En el apasionante mundo de la política, a menudo nos encontramos con situaciones que parecen sacadas de un guion de cine. Y si hay un episodio reciente que encarna esta idea, es sin duda la batalla desenfrenada del Partido Popular (PP) de Alberto Núñez Feijóo contra la vicepresidenta española Teresa Ribera durante su comparecencia en el Parlamento Europeo. Esta ofensiva, que más bien parece un espectáculo de circo, ha puesto en jaque a la mayoría de Von der Leyen en la Comisión Europea, y ha dejado a muchos preguntándose: ¿Es esta realmente la forma en que la política debe funcionar hoy en día?

El escenario: Bruselas

Imagínate por un momento que eres un eurodiputado en Bruselas. Has llegado a la ciudad que, con sus monumentos y su vibrante vida nocturna, parece el epicentro de la política europea. Te preparas para una larga jornada en el Parlamento Europeo, donde agendas complejas y debates acalorados son el pan de cada día. Sin embargo, lo que ocurrió en la comparecencia de Ribera el pasado martes a la noche podría describirse más como un espectáculo de trolls que una sesión legislativa seria.

Un poco de contexto es necesario aquí. Ribera, quien es mirada de reojo por varios miembros de la derecha, fue objeto de una serie de ataques que más que a su gestión como vicepresidenta estaban dirigidos a desviar la atención de aquellos que realmente estaban en la cuerda floja. Como bien apuntó Jeremy Cliffe, director editorial de ECFR, “una campaña muy coordinada de la derecha” buscaba convertir a Ribera en chivo expiatorio de los fracasos de su partido a nivel regional. ¿No es fascinante cómo en política lo que realmente debería ser relevante se convierte en un circo mediático?

Los ataques: entre ruidos y críticas

A medida que los eurodiputados del PP arremetían contra Ribera, el ambiente se tornó en una mezcla de abucheos, aplausos y hasta golpes en las mesas. Lewis Crofts, editor jefe de MLex, pintó una imagen clara de la situación: “Los eurodiputados están convirtiendo esta audiencia en un circo”. Es casi como si esperáramos que alguien saliera con un vestido de payaso. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, un poco de humor no viene mal en la política.

¿Qué camino ha tomado el debate político? Es un fenómeno en el que las argumentaciones serias se ven desdibujadas por la búsqueda de atención mediática. A veces, uno se pregunta si estamos en un auténtico reality show presentado por nuestras figuras políticas. ¿Es esta la política que queremos? ¿De verdad se están abordando los problemas o solo se está generando ruido?

¿Es un ataque a la competencia?

El foco de los ataques pasó de las cuestiones políticas a la labor profesional de Ribera. En lugar de discutir sobre el clima o la energía, el PP lanzó una ofensiva que invitaba a la confusión y a la desinformación. La extrema derecha, junto con el PP, intentó desvincular a la candidata de las responsabilidades inherentes a su cargo. Irrita pensar que en lugar de abordar el calentamiento global o la política energética, estábamos presenciando un espectáculo que focalizaba en deficiencias ajenas, especialmente insinuando que Ribera era culpable de desastres naturales.

Como bien dice la máxima, “la mejor defensa es un buen ataque”. Sin embargo, ¿es esta realmente la estrategia que queremos en nuestros líderes? Está claro que el PP no solo se libra de los demonios que invocan, sino que busca distraer a la opinión pública de sus propias deficiencias. En efecto, tal como menciona Politico, “los miembros del Partido Popular Europeo español han intentado culpar a Ribera de la catástrofe en un intento de desviar la atención” de la mala gestión de Carlos Mazón, presidente regional.

La relación que tenemos con la política debería ser una en la que nos sintamos representados y seguros. Sin embargo, estos ataques parecen estar diseñados más para el espectáculo que para el cambio. La risa en la sala podría muy bien haber sido reemplazada por un silencio reflexivo.

Una victoria en dos frentes

Inusitadamente, y a pesar de la ofensiva del PP, hubo momentos donde se podían vislumbrar atisbos de camaradería. Dolors Monserrat, jefa de la delegación del PP, se acercó tras la comparecencia de Ribera para felicitarla. La mezcla de ironía y cordialidad resulta casi poética. Si los aplausos y abucheos de la audiencia reflejan la realidad política actual, esa felicitación final resonó como un eco inesperado: ¿el fin de un espectáculo de circo o un breve respiro antes de que el show vuelva a comenzar?

Sin embargo, es esencial preguntarse: ¿cómo afecta realmente esto a la nueva Comisión Europea bajo el mando de Ursula von der Leyen? Las tensiones y luchas internas pueden resultar en un estancamiento que podría perjudicar decisiones cruciales en una época que lo requiere urgentemente.

Reflexiones finales: Un circo que no cesa

Se ha dicho que “la política es el arte de lo posible”. Pero cuando ese “arte” se convierte en un espectáculo vacío, ¿dónde queda la esencia de lo que debería ser la política? En esta era donde la atención se desvía hacia el ruido y las peleas, es crucial recordar a quién debemos servir: nosotros, la ciudadanía.

La política debe ser un espacio donde se discieran ideas, se construya una sociedad mejor y se tomen decisiones que afecten a la vida de todos. Como espectadores de esta farsa, tenemos la responsabilidad de exigir algo más. Y aunque puede parecer que el circo está aquí para quedarse, no debemos permitir que la trama se desdibuje en los gritos y ataques infundados.

Recuerda, un poco de humor en la política no hace daño, pero siempre debe ir acompañado de un compromiso genuino hacia el cambio. Mientras tanto, tendremos que seguir observando a los políticos desempeñarse en este circo, preguntándonos si algún día encontrarán el camino hacia una verdadera representación y responsabilidad.

En fin, con un poco de suerte, este circo político se transformará en un diálogo de ideas. Aunque, dado lo que hemos visto, eso podría ser más difícil que encontrar un unicornio en medio de una manada de burros.