El pasado 29 de octubre, Valencia se vio golpeada por una DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), un fenómeno meteorológico que, como bien sabemos, puede traer consigo un torrente de problemas. ¿Quién podría imaginar que un río como el Magro, que probablemente nunca habías escuchado hasta ahora, se convertiría en el protagonista de una historia de inundaciones y emergencias? Es una historia que, aunque dramática, nos deja lecciones importantes sobre la gestión del agua y la infraestructura pública. Así que siéntate cómodamente mientras recorremos desde lo grave hasta lo hilarante de esta situación que parecía sacada de una novela.

Un desbordamiento que se veía venir

El río Magro es un pequeño curso de agua que transcurre entre los municipios de Yátova, Macastre, Alborache, Turís y Montserrat. Pero a diferencia de su estatus casi mítico como «el río que nunca se desborda», en esta ocasión decidió hacer lo contrario: ¡desbordarse y más! La Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) notificó el desbordamiento a las 12:07 de la mañana, y para las 15:00 ya teníamos un Utiel inundado.

Uno se pregunta, ¿cómo puede un río con un nombre tan melódico como «Magro» causar tanto estruendo? Hombre, la naturaleza tiene su forma de sorprendernos, y en este caso, no le faltó ingenio.

La gestión del agua en tiempos de crisis

Los detalles comienzan a entrelazarse como un thriller. Bajo la lupa, la CHJ no solo se encontró en el ojo del huracán debido a las lluvias torrenciales, sino también por una falta de acción alarmante. Habían advertido sobre el mal estado del Canal del Magro meses antes y “oh, sorpresa”, no habían hecho nada al respecto. Contestadme esto: ¿Quién tiene un canal de riego y tres vigilantes para 60 kilómetros de longitud? Así como lo lees. Eso es menos personal que el que tiene una tienda de ropa en liquidación.

La Generalitat, en un intento inequívoco de mitigar la catástrofe, declaró el segundo nivel de emergencia, pero aquí es donde la historia se vuelve un poco más seria. Las obras de mantenimiento que deberían haberse ejecutado desde junio nunca se licitaron. ¿Acaso la falta de mantenimiento es una forma de preparar a la comunidad para un evento tan extremo? Dudo que haya alguien en la CHJ que respondería que sí.

La prueba del tiempo y el agua

Mientras que muchos hablaban de lo que parecía un desastre inminente, la evidencia técnica ahora revela que la situación de las infraestructuras asociadas al canal era, como dicen por ahí, «muy mejorable». En un lenguaje más directo, ¡estaba hecha un desastre! De acuerdo con los documentos, las juntas de los acueductos estaban en estado precario y, en general, la infraestructura estaba envejecida.

Imagina que tu vehículo anticuado comienza a hacer ruidos extraños y decides ignorarlo… hasta que un día la rueda se sale volando justo cuando estás en medio de la autopista. La CHJ podría haber adoptado un enfoque proactivo, pero en lugar de eso, decidieron seguir pasándolo por alto hasta que el problema se convirtió en una emergencia real.

Las graves consecuencias del desbordamiento

El desbordamiento del río Magro no solo resultó en una mera inundación, sino que ocasionó daños por valor de 31 millones de euros en el Canal Júcar-Turia. Sí, has leído bien: ¡treinta y un millones! Es como si en vez de invertir en mantenimiento, decidieran esperar a que el desastre llegara y luego resolverlo con una mega-factura.

¡Ah! Pero hablemos de cifras, porque el río Magro no bromea. La entrada de agua en el embalse de Forata alcanzó un caudal de 2.000 m³/s durante los momentos de máxima avenida. Para poner esto en perspectiva, eso es más agua que la que necesitas para llenar varios camiones cisterna. Para agravar las cosas, el caudal considerado para una avenida extraordinaria de 500 años es de 1.127 m³/s. Así que ya sabes, el Magro no estaba jugando a ser un río tranquilo y apacible.

Un sistema de alerta temprana: Un dulce consuelo

En medio de la vorágine, la CHJ, que quizá se ha dado cuenta de su falta y la gravedad de la situación, decidió actuar un poco tarde. Unos 22,5 millones se destinarían a reparar el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) y a establecer el primer Sistema de Alerta Temprana (SAT) del Canal Júcar. ¿No suena esto un poco como el famoso «ya te dije» de fondo?

En lugar de esperar a que las tormentas nos golpeen como un hacha, sería útil tomarse un momento para escuchar a los expertos. No hay que ser un genio para entender que prevenir es siempre mejor que remediar. A veces, basta con poner la infraestructura al día para evitar ese dramático capítulo de «El río Magro y la DANA».

Reflexiones finales: ¿Cuál es la lección aquí?

Es fácil sentarse en nuestro sofá y criticar el sistema de gestión del agua en España, especialmente cuando la ciudad está llena de agua como si se tratara de una nueva piscina pública. Pero sea dicho: mantener nuestras infraestructuras en buen estado es fundamental. La DANA no solo reveló fallos en los canales de agua, sino también en nuestra manera de gestionar los recursos y responder a emergencias.

La próxima vez que te encuentres bajo la lluvia recordando ese viejo anuncio de “no salgas con paraguas”, piénsalo bien. ¿Estamos dispuestos a esperar a que el río se desborde para tomar medidas? Quizá sea hora de cambiar nuestro enfoque y no dejar todo en manos de la suerte.

Así que aquí estoy, haciéndome eco de la multitud, mientras me pregunto, ¿qué podemos hacer en nuestras propias comunidades para garantizar que estas historias no se repitan? Después de todo, la prevención puede salvar vidas, propiedades y sí, ¡un montón de dinero!

Puede que este episodio haya cerrado un capítulo en la historia de Valencia, pero también abre la puerta a un diálogo mucho más amplio sobre la importancia del mantenimiento de nuestra infraestructura. Y como siempre, estoy aquí pensando en todo lo que nos queda por aprender. ¿Estamos listos para hacerlo mejor la próxima vez? Ojalá que sí.