La carrera judicial es, sin duda, un camino lleno de retos y satisfacciones. Sin embargo, cuando se le preguntan a muchos sobre la vida de un juez, la imagen que se presenta a menudo es de una figura distante y austera, en una toga negra, rodeada de libros y papeles. Pero hoy les traigo una historia diferente: la de María de la Fe Amarillo Vozmediano. Una mujer que ha tomado la judicatura por los cuernos y ha guiado su vida a través de experiencias que podrían dar lugar a un best-seller. Así que prepárense para un recorrido íntimo por la vida de esta magistrada y las luchas que enfrenta en el juzgado de La Sagra.

El día a día en un juzgado atareado

Imaginen una noche oscura y silenciosa. La paz es interrumpida por una luz fluorescente parpadeante dentro de un juzgado, donde María de la Fe y su compañera, la secretaria judicial Fátima, trabajan en expedientes bajo la presión de la incesante carga de trabajo. Lo que podría parecer un escenario de película de drama, en realidad, forma parte de la realidad cotidiana en uno de los partidos judiciales con más carga en España, en la comarca toledana de La Sagra.

¿Y ese ruido en la puerta? No se preocupen, no es un juicio penal de medianoche, sino simplemente un nuevo expediente. Trabajar así puede sonar a locura, pero para María es una forma de compromiso con la justicia. A veces me pregunto: ¿FUNCIONAN LOS JUZGADOS EN EL SILENCIO DE LA NOCHE O ES SOLAMENTE UN MITO?

Cuando se trata de la logística del juzgado, nada es sencillo. Uno de los mayores retos que enfrenta María es la inaccesibilidad de su juzgado. Está situado en una vivienda baja, lo que significa que las personas con movilidad reducida deben pensarlo dos veces antes de intentar acceder. «¡No sé cuántas veces he reclamado que se mejoren las instalaciones!», dice con un tono que mezcla la frustración y la determinación. Recuerda cómo varios letrados en silla de ruedas no pudieron entrar al juzgado. Esa es la realidad de ser una mujer en un puesto de autoridad en España.

La historia personal detrás del título

María de la Fe no es solo una juez; es una mujer que ha vivido y respirado la injusticia desde que era niña. Su historia comienza en Puertollano, donde creció observando a su madre, Isabel, trabajando en el campo mientras su padre, Luis, era analista químico.

«Mi madre recogía fresas, y yo veía cómo luchaban, y cómo eso me afectaba,» dice María, mientras su mirada se ilumina con recuerdos de su infancia. Sin embargo, un episodio en su adolescencia cambió el rumbo de su vida. Cuando vio un reportaje sobre el desahucio de una pareja de ancianos, su corazón se rompió. «Decidí que tenía que hacer algo para ayudar a la gente,» comparte con una pasión que todavía resuena en su voz.

PREGUNTA: ¿Alguna vez has tenido un momento que cambios tu vida para siempre? Para María, fue ese reportaje que la impulsó a estudiar Derecho.

Con la intención de hacer una diferencia, se lanzó a la carrera de Derecho sin tener idea de las dificultades que vendrían. Mientras muchos estudiantes disfrutaban de su tiempo universitario, ella trabajaba limpiando oficinas para poder costear sus estudios. «Era una vida de sacrificio, pero lo hice con gusto,» asegura. ¿Es fácil ser un estudiante trabajador y un futuro abogado al mismo tiempo? La respuesta es un rotundo no.

La formación de una magistrada

Pasaron los años y María, a base de dedicación y sacrificio, logró convertirse en una juez. Pero no fue un camino fácil. Intentó varias veces pasar las oposiciones para juez, y la historia de su éxito es una mezcla de tenacidad y lágrimas. «La primera vez que fui a examinarme, apenas entré, y me fui llorando», confiesa. Y es que, a menudo, los relatos de éxito vienen acompañados de historias de fracasos.

En su tercer intento, María quedó octava de su promoción, pero estemos claros: cada punto cuenta. Durante un periodo de intensa preparación, dedicaba horas y más horas al estudio. «Cerca de 10 horas diarias, a veces 16, todo por un sueño,» comparte.

Es aquí, en este momento de su vida, donde su historia realmente resuena. ¿Se han sentido alguna vez tan apasionados por algo que se olvidan de todo lo demás? Esa fue su vida. Y su mayor apoyo durante ese proceso fue su padre. En momentos de inseguridad, cuando los nervios la vencían, Luis estaba allí, disponible para ayudarla.

Franca y sin filtros: la mujer detrás del toga

Una de las características más sobresalientes de María de la Fe es su autenticidad. Gran parte de su éxito puede atribuirse a su capacidad de ser directa y honesta. «Yo rompo todos los estereotipos, y no tengo mucho filtro», dice, riéndose. Y es que, ¿quién podría culparla? La vida en un juzgado a menudo está llena de dramas y clichés dignos de una telenovela.

María no es solo un referente en el ámbito judicial; ella también aborda las problemáticas que enfrenta el sistema legal con humor y humildad. Aunque su puesto conlleva una gran carga de responsabilidad, ella intuye que es su enfoque humano lo que realmente importa. «Hago lo que puedo con lo que tengo«, bromea al explicar cómo trata de mejorar las sentencias para que cualquier persona, sin estudios en Derecho, pueda entender lo que está leyendo.

El trabajo que realiza es excepcional. Ella se preocupa genuinamente por las personas que pasan por su juzgado, y eso se puede ver en la forma en que lidia con los casos.

¿Es solo el trabajo o algo más profundo?

María representa un cambio en la imagen del sistema judicial en España. Con sus anécdotas y su ética de trabajo, muestra que el rol de un juez no se limita a aplicar la ley, sino que se refiere a ayudar a las personas reales con problemas reales. Su compromiso la motiva a ir más allá de las expectativas tradicionales.

Algunos podrían preguntarse, ¿de verdad un juicio puede tratarse con empatía y humanidad? Para María, la respuesta es sí. Porque cada día representa un nuevo reto y cada caso es una oportunidad para marcar la diferencia. Y esa es la esencia de su trabajo.

La ONU, en un informe reciente, incluso mencionó a la Audiencia de Toledo en relación a la falta de acceso a la justicia. «A veces, la realidad es que hay personas que se sienten abandonadas. Mi trabajo es asegurar que nadie quede atrás,» enfatiza. No es solo un trabajo; es una misión en la que ella pone su corazón.

Un futuro brillante y unas lecciones de vida

Mirando hacia el futuro, María desea seguir abogando por cambios y mejoras. Agradecida por el apoyo que ha tenido en su vida, considera que cada día en su juzgado no es solo un trabajo, sino una llamada a la acción. ¿Cómo no sentirse inspirado por una mujer que ha hecho de su vida una lucha por la igualdad y la justicia?

En un mundo donde a menudo parece que la justicia está en recesión, personajes como María de la Fe Amarillo Vozmediano demuestran que ser un juez es mucho más que vestir una toga. Se trata de tener el valor de enfrentar la vida, con sus altos y bajos, y hacer la diferencia.

Conclusión

Así que la próxima vez que piensen en un juez, ¿podrían imaginar algo más que una figura austera? La historia de María es un recordatorio de que detrás de cada toga, hay una persona con un compromiso y un corazón que late fuerte por un mundo más justo. ¿No es eso lo que todos deseamos en el fondo?

En su lucha por los derechos de los demás, María de la Fe no solo ha transformado su vida, sino que ha cambiado la manera en que muchos ven la justicia en España.

¡Recordemos su nombre, porque seguramente, el futuro de la judicatura estará marcado por su pasión y dedicación!