La vida tiene una forma peculiar de recordarnos su fragilidad, ¿no? A veces, nos sorprende con alegría, otras, nos deja un profundo vacío. Cuando el 29 de octubre los cielos de Valencia abrieron sus compuertas y se desató la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), una tormenta que arrasó más de 70 municipios, nos quedó claro que no estábamos preparados para la magnitud del desastre. 222 vidas perdidas y cuatro desaparecidos es un recordatorio cruel de que el clima no espera a que estemos listos. Pero lo que siguió a esta tragedia nos enseñó el verdadero valor de la comunidad, la resiliencia y, sobre todo, de la empatía.

Un funeral lleno de emociones y de mensajes de unidad

Este lunes, la Catedral de Valencia fue testigo de una solemne misa funeral que reunió a decenas de personas, muchas de las cuales aún llevaban el peso del duelo. Los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, asistieron a esta ceremonia, que se convierte en la tercera visita de la realeza a la ciudad desde la DANA. Curioso, ¿verdad? En momentos de crisis, todos miramos hacia lo alto, esperando un rayo de esperanza que nos ilumine.

Y hablando de mirar hacia lo alto, no sé ustedes, pero a veces me pregunto qué pasaría si los altos mandos y figuras públicas levantaran la mirada hacia el dolor de la gente común, en lugar de quedarse atrapados en su juego político. En este emocionante evento, el arzobispo de Valencia, Enrique Benavent, lanzó un mensaje claro: «las diferencias no lleguen a convertirse en divisiones». Es un recordatorio necesario. A menudo, en lugar de unirnos, los enfrentamientos políticos solo nos dividen más.

La presencia de figuras políticas

Durante el funeral, se dejó notar la ausencia de Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno, algo que causó revuelo en la población. Sin embargo, otros ministros sí se hicieron presentes, como la vicepresidenta María Jesús Montero y Diana Morant, entre otros, quienes acompañaron al presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón.

Curiosamente, tanto López Miras como Ayuso, presidentes de comunidades autónomas, también estuvieron entre los asistentes. En tiempos propios de llevar a cabo una formación de alianzas que trascienden la política, a mí me gustaría imaginar que, al mirarse en este evento trágico, al menos podrían dejar sus diferencias en la puerta de la Catedral. ¿No sería lindo ver más actos y menos palabras vacías?

Ayudas y el generoso gesto de Amancio Ortega

En este contexto de dolor y pérdida, surgió una luz de esperanza: las ayudas de Amancio Ortega. Y a muchos no les gustará escuchar cómo, en situaciones así, la generosidad brilla en medio del caos. Se anunció que se otorgarían 2.700 euros a aquellos que habían sido afectados por la DANA. El hecho de que se distribuyeran “de oficio” por los ayuntamientos de la comunidad demuestra que en momentos de crisis, los particulares pueden marcar la diferencia.

Ciertamente, no todos pueden ver el lado positivo de la vida durante las tormentas, pero considero que todos necesitamos un poco de ayuda en estos momentos oscuros. A veces parecen que son los gestos más pequeños los que tienen el mayor impacto. Mi abuela siempre decía que un pequeño gesto puede ser un gran abrazo en tiempos de necesidad. Y, al final del día, ¿no estamos todos buscando un poco de calor humano en medio del frío?

Las protestas y la voz de los afectados

A pesar del ambiente de duelo, las protestas no tardaron en aparecer. Durante el funeral, algunos manifestantes hicieron oír su voz con gritos de «asesinos», mientras llevaban pancartas que denunciaban la falta de prevención y la gestión de la DANA. ¿Es justo acusar a quienes, tal vez, realmente no supieron cómo responder a la tormenta? Estoy convencido de que todos nos encontramos válidos de cometer errores.

Y aquí es donde me detengo a recordar lo que sentía cuando perdí a un ser querido. La rabia, la frustración, esos sentimientos embriagadores que nublan nuestra razón. Me pregunto si quienes protestan sienten que su dolor no es escuchado, y si ellos también podrían encontrar consuelo si se dirigieran a las autoridades con un rayo de luz en la mirada, en lugar de dejar que la ira les consuma.

La ejemplaridad de la Mare de Déu dels Desamparats

Un símbolo de esperanza que hizo su aparición en la misa fue la imagen peregrina de la Virgen de los Desamparados, que ha visitado los pueblos devastados por la DANA. Se dice que los símbolos religiosos son faros de luz en la oscuridad y, en este caso concreto, la Virgen lucía un manto morado en señal de luto.

Muchos de nosotros tenemos ese lugar especial al que nos dirigimos para encontrar consuelo, tal vez no todos crean en lo mismo, pero sentarse ante una imagen que representa esperanza puramente puede ser una experiencia conmovedora. Me acuerdo de un viaje a la catedral de Santiago de Compostela, donde me senté un momento a disfrutar del silencio y pensé en lo pequeño que somos en este vasto universo, pero también en lo necesario que somos unos para otros.

Reflexiones finales y un llamado a la unidad

Al final de esta dolorosa jornada, se puede concluir que la tragedia de la DANA ha dejado más que lágrimas o desolación; ha creado un sentido de comunidad fuerte y vibrante. Para afrontar lo que vendrá, necesitamos unirnos como valencianos, como españoles y como seres humanos. La vida es compleja, pero en nuestros momentos oscuros, debemos esforzarnos por ser luz para los demás y no las sombras que nos dividieron.

A veces me pregunto qué pasaría si todos tomáramos un momento para recordar que, detrás de un título o una posición política, hay personas con historias complejas y emociones profundas. Imagina si tuvieses el poder de iluminar la vida de alguien simplemente escuchándolo. Digo esto porque, en momentos así, reconocer el dolor de los otros es el primer paso hacia la sanación.

Puede que 2023 nos haya recordado que la naturaleza tiene un poder abrumador y, aunque no podemos controlarla, sí podemos actuar con humanidad y empatía. Así que cuando veas a alguien que necesita un abrazo o simplemente una palabra amable, no dudes en acercarte. Tu gesto puede marcar la diferencia en un mundo que a menudo parece estar en total caos.

Así que, para concluir con un toque de humor, recordemos que somos humanos y que, a pesar de todo, no tenemos un **plan B para la vida. Entonces, mejor hagamos lo mejor de este viaje, lleno de emociones y anécdotas que compartir. Al final del día, las historias son lo que realmente nos une. Y Valencia, con su calidez y resiliencia, se levanta una y otra vez, más fuerte que antes.