La digitalización de sistemas de saneamiento es un tema candente en la actualidad, especialmente tras los últimos episodios de inundaciones que han azotado varias regiones de España. Uno de los proyectos más destacados es el que se está implementando en la mayor depuradora del área metropolitana de València. Este esfuerzo no solo busca modernizar infraestructuras obsoletas, sino también proporcionar herramientas efectivas para la gestión de riesgos. Pero, ¿realmente la tecnología puede salvarnos de desastres naturales? Vamos a ahondar en este tema, a descubrir sus matices y, por qué no, a brindar una dosis de humor para aligerar la carga del asunto.

Contexto del problema: ¿De qué estamos hablando?

Imaginemos por un momento un día de tormenta en València. La lluvia cae a cántaros, y uno de esos repentinamente perturbadores episodios de DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) comienza a hacer de las suyas. El agua se acumula, los desagües colapsan, y antes que puedas decir «inundación», los coches parecen flotar y los vecinos buscan arcas de Noé para resguardarse. ¡Situación alarmante!

La variabilidad climática está influyendo en los patrones de precipitación, y nuestras infraestructuras están a la defensiva más que nunca. En este contexto, el Gobierno de Carlos Mazón se ha decidido a actuar, presentando una licitación por un valor de 503.357,68 euros para la digitalización de sistemas en las depuradoras de Pinedo II y Quart-Benàger. Pero, ¿es suficiente invertir en tecnología para contrarrestar las fuerzas de la naturaleza?

El proyecto de digitalización: Más que un apaño

El proyecto anunciado inicialmente por Salomé Pradas, entonces consellera de Medio Ambiente, Agua, Infraestructuras y Territorio, busca varios objetivos concretos, todos ellos interconectados. Entre ellos, se encuentra la creación de sistemas de alerta temprana para inundaciones urbanas durante episodios de lluvia. Pero no nos quedemos solo en esto: también se prevé el uso de sistemas de previsión meteorológica que alerten a las autoridades sobre la posible llegada de lluvias intensas. ¡Es como tener un Dios del clima en tu bolsillo!

Sin embargo, hay que mencionar que este proyecto no es nuevo, y ya pasó por un retraso considerable antes de ver la luz. De hecho, la formalización del contrato tardó más de diez meses en ser completada. ¡Vaya! Uno pensaría que con tanta tecnología a nuestro alrededor, podríamos hacer las cosas pertinentes de una manera más ágil. Pero, como dice el refrán, «mejor tarde que nunca», ¿verdad?

Herramientas tecnológicas: la clave de la gestión de riesgos

Aquí es donde la tecnología entra en juego. La sensorización y digitalización de las EDAR (Estaciones de Depuración de Aguas Residuales) permitirá no solo el monitoreo en tiempo real de los niveles de agua, sino también la implementación de estrategias de control ante desbordamientos. Es decir, ante un aumento repentino del caudal de agua residual, se activarán alertas que pueden suponer la diferencia entre una inundación devastadora y un control efectivo de la situación.

Además, el software destinado a la predicción de riesgos hidrológicos se visualiza como una herramienta indispensable. Esta tecnología ha demostrado ser eficaz en simulaciones, pero la verdadera prueba llega en situaciones críticas. Y aquí es donde entra de nuevo ese caprichoso elemento del clima que nunca deja de sorprendernos.

El dilema de la predicción: ¿Podemos confiar en ella?

Aquí es donde los rumores y anécdotas divertidas se entrelazan con la realidad: ¿alguna vez has confiado en la predicción del clima solo para que el pronóstico se convierta en el chiste de la semana? Vamos, que todos hemos vivido ese momento en el que miramos al cielo, vemos nubes amenazantes y decidimos dejar el paraguas en casa. Pero a la hora de la verdad, la pregunta persiste: ¿podemos confiar realmente en que una app nos salvará de una inundación?

La experiencia española durante episodios como el de la reciente DANA muestra que si bien la tecnología puede ayudar a mejorar la predicción, hay que complementar su uso con una adecuada gestión y respuesta. La digitalización puede facilitarnos muchas cosas, pero, como siempre, depende del uso que le demos. No podemos olvidarnos de que un sistema de alertas no servirá de nada si no hay protocolos de actuación bien definidos.

El impacto social: preparar a la comunidad

Imaginemos ahora la importancia de la educación y la concienciación social. La modernización de infraestructuras debe ir de la mano de un plan educativo que informe a la ciudadanía sobre cómo actuar en situaciones de emergencia. Y aquí, una anécdota personal: una vez, durante una tormenta, decidí salir a la calle a sacar fotos de las impresionantes formaciones de nubes. Resulta que estaba en medio de una zona con posibles desbordamientos y, bueno, sólo puedo decir que mi viaje de regreso fue más emocionante de lo que esperaba. ¡Nadie quiere convertirse en un “influencer” de emergencias!

Por ello, la divulgación sobre el uso de nuevos sistemas digitales, cómo funcionan y cómo pueden beneficiarnos es crucial. En lugar de esperar que el agua entre por la puerta, es preferible estar preparado y saber cómo reaccionar. Quizás un aula comunitaria con un simulador de inundaciones pueda ser la solución. Después de todo, la educación siempre ha sido la mejor herramienta de prevención.

Inversiones y responsabilidades: una mirada honesta

Entre los aspectos más críticos a considerar se encuentran los temas de inversión y responsabilidad pública. Por un lado, contar con recursos económicos es vital, pero, ¿habrá una vigilancia adecuada sobre a dónde van esos fondos? En los últimos años, se ha escuchado con cierta frecuencia que algunos millones de euros fueron a parar a empresas vinculadas a la financiación de la «caja B» de ciertos partidos. Y yo me pregunto, ¿cómo podemos estar seguros de que lo que se invierte realmente beneficiará a las infraestructuras?

Por lo tanto, si alguna vez has mirado con desconfianza a una notificación de obra, no eres el único. Las decisiones tomadas desde el Gobierno deben ser fiscalizables, transparentes y siempre centradas en el bienestar de la comunidad. Después de todo, la digitalización no significa solo implementar software sofisticado, sino también una gestión eficaz de sus resultados.

El camino hacia el futuro: sostenibilidad y compromiso

Finalmente, el foco debe estar en la planificación a largo plazo. La digitalización de las depuradoras en València no es solo un proyecto aislado, sino un paso hacia un enfoque más amplio de gestión sostenible. Lo ideal sería que las infraestructuras se alineen con un modelo de desarrollo sostenible, donde no solo se trate de prevenir inundaciones, sino también de proteger el ecosistema acuático y garantizar un futuro más saludable para todos.

De esta forma, no solo debemos pensar en nuestras comunidades, sino también en nuestros ecosistemas y en cómo nuestras decisiones afectan a estos. La colaboración y el compromiso entre los diferentes niveles de gobierno, empresas y ciudadanos serán fundamentales en este proceso.

Reflexión final: hacia un futuro más resiliente

Así que, al final del día, cuando hablamos de la digitalización de depuradoras en València, estamos ante una oportunidad única de innovar en la lucha contra las inundaciones. Se nos ha brindado en nuestras manos una herramienta poderosa. Pero este sobrecogedor proyecto también viene con su cuota de responsabilidad. En la era de la información, ¿cómo vamos a usarla?

Recordemos que la tecnología, aunque útil, no es la única solución ante problemas naturales. La combinación de la innovación con la educación y la preparación es lo que nos llevará a un futuro más resiliente. Porque, al final del día, ¿no deberíamos todos aspirar a vivir en un lugar donde podamos salir a la calle sin preocuparnos de que nuestra próxima aventura se convierta en un chapoteo inesperado?


En conclusión, la digitalización de sistemas de saneamiento es una pieza clave en el rompecabezas de la gestión del agua y la prevención de inundaciones en València. Espero que este artículo haya iluminado un poco más sobre el tema, al tiempo que te dé una sonrisa o dos. Y recuerda, el próximo vez que un meteorólogo te aconseje un arcoíris de acondicionador, ¡puedes que estés salvando no solo tu día, sino también tu ciudad!