La cristianización de España ha sido una travesía repleta de altibajos. Desde tiempos inmemoriales, el catolicismo ha jugado un papel central en la vida social, política y cultural del país. Sin embargo, en tiempos recientes, se ha desencadenado un tumulto que sacude los cimientos de esta religión en la península ibérica. Durante un reciente congreso organizado por la Asociación de Propagandistas Católicos (ACdP), se hicieron eco de una sentida pregunta: ¿Quo Vadis? —¿A dónde vas? Esta pregunta no es solo un reflejo de la incertidumbre que sienten los católicos, sino un llamado a tomar conciencia sobre el rumbo que está tomando la fe en un mundo cada vez más distante de sus fundaciones.
La percepción del catolicismo en declive
Los datos son escalofriantes. Según un informe de la Fundación Ferrer Guàrdia, cerca del 60% de los jóvenes en España se consideran no creyentes. ¿Realmente es sorprendente? En un país donde las redes sociales reinan, donde cada vez más personas se ven arrastradas hacia el individualismo y el escepticismo, es difícil sostener que la Iglesia siga teniendo el mismo peso que antaño. Recuerdo cuando era más joven, un tiempo en el que cada domingo era un ritual social, no solo religioso. Era la excusa perfecta para lucir nuestro mejor atuendo y para mis abuelos, la única forma de evitar que los niños nos quedáramos en casa viendo televisión. ¡Qué tiempos aquellos! Pero, ¿cuántos jóvenes todavía ven la práctica de la fe de esa manera?
La ACdP, como guardiana del catolicismo tradicional en España, ha alzado su voz, no solo por la falta de fe en las nuevas generaciones, sino también por lo que consideran un relativismo moral que amenaza los cimientos de la civilización. En su manifiesto, instan a los creyentes a un nuevo esfuerzo para defender “la vida, la familia y la dignidad humana”. Es una llamada a la acción, y suena a un sentido de urgencia que muchos podrían interpretar como una señal de alarma.
Nuevos grupos católicos: la esperanza del catolicismo
A pesar del desánimo que parece reinar en la Iglesia, no todo son sombras. Durante el congreso, se presentó un movimiento que parece haber encontrado la clave para conectar con los jóvenes: Hakuna. Fundada en 2013, esta organización ha utilizado la música como un vehículo para la evangelización. Y si hay algo que puedo decir sobre la música es que tiene un poder casi magnético. Si no me creen, pregúntenle a cualquier grupo de adolescentes si prefieren asistir a un evento musical que a una homilía aburrida. Solo me imagino a los jóvenes de Hakuna, con sus smartphones alzados, grabando y compartiendo cada momento. Es algo así como la versión moderna de “ir a la iglesia”…
El hecho de que miles de jóvenes se reúnan para escuchar y compartir su fe a través de la música es un testimonio de que la Iglesia aún tiene vida, aunque en un formato diferente. Miguel Marcos, director de Hakuna, lo hizo claro: “La Iglesia está muy viva”. Y, sinceramente, ¡qué alivio es escuchar esas palabras!
La inestabilidad del catolicismo conservador
Por otro lado, nos encontramos con voces más críticas dentro del congreso, como la del obispo José Ignacio Munilla, quien no escatimó en palabras al referirse al socialismo y a su impacto en la moralidad. Su afirmación de que el socialismo ha sido “la tumba de los pueblos” ha resonado en muchos católicos, especialmente entre aquellos de pensamiento más tradicionalista. Es en estas afirmaciones donde uno puede notar un fuerte contraste entre el catolicismo conservador y las nuevas generaciones, que buscan un enfoque más inclusivo.
Disentar es sano, por supuesto. Pero, ¿podrá la Iglesia reconciliar estos extremos y navegar por la tormentosa mar de la modernidad? La idea de que la Iglesia debe adaptarse a los tiempos actuales no es un concepto nuevo. He escuchado a muchos comentar sobre la relevancia de un sermón bien articulado que conecte con los problemas actuales de los jóvenes: ansiedad, búsqueda de identidad, crisis climática. ¿Acaso no deberían los líderes religiosos hacer lo mismo?
La influencia del multiculturalismo y la crítica abierta
En el marco del congreso, tuvimos la oportunidad de escuchar a Ayaan Hirsi Ali, una mujer que ha recorrido un camino doloroso y, sin embargo, significativo. Desde su huida de un matrimonio forzado en Somalia hasta convertirse en una crítica del multiculturalismo, su historia es apasionante. Ella no solo carga consigo un fuerte mensaje de autoconfianza, sino que defiende la idea de que “la verdadera cristiandad” debe prevalecer. Sus críticas al islam y su defensa del nacionalismo cívico abren un debate crucial: ¿cuáles son los límites de la integración cultural y la preservación de nuestras identidades?
Mientras escuchaba su discurso, no pude evitar pensar en mis propios encuentros con diferentes culturas. Siempre me ha fascinado aprender sobre otras costumbres; de hecho, una vez asistí a una celebración hindú y, tras un par de platos picantes, me sentí un tanto “desubicado”. Pero, ¿no es esa la belleza de la diversidad? Sin embargo, entiendan que la vida está llena de matices y no debe ser blanco o negro.
Un futuro incierto pero optimista
A pesar de que la parte más conservadora de la Iglesia parece estar aferrándose a sus tradiciones en medio de vientos de cambio, hay un rayo de esperanza. La cristianización, tal como la conocemos, puede estar enfrentando un cambio, pero no es necesariamente el final de la Iglesia. Con el crecimiento de movimientos jóvenes como Hakuna, es evidente que hay un anhelo de espiritualidad que sigue vivo, aunque en formas menos tradicionales.
Los participantes del congreso mostraron un optimismo cauteloso sobre el futuro del catolicismo. La idea de ser una “minoría creativa”, tal como lo sugerían tanto Benedicto XVI como Francisco, puede parecer extraña a algunos, pero no deja de ser una plataforma desde la que construir una nueva visión del catolicismo que no sea excluyente y que se alinee con los valores contemporáneos.
Mientras cerraban el congreso, el presidente de la ACdP resonó con un mensaje que vibró en la multitud: “La transformación del catolicismo social es una llamada a enfrentar la realidad”. Pero, ¿será suficiente para revertir la tendencia en declive? Solo el tiempo lo dirá. Mientras tanto, resulta imperativo que todos, tanto creyentes como no creyentes, se involucren en la conversación sobre nuestro papel en esta sociedad. Después de todo, el catolicismo, al igual que cualquier otra creencia, ha sido moldeado por el tiempo y las circunstancias.
Cuando reflexiono sobre todo esto, no puedo evitar sentir empatía por aquellos que buscan un sentido de comunidad y trascendencia en tiempos tan inciertos. Estamos todos juntos en esta travesía de la vida, ¿no creen?
La reflexión final
La Iglesia Católica en España se encuentra en un cruce de caminos. Con desafíos que van desde la falta de creyentes hasta las ideas contrapuestas sobre la fe, el camino hacia adelante será sinuoso. Los movimientos más jóvenes tienen la oportunidad de revitalizar el mensaje y conectar con la siguiente generación, mientras que la voz conservadora aún resuena en muchos corazones.
Así que, en definitiva, la pregunta: ¿A dónde vas? es más que un simple eslogan. Es una advertencia, un reto y quizás una invitación a todos los que aún creen en la esencia de la fe y la comunidad. La respuesta, tal vez, debe ser colectiva. ¿Y ustedes? ¿Cuál es su visión sobre el futuro del catolicismo en España? ¡Les leo en los comentarios!