En un mundo donde el cambio es la única constante, la reciente elección de José Miguel García como nuevo rector de la Universidad de Burgos (UBU) marca un hito interesante a seguir de cerca. Con un impresionante 69,7 por ciento de los votos a su favor, García se encuentra ante un panorama que, aunque prometedor, enfrenta interrogantes significativos en términos de participación y representación. Pero, ¿qué significa esto para la comunidad universitaria y qué retos tendrá por delante? Agárrate, que vamos a desglosar los detalles.
La elección: un 69,7% que oculta mucho más
José Miguel García se alzó con un resultado que a primera vista suena contundente: 1.105 votos a su nombre. Sin embargo, estamos hablando de un índice de abstención alarmante de 8.713 votantes que decidieron quedarse en casa, lo que equivale a un 15,4% de participación. Si a esto le sumamos el 30,3% de votos en blanco, la pregunta que se plantea es si acaso estos números reflejan una victoria real o simplemente un eco de una comunidad que aún no termina de comprometerse.
A veces, los días de elecciones son como un día de fiesta para algunos y como un día de “¿Por qué tengo que ir?, ¿quién quiere votar a un único candidato?” para otros. Me acuerdo de la vez que fui a votar a unas elecciones locales y me encontré con que solo había un candidato. Terminé sintiendo que era una perdida de tiempo, y creo que muchos de los que se quedaron en casa sienten lo mismo. Pero ¿será que, aunque hay un solo candidato, la participación es importante y necesaria?
Votación en la UBU: ¿una mera formalidad?
Es comprensible que las cifras de abstención puedan desalentarnos. Aquí es donde entra la empatía: entendemos que la participación en una elección puede ser vista como un mero trámite, especialmente cuando no hay opción de elegir. Sin embargo, García ha hecho hincapié en que considera un éxito cualquier participación que supere el 15%.
La realidad es que, cuando hay un único candidato, el voto se convierte en casi un acto simbólico más que en una elección realmente competitiva. Entonces, un 69,7% de apoyo puede no parecer tan sólido si consideras que la mayor parte del electorado no participó. Es un sentimiento encontrado, ¿verdad?
La voz de la comunidad universitaria
Un aspecto que destaca en esta elección es cómo García se ha dirigido a distintos colectivos dentro de la universidad. Desde los profesores hasta el estudiantado, ha recogido la voz de muchos, obteniendo un 74,5% de apoyo de los PDI 1, y un 74,4% de los estudiantes. Es un indudable reconocimiento de su esfuerzo por conectar con la comunidad, pero ¿será suficiente para motivar a aquellos que no votaron?
García ha expresado su intención de seguir trabajando en favor del Personal Técnico, de Gestión y de Administración y Servicios (PTGAS), un colectivo que mostró división durante la votación. Mediante este enfoque, espera no solo atraer a aquellos que se sintieron descontentos, sino también convertir a los abstencionistas en partidarios activos.
Un nuevo reto en el horizonte
El nuevo rector no solo enfrenta desafíos internos. Se encuentra en un entorno socioeconómico complejo en Burgos y su provincia. La comunidad universitaria está inmersa en un mar de cambios y adaptaciones, lo que le otorga a García una serie de retos que podría considerar como un menú del día: desde la mejora de las condiciones laborales del PTGAS, hasta la incorporación de nuevas propuestas académicas que respondan a las demandas del mercado laboral actual.
Pero, aquí viene la pregunta: ¿podrá realmente hacer frente a estos desafíos y, lo más importante, podrá hacerlo con la colaboración de una comunidad que parece dividirse entre el apoyo y la apatía?
La transición: ¿una continuidad necesaria?
El todavía rector Manuel Pérez Mateos destacó la importancia de la continuidad en la UBU y expresó su satisfacción ante la elección de García. La transición ordenada es crucial, especialmente para garantizar que los proyectos en marcha sigan su curso. Pero, como siempre en las estructuras universitarias, la continuidad puede ser vista como un arma de doble filo.
La labor de un nuevo rector no solo implica continuar lo ya establecido, también es esencial innovar, explorar nuevas avenidas y, sobre todo, motivar a aquellos que no están comprometidos. Es como el arte de hacer malabares; tienes que mantener todo en movimiento, y si te detienes, puedes perder el equilibrio.
Malestar entre el PTGAS: un desafío que no se puede ignorar
Uno de los puntos cruciales en la elección de García fue su capacidad de escuchar las inquietudes del PTGAS. Muchos de ellos han manifestado un sentimiento de malestar y desprecio hacia la situación actual. García, con su nueva posición, deberá poner especial atención en este colectivo, cuya voz parece haber resonado más entre las sombras que en el foco del escenario.
Dedicarse a mejorar sus condiciones laborales y, sobre todo, a permitir que se sientan escuchados, será fundamental en su mandato. Para aquellos que no pertenecen a este grupo, puede parecer que estas dinámicas son un pequeño detalle, pero como suele decir mi abuela: “En la casa de los herreros, cuchillo de palo”. El camino a la reconciliación podría ser largo, y la posibilidad de que el nuevo rector se convierta en un puente entre el malestar y la solución está en sus manos.
Un mensaje de esperanza: colaboración futura
En su mensaje de respaldo, el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, aseguró que seguirán colaborando con la UBU en sus proyectos “presentes y futuros”. Este es un mensaje que, aunque positivo, también plantea dudas: ¿realmente se llevarán a cabo esas promesas? O, como en muchas historias políticas, ¿se quedará todo en palabras?
El futuro rector tiene la oportunidad de cimentar relaciones que puedan beneficiar a la universidad. Sin embargo, esto solo funcionará si logra ganar la confianza tanto dentro como fuera de la UBU. La colaboración no solo es necesaria, es esencial. Un modelo universitario exitoso hoy en día requiere un enfoque en redes, apoyos y colaboración entre diferentes grupos sociales y administrativos.
La importancia de un programa vivo
La propuesta de García es descrita como “viva”. Esto significa que no está anclada en el pasado, sino que tiene la flexibilidad de evolucionar y adaptarse a las necesidades cambiantes de la comunidad. Esto es crucial en un mundo donde una idea que parecía genial hace cinco años puede ser obsoleta hoy en día.
La capacidad de adaptación es una virtud invaluable en la gestión universitaria, especialmente cuando se trata de responder a las necesidades de los estudiantes y al entorno socioeconómico de Burgos. Me atrevería a decir que la mejor parte de escuchar a otros es que puedes aprender algo nuevo cada día. La pregunta es: ¿estará García dispuesto a poner en práctica esta idea?
Conclusión: un futuro incierto, pero lleno de posibilidades
Como hemos visto, José Miguel García ha asumido un papel crítico en un momento turbulento para la UBU. Con altas expectativas y una comunidad atenta, los retos son muchos, pero también lo son las oportunidades.
La representación activa, el diálogo abierto y la innovación serán los pilares en los que García deberá apoyarse si busca dejar su huella en la universidad. La apatía de algunos puede ser un desafío complicado, pero también es un llamado a la aventura. Después de todo, lo que se necesita en ocasiones no es solo un cambio en el liderazgo, sino un cambio en la mentalidad.
Así que, amigos, sigamos de cerca los pasos de García en esta nueva etapa. Quizás encontraremos algunas lecciones valiosas que podemos llevar a nuestras propias comunidades y vidas, porque al final del día, todos estamos en la misma búsqueda: mejorar y avanzar. ¿Tú qué opinas? ¿Veremos a la UBU florecer bajo la dirección de su nuevo rector?