En los últimos años, la política española ha hecho mucho más que simplemente desempeñarse en el escenario democrático; ha devenido un espectáculo digno de prime time, lleno de giros inesperados, personajes dramáticos y, lamentablemente, una creciente polarización que hace que a veces sea difícil discernir dónde acaba la crítica política y dónde empieza la violencia. Pedro Sánchez, actual presidente del Gobierno, ha sido el foco de muchas controversias y críticas, especialmente tras un incidente reciente en Paiporta, Valencia, que ha reavivado el debate sobre el clima político en el país.

El escenario: Paiporta y la crisis del DANA

Para aquéllos que se preguntan qué demonios es DANA, no se trata de una nueva red social donde los políticos comparten memes; son las Desviaciones Atróficas Normales de la Atmosfera. En pocas palabras: cuando el clima se descontrola y nos lanza más agua y barro del que podemos manejar, ocasionando un desastre. Así fue lo que ocurrió en Valencia, y la respuesta de la administración de Pedro Sánchez ha sido objeto de intensas críticas.

Durante una reciente visita a Paiporta para evaluar los daños, Sánchez se encontró con un ambiente hostil. Protestas en las que se lanzaron objetos al presidente del Gobierno y se le increpó, llevando a los equipos de seguridad a evacuarlo rápidamente. Sí, lo sé, parecería que estábamos viendo una mala película de acción de mediatarde, pero esto es la política en el 2023.

La reacción de Vox: de la crítica a la violencia

Justo en medio del caos, el partido de Vox decidió sacar a relucir unas declaraciones previas de su líder, Santiago Abascal, donde definió a Sánchez como un político sin límites morales. Lo que en un contexto normal podría interpretarse como una crítica a la ética en la política, en esta ocasión se mezcla con unas escenas dantescas en dónde se justifica la violencia. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar un discurso para deslegitimar a un adversario político?

En un breve video compartido en redes sociales, Vox hace una extraña amalgama de imágenes e información que busca vincular a Sánchez con la crisis sistémica en Valencia, descontextualizando sus declaraciones para hacer parecer que ignora el sufrimiento de los ciudadanos. ¿Recuerdan esa vez que dijimos que una imagen vale más que mil palabras? Bueno, en este caso, parece que una mala edición de video también puede crear un caos y llevar a incitar a las masas.

Un carnaval de críticas y malentendidos

El presidente en cuestión no es ajeno a los ataques, pero lo que resulta verdaderamente preocupante es cómo estas interacciones se convierten en un carnaval de emociones. Después de los incidentes en Paiporta, el diputado de Vox por Granada, Jacobo González-Robatto, se lanzó a Twitter para hacer una broma (o no tan broma) sobre los ataques al presidente. «El que se lo haya tirado que no se preocupe, que mañana le llevo otro nuevo», dijo. Ahora, no sé ustedes, pero si eso no me hizo reír, definitivamente me hizo sentir incómodo.

Esta clase de comentarios desafía la base de nuestra conversación política y la transforma en un circo. Pero, seamos honestos: ¿cuántas veces hemos sentido que la política se ha convertido en un espectáculo? Donde es más importante la imagen que las soluciones reales. Parece que la política se ha convertido en el nuevo «Real Housewives of Valencia».

¿Dónde está la línea entre la crítica y la incitación a la violencia?

A estas alturas, deberíamos preguntarnos: ¿dónde está la línea entre la crítica política y la incitación a la violencia? Las palabras tienen un peso, especialmente en el contexto adecuado. Los líderes de opinión y los políticos tienen una responsabilidad moral con su retórica, y ciertos comentarios, aunque sean lanzados como un chiste, pueden rebotar de manera peligrosa en el público.

Damos por hecho que todos entendemos que detrás de la política hay seres humanos, con emociones. Sin embargo, parece que en este linaje de conflictos, nos olvidamos de que bajo el uniforme o la corbata, hay personas que se esfuerzan por

ser comprensivos, y eso debería ser un valor que debemos mantener alto, en lugar de otra oportunidad para lanzarnos barro el uno al otro.

La importancia del diálogo en tiempos de crisis

Lo que realmente necesitamos es fomentar un diálogo constructivo. Pajitas de odio no solucionan nada; divertirnos lanzando insultos no nos lleva a un buen lugar. Y aunque el chascarrillo ligero puede ser un alivio en el instante, no puede convertirse en nuestro enfoque para resolver problemas serios. ¿Y si, en lugar de incendiar la situación, los líderes políticos comenzaran a preguntarse cómo pueden colaborar para abordar verdaderamente las crisis sociales y humanitarias?

La política no solo debería ser un campo de batalla. En algunos momentos de mi vida, he sentido que la calidad de la política se mide no solo por el resultado de una votación, sino por la capacidad de sus líderes de escuchar aperturas en lugar de gritos y, claro, barro.

La responsabilidad de los medios de comunicación

Mientras navegamos en este escabroso territorio, no solo son los políticos quienes deben asumir su responsabilidad ética; los medios de comunicación también tienen un papel vital en la economía del diálogo y la discusión política. Demasiadas veces vemos cómo se enfocan en las miserias y en los ataques, en lugar de las soluciones. Debemos preguntarnos: ¿cómo podemos impulsar una narrativa que fomente más reflexión y menos reacción impulsiva?

Medios como Twitter a menudo se convierten en un hervidero de desinformación. Lo que una vez pudo ser un espacio para compartir noticias ahora puede ser una trampa para la desinformación. Los usuarios entran en una especie de «modo reactivo», dispuestos a compartir cualquier cosa que haga eco de sus creencias, sin verificar los hechos.

Conclusión: construyendo un futuro más empático

Así que, al mirar todo esto, debemos preguntarnos: ¿estamos dispuestos a permitir que la polarización política continúe dominando nuestro paisaje? La empatía, o la falta de ella, juega un papel crucial en el futuro de nuestra política. Porque, después de todo, tener diferentes opiniones no significa que debamos deshumanizarnos unos a otros.

Así que aquí estamos, queridos lectores, en medio de un paisaje político que a menudo parece más un campo de guerra que un espacio de colaboración. Lo que necesitamos son más puentes y menos muros; más diálogos y menos gritos. La próxima vez que escuchemos un ataque o una broma desafortunada de un político, recordemos que detrás de las palabras hay personas, sus vidas y sus circunstancias.

Y solo por si acaso, no está de más recordar: un poco de amor y respeto hacia el prójimo no hace daño, al contrario, puede llevarnos a construir algo muchísimo mejor. ¿No creen?