Imagina que, en un momento de la historia, un grupo de 11.000 guerrilleros españoles se encuentra al borde de una gran victoria en la lucha contra el régimen franquista, mientras el mundo está en plena Segunda Guerra Mundial. Las victorias aliadas parecen acercar la posibilidad de la libertad para el pueblo español que lleva años sufriendo bajo la dictadura. Pero en un instante, esa esperanza se desmorona como un castillo de naipes. Este es el relato de la resistencia olvidada, donde héroes, traiciones y aventuras se entrelazan, dejando una huella imborrable en la memoria de la historia de España. ¿Listo para un viaje en el tiempo?

El telón de fondo: el comienzo de una nueva era

Era el verano de 1944. Los ecos de la guerra resonaban en cada rincón de Europa. En Francia, el Comité de Liberación Nacional de la Resistencia se convertía en el Gobierno Provisional de la República Francesa tras la liberación de París. En el sur, miles de guerrilleros españoles, alentados por las victorias de los aliados, se preparaban para entrar en acción. La euforia reinaba, y las esperanzas estaban más vivas que nunca, como ese momento en que te sientes en la última recta de una maratón, con el final a la vista, pero la meta aún distante.

La Unión Nacional: un faro de esperanza

Frente a esta situación, surge la Unión Nacional Española (UN), creada en 1942, que pretendía unir a las fuerzas democráticas y antifranquistas para hacer frente al régimen de Franco. Sin embargo, a pesar de su noble intención, estaba plagada de complicaciones. ¿Quién puede olvidar las discusiones acaloradas sobre el liderazgo? Imagínense una cena familiar tensa donde cada uno quiere que su plato sea el principal, aunque nadie esté de acuerdo sobre cuál es el plato correcto.

Jesús Monzón Repáraz, un comunista con un espíritu indomable, se erige como figura central. Monzón, un guerrero de la resistencia con más historias que un abuelo contando cuentos a sus nietos, intentó aglutinar a los comunistas en el exilio y crear un ejército capaz de luchar contra el fascismo. Su viaje personal es como una novela de aventuras, llena de giros inesperados. Desde volar en el mismo avión que Dolores Ibárruri, «La Pasionaria», hasta enfrentarse a la desconfiada jerarquía comunista, Monzón parece el protagonista de su propio drama.

El sueño de la Reconquista: ¿una locura colectiva?

En medio de este torbellino de emociones y esfuerzos se decide llevar a cabo la «Operación Reconquista», una invasión audaz planeada desde Francia. El objetivo era establecer un pie de playa en España y fomentar una insurrección popular. La mente de Monzón brillaba con la idea de que la llegada de los guerrilleros desataría una oleada de apoyo del pueblo. ¿Estaba Monzón soñando despierto o era un visionario?

La realidad, sin embargo, era otra. Cuando los observadores regresaron de España, informaron que la situación era crítica. La sociedad española, no solo agotada, sino también atormentada, no estaba preparada para una nueva guerra. ¡Vaya decepción! Al final, lo que comenzó como un plan inspirador terminó pareciendo más una película de terror de bajo presupuesto.

La invasión: una mezcla de valentía y desilusión

Y así, el 3 de octubre de 1944, un pequeño grupo de guerrilleros, tras un viaje lleno de esperanzas, cruzó la frontera española. Al principio, las cosas parecían ir bien. Los guerrilleros lograron algunas victorias. Pero como dice el refrán, «no es oro todo lo que reluce». La superioridad numérica del ejército franquista y la falta de respaldo local se hicieron evidentes rápidamente…

La noticia de la concentración de fuerzas franquistas no fue bien recibida. Los guerrilleros se encontraron con casi 50,000 soldados listos para hacer frente a su inesperada ofensiva. La historia nos narra que, a lo largo de dos semanas, la resistencia se desmoronó. Fueron 32 valientes muertos, 216 heridos y 300 prisioneros entre los guerrilleros, mientras que el ejército franquista sufrió bajas igualmente significativas. Una guerra es un juego de números, pero en este caso, esos números no jugaban a favor de los que habían salido a buscar la libertad.

De héroes a villanos: la traición del reconocimiento

En el otro lado del escenario, la realidad política también se movía. El recién nombrado Gobierno Provisional de la República Francesa comenzaba a sentir incomodidad ante el creciente desdén hacia Franco. Este cambio de actitud resultó en la desbandada de los guerrilleros que habían sido reconocidos como héroes antes. De Gaulle, en una jugada que hoy muchos consideran un acto de traición, decidió desarmar a los guerrilleros que habían luchado valientemente junto a las fuerzas aliadas. ¿Desdén, estrategia o pragmatismo político?

El desarme de estos guerrilleros fue como pasar de ser el protagonista de una jornada heroica a ser un villano en un cuento de hadas. Atrás quedaban los días de gloria, y empezaba una nueva era, donde el establecimiento se convertía en la nueva norma.

La operación Bolero-Paprika: una nueva era de represión

La historia no concluye aquí. En 1950, surgió la Operación Bolero-Paprika, que resultó en la expulsión de muchos comunistas españoles de Francia, donde habían buscado refugio. Lejos de ser un simple relajo de verano, esta redada marcó una clara señal de que las relaciones entre los gobiernos español y francés estaban experimentando un giro drástico.

El Ministerio del Interior francés intentó dar un golpe preventivo, reclasificando a los antiguos héroes de la resistencia como «comunistas peligrosos». Las libertades que los guerrilleros habían disfrutado se desvanecieron y, con un clic de la luz del destino, se encontraron en la oscuridad de un exilio forzado.

Reflexiones finales: héroes invisibles en la historia

Mirando hacia atrás, es un desafío clasificar a estas figuras. Algunos verían a Jesús Monzón como un traidor, otros como un héroe en un mundo cruel. La memoria de aquellos guerrilleros, a menudo desdibujada y en la sombra de la historia, nos recuerda que el camino a la libertad nunca es fácil; es una travesía llena de obstáculos, traiciones y sacrificios.

Hoy en día, los ecos de sus historias nos atraviesan como un viento helado en el Cervino. Su valentía y sus fracasos nos enseñan que a veces, luchar por lo que uno cree, a pesar de lo que pueda parecer una batalla perdida desde el principio, sigue valiendo la pena. Después de todo, ¿no son los sacrificios y las luchas pequeñas la base de grandes cambios en el futuro?

En resumen, este análisis sobre la resistencia de nuestros héroes olvidados no es solo una mirada al pasado, sino un recordatorio de lo que significa luchar por la libertad. A veces, esos sacrificios no son reconocidos, pero sus ecos resuenan en la memoria colectiva, recordándonos que la lucha por la democracia y los derechos humanos es una llama que nunca debería extinguirse. Hay mucho que aprender de estos guerrilleros españoles. Aunque sus victorias fueron fugaces y sus fracasos, amargos, su historia continúa inspirando a quienes aún luchan contra la opresión en el presente. ¿No debería su legado ser recordado y celebrado?