fiscal es la transitoriedad de muchas de las medidas, especialmente el impuesto a la banca que solo estará en vigor por tres años. Realmente, me hace pensar en esas dietas de tres días que todos intentamos pero que nunca funcionan. Suena bien en teoría, pero al final, es un esfuerzo a corto plazo.

Los partidos que apoyan estos cambios, Junts y PNV, ven una oportunidad en esta nueva reforma. Sin embargo, ¿realmente son medidas que proporcionan entidades financieras y grandes empresas ante el mar tumultuoso de la economía? Solo el tiempo lo dirá.

Las subidas de impuestos: temas que bosquejan la clase media

A veces, me pregunto: ¿cuántos impuestos podemos manejar antes de que se convierta en un argumento familiar en las cenas de Navidad? Las subidas de impuestos han sido un tema recurrente y ahora se estima que podrían añadir 2.600 millones de euros más a las arcas del estado. Suena bien, pero suenan como el eco de viejas preocupaciones: ¿son estas subidas justas?

Por ejemplo, la aproximación del impuesto del diésel al de la gasolina busca igualar el costo, incrementando 10 céntimos por litro. Para quienes llenamos el tanque, eso puede parecer insignificante, pero en una economía que ya lucha con precios elevados, no podemos olvidarlo.

Impacto en el bolsillo: ¿cuánto nos cuesta?

No olvidemos el reciente aumento del 14% en los impuestos al tabaco, que se traducirá en otros 700 millones en la recaudación, un crecimiento que muchos óptimos de la economía creen será un paso necesario hacia la sostenibilidad. Mi tía Elena siempre decía que la economía es como el emagrecimiento; de vez en cuando, hay que ponerle una banda elástica para ajustarla. Pero, ¿de quién es el costo?

Para muchos, especialmente aquellos que están en el tramo superior del IRPF, los cambios son evidentes. Aquellos que están ganando más de 300.000 euros por año verán elevadas sus obligaciones tributarias al 29%, con la idea de que podría llegar a ser 30%. ¡Vaya forma de comprobar en qué asiento de avión estamos en el vuelo económico!

El futuro incierto: las jugadas de la economía

Uno de los retos más fascinantes es el nuevo impuesto sobre el líquido para los cigarrillos electrónicos. Antes de que la pandemia golpeara, en 2021, la estimación de recaudación era de 35 millones, y se pensaba que el consumo podría realmente aumentar. Hoy, hay expectativas de que pueda alcanzar hasta 150 millones. Divertido, ¿no? Mientras más gente se “digitaliza” en sus hábitos de fumar, el gobierno podría estar ganando más en impuestos. No puedo evitar imaginar a los funcionarios haciéndose selfies mientras contemplan cómo sube esa gráfica.

Reflexiones finales: ¿regulaciones justas o vienen más problemas?

Las nuevas regulaciones fiscales en España pueden ser vistas como una parte necesaria del engranaje estatal para afrontar los retos económicos actuales. Sin embargo, la solución a largo plazo parece un proceso lleno de baches, preguntas y certezas discutibles. ¿Realmente está el gobierno trabajando para un sistema más justo, o simplemente se está saldando deudas pasadas?

Es un ciclo en el que nos vemos todos atrapados, tratando de entender dónde termina nuestra libertad económica y comienza la intervención estatal. Además, cada subida de impuestos deja en el aire preocupaciones por parte de la clase media, que se siente como el último eslabón de una cadena que arrastra cada vez más peso.

Finalmente, me pregunto: ¿podemos realmente revisar el marco fiscal en busca de la justicia? O como dice mi abuelo, cuya voz siempre resuena en mis pensamientos: «Las reformas solo resultarán en buenos resultados si todos remamos en la misma dirección». Aunque, quizás yo solo aspire a que no intenten navegar en un barco de papel.

Esperemos que las decisiones que se tomen sirvan para cimentar acciones futuras y no se convertirá en un nuevo rincón olvidado de la economía española. Al final del día, como decía un viejo amigo, “los mejores planes a veces son solo un juego”. Así que tomemos esto con un poco de humor y tratemos de estar atentos a lo que se nos viene.