El panorama de la atención médica en España ha cambiado drásticamente en los últimos años. En un tiempo donde solíamos ver a los profesionales de la salud como héroes, especialmente durante la crisis sanitaria provocada por la pandemia, ahora enfrentan un fenómeno desalentador: el aumento de agresiones físicas y verbales. Particularmente, en Málaga, los datos son inquietantes: 31 agresiones a profesionales sanitarios en lo que va de 2024. Pero, ¿qué está pasando? ¿Cómo hemos llegado a este punto? Acompáñame en este viaje para desentrañar la situación y explorar posibles soluciones.
El calor de la urgencia: una anécdota personal
Dejemos que fluya un poco la empatía y la honestidad aquí. Recuerdo una vez cuando llevaba a mi madre a Urgencias por un golpe en la pierna. Después de estar allí durante horas, escuché a la enfermera lidiar pacientemente con un paciente que parecía estar más interesado en discutir que en recibir tratamiento. La enfermera, con una sonrisa forzada, hizo todo lo posible por calmarlos. Sin embargo, en un momento, la situación se tornó tensa. El paciente, frustrado, comenzó a gritar. Me sorprendió lo rápido que la atmósfera cambió. La calma se convirtió en ansiedad palpable. Imaginen si esa experiencia se hubiera convertido en una agresión física. Esto, desafortunadamente, no es un caso aislado.
Un panorama preocupante en Málaga
Como mencionamos anteriormente, los datos son alarmantes. En 2024, el Sindicato Médico de Málaga reportó 31 agresiones. De estas, 28 fueron verbales y 3 físicas. Pero aquí viene lo impactante: la mayoría de las víctimas son mujeres y profesionales de atención primaria. En total, 22 mujeres y 9 hombres han sido agredidos, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿por qué existe esta atmósfera de hostilidad hacia los que ayudan a sanar?
Teresa Valle, delegada del Sindicato Médico de Málaga, lamenta que “la situación en Málaga va al alza”. Se refleja una tendencia similar en otras provincias andaluzas, lo que nos hace cuestionar el contexto cultural y social que puede estar alimentando esta violencia.
Reflexionemos: de aplausos a ataques
Es difícil de creer que apenas hace unos años, a las 20:00 horas, toda España aplaudía a sus héroes de bata blanca. Era un momento de unión, esperanza y gratitud. Ahora, la violencia se ha infiltrado en nuestras salas de espera y consultas médicas. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué hemos pasado de expresar nuestra gratitud a agredir a quienes están ahí para cuidar nuestra salud?
La última agresión en Málaga se produjo en el Hospital Universitario Virgen de la Victoria, donde una paciente lanzó un objeto a una médico mientras atendía a otro usuario. ¡Ciertamente un acto desesperante! Este tipo de incidencias hace que uno se pregunte si quedamos atrapados en un ciclo tóxico.
Más allá de la agresión física: el problema de lo verbal
Imaginemos por un momento que somos médicos. Trabajamos largas horas, enfrentamos un estrés inmenso, y de repente, un paciente nos grita porque tuvo que esperar 30 minutos a ser atendido. Las agresiones verbales pueden ser difíciles de cuantificar y, sin embargo, son igualmente devastadoras. La mayoría de las veces, los profesionales de la salud optan por no denunciar las agresiones. ¿Por qué? Según Valle, “si la agresión verbal no es una amenaza grave, no está tipificada como delito”. Aquí encontramos una grieta en nuestro sistema que necesita ser cerrada urgentemente.
La falta de protección: ¿realmente están solos?
En Málaga, la protección que se ofrece a los profesionales de la salud es mínima. Solo hay 12 vigilantes de seguridad para 27 centros de salud, lo que equivale a una escasez alarmante de recursos. Además, la mayoría de los servicios de seguridad están configurados para responder a situaciones en lugar de prevenirlas. Como dice Valle, “si alguien le da al botón en caso de que se sientan agredidos y no hay personal de seguridad, estás a la espera de que un compañero vaya a echarte una mano”. Esa dependencia puede resultar fatal.
Proveer más recursos humanos y medidas de seguridad debería ser un imperativo en lugar de una opción.
Soluciones que están en camino
Afortunadamente, no todo es sombrío. La Junta de Andalucía ha implementado un Plan de Prevención y Atención frente a agresiones. Este programa ofrece acompañamiento y asesoramiento a los profesionales agredidos, además de trabajar en la creación de un Observatorio de Agresiones que busca generar una red de información interinstitucional. Es un paso positivo, pero ¿es suficiente? Aquí es donde necesitamos profundizar.
¿Es el sistema el problema?
La epidemia de agresiones a los profesionales sanitarios tiene raíces que se extienden más allá de la frustración de un paciente individual. En un sistema de salud que está constantemente bajo presión, las largas esperas y la escasez de personal pueden contribuir a un ambiente hostil. Por otro lado, es imperativo que hablemos de empatía y comprensión. Ser atendido en un hospital no siempre es un paseo en el parque. El estrés de ser un paciente puede ser abrumador, pero eso no justifica la violencia.
Impulsando una cultura de respeto
Para mejorar la situación, es crucial que todos, desde las autoridades hasta los ciudadanos, impulsemos una cultura de respeto. Esto no se trata solo de proteger a los profesionales de la salud, sino de reconocer su valiosa labor. Considero que las campañas de concienciación podrían desempeñar un papel vital. Eduquemos a la población sobre la importancia de un trato amable y considerado. Después de todo, ¿no recordamos todos el famoso dicho «con buena educación se atrapan más moscas que con vinagre»?
Aportando una perspectiva fresca
La violencia contra los sanitarios no se solucionará de la noche a la mañana. Pero también hay pequeñas victorias en el proceso. La creación de redes de apoyo entre sanitarios podría ofrecer un espacio para compartir experiencias, algo que a menudo puede aliviar la carga emocional. Las anécdotas, tanto las divertidas como las tristes, pueden proporcionar consuelo. Porque, seamos honestos, reírse de lo absurdo a veces es la mejor medicina.
La voz de los profesionales
Este artículo es solo una parte de una conversación más amplia. Escuchar a los profesionales de la salud es vital. Como dice Valle, “no se trata solo de los números, se trata de personas. Cada agresión es un ataque contra un ser humano”. Así que, antes de jugar al “quién tiene la razón”, pensemos en la larga historia de dedicación y servicios que hay detrás de cada médico, enfermero y PSA.
Conclusión: un llamado a la acción
Las agresiones a profesionales de la salud son un reflejo de un problema más grande que requiere atención inmediata. Llamo a todos a trabajar juntos para cambiar el guion, para volver a centrarnos en la empatía y el respeto. Con cada pequeño paso que demos, podemos acercarnos un poco más a un sistema de salud en el que cada persona, tanto pacientes como profesionales, se sienta segura y valorada. Si los aplausos de hace unos años son una indicación de algo, es que hay esperanza.
Así que, ¿estás listo para unirte al movimiento hacia un sistema de salud más seguro y empático? Recordemos que juntos podemos marcar la diferencia, y quizás, un día, las historias que contemos sobre hospitales serán más sobre actos de bondad que sobre agresiones.