La Constitución Española ha sido el pilar sobre el que se ha construido la democracia en nuestro país desde 1978. En ocasiones, uno puede sentir que su presencia es tan omnipresente que la damos por sentada. Sin embargo, es en momentos como el Día de la Constitución cuando cobra especial relevancia, y no cabe duda de que triplicar la atención sobre su valor puede parecer una tarea monumental. Así lo ha planteado recientemente Javier Lambán, el secretario general del PSOE en Aragón, quien ha hecho un llamado urgente a “defender con vigor” nuestra Carta Magna. Pero, ¿qué significa eso realmente?
Una conversación sobre libertad y convivencia
La Constitución ha simbolizado un prolongado periodo de libertad, convivencia y prosperidad compartida en España. ¿Te imaginas cómo sería vivir en un país sin estas garantías? Tal vez algunos de nosotros aún recordamos épocas pasadas, quizás de la mano de nuestros abuelos. Sería interesante preguntarnos: ¿Qué nos contarían sobre aquellos tiempos oscuros?
Volviendo a Lambán, él ha enfatizado la importancia de continuar con el legado iniciado en 1978. En una de sus publicaciones en X (antes Twitter), visiblemente nostálgico, recordó el artículo 13 de la Constitución de 1812, que establece que el objetivo del gobierno es la felicidad de la Nación. Puede que hoy nos suene lejano, pero en su contexto, una soberanía nacional puede parecer el mejor camino hacia la innovación social y política.
La herencia de 1812
Una pregunta pertinente sería: ¿qué significa realmente ser «feliz» como nación? Recuerdo que un día, durante un curso sobre historia contemporánea, el profesor nos pedía imaginar cómo se sentiría nuestra sociedad si realmente cumpliera con ese objetivo. Las risas que aparecieron en la sala fueron principalmente nerviosas, porque nadie quería ser el primero en responder algo tan abstracto. La felicidad, como la libertad, es un concepto etéreo, y las garantías constitucionales son solo un primer paso en el camino hacia su consecución.
Javier Lambán utiliza una frase de Stefan Zweig para referirse a la primera Carta Magna española. Su elección no es casual, sino estratégica, pues el escritor austriaco es conocido en gran parte por su sensibilidad hacia la cultura y la historia. Destacar su referencia transforma el mensaje de Lambán en algo más ligado a una tradición humanista que a una mera formalidad política.
Reconocimiento a los héroes de hoy
En los últimos días, Javier Lambán también ha rendido homenaje a los fiscales del procés por ser “héroes” en la defensa de la Constitución. Javier Zaragoza, Consuelo Madrigal, Jaime Moreno y Fidel Cadena recibieron el premio ‘Gabriel Cisneros’ por su labor en un contexto en el que el desafío a nuestra Carta Magna se intensificó en 2017. Uno no puede más que sentir un escalofrío al recordar ese momento de inestabilidad política. ¿Cómo reaccionarías tú si sintieras que los cimientos de tu país se tambalearan?
Como parte de la comunidad que luchó por mantener la cohesión en esos momentos, Zaragoza y su equipo son considerados baluartes en la protección de la democracia. Su trabajo es un recordatorio de que sin un sistema judicial independiente y competente, no hay democracia posible. Honestamente, a veces me pregunto: ¿cuántas personas realmente valoran la importancia de tener instituciones que controlen el poder?
Un reconocimiento necesario
Los premios como el ‘Gabriel Cisneros’ son necesarios en una sociedad donde se requieren héroes, y eso no significa que debamos esperar a que las circunstancias nos lo impongan. Al contrario, debemos fomentar un ambiente donde la capacitación y la defensa de las libertades se conviertan en el pan nuestro de cada día. Tal vez recordemos el chiste sobre los paracaidistas, cuando alguien dice que nunca se atrevería a saltar. «Es que siempre tienes que tener un plan B», responde el otro, “¿y si el paracaídas no se abre?”.
Algunas psicologías contemporáneas sugieren que las administraciones, gentes de poder, y muchos otros actores de la sociedad, se benefician de los problemas de poder en sí mismos. Al final, meditar sobre estas complejidades demuestra cuán importante es tener ojos críticos en lugar de oídos sordos.
Una reflexión final sobre el papel de la sociedad
El llamado de Javier Lambán a defender la Constitución es, en última instancia, un recordatorio de que todos nosotros podemos influir y fortalecernos a través de nuestra participación. Puede que seamos un poco pesimistas a veces, ¿verdad? Pero es importante mantener una ética activa: debatir, cuestionar y sobre todo, defender nuestras libertades.
Vivimos en un contexto donde la libertad de expresión, el acceso a la justicia y la protección de los derechos ciudadanos son aspectos cruciales que, aunque proclamados en la Constitución, necesitan nuestra acción para ser realidades. Al final, recordar nuestra historia, nuestros valores y nuestra lucha por la libertad no es solo un ejercicio académico, sino un imperativo ético.
Las lecciones aprendidas
Así que, en suma, ¿qué podemos aprender de todo esto? Primero, la importancia de organizaciones y personas que abogan por nuestros derechos. Segundo, la necesidad de mantener un diálogo activo que fomente la cohesión social. Y por último, valorar la Constitución como un conjunto de normas que nos une, más que simplemente como un documento a medio camino entre lo antiguo y lo nuevo.
Si bien se puede criticar el rumbo de desarrollo de ciertos aspectos de la sociedad, no debemos olvidar que la patria y nuestras instituciones son como una relación: vale la pena defenderlas, alimentarlas y, en ocasiones, reexaminar las reglas del juego. Con el espíritu de nuevo año a la vista, ¿no sería un buen momento para preguntar qué legado quieres dejar para las futuras generaciones?
La historia de la Constitución española es nuestra historia. Es el momento de alzar la voz y agradecer a aquellos que, como Javier Lambán, viven y respiran cada día para defenderla. ¡Que empiece el diálogo!