La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) es ese paraíso literario donde los amantes de las letras se dan cita cada año. Es un lugar donde transitan las palabras, se funden historias y, por supuesto, se comparten abrazos. Este año, la estrella indiscutible fue Irene Vallejo, la autora del superventas internacional El infinito en un junco. Dicen que las palabras son poderosas, pero lo que experimentamos al ver a Vallejo en acción, firmando libros y conectando con su público, nos dejó a todos boquiabiertos. ¡Ah, el poder de la literatura!
¿Qué tiene que hacer una escritora como Vallejo en un evento tan ruidoso y caótico como la FIL? ¡Todo! Su voz suave y su sabiduría iluminan cualquier sala. En uno de sus pasajes más memorables, citó a Carmen Martín Gaite: “Nadie puede enjaular los ojos de una mujer que se acerca a una ventana”. En ese instante, la sala entera se sumió en un silencio reverencial, como si cada asistente supiera que estaban en presencia de un oráculo.
Una mañana ajetreada y llena de sorpresas
Imaginen esto: es un hermoso domingo, el aire está fresco, y Vallejo se encuentra en el vestíbulo de un hotel, justo a tiempo para comenzar una intensa jornada. El amor por la literatura la rodea, y su energía es contagiosa. Junto a su esposo, Enrique Mora, ambos empiezan el día firmando libros. La conversación es fluida, casi como un café entre viejos amigos. Vallejo menciona en voz baja que ha estado disfrutando de Dios fulmine a quien escriba sobre mí de Aura García-Junco. ¡Y así, comienza la magia!
Era palpable la devoción que el público sentía por ella. Mientras caminaba por el pasillo de la feria, una multitud la rodeaba. “¿Es ella? ¡Es ella!” se escuchaba entre risitas emocionadas. Cada selfie y cada agradecimiento que recibía multiplicaban la calidez que Vallejo irradia. Desde mujeres mayores hasta adolescentes, todos compartían la misma emoción. Esta es otra forma de expresar el poder de los libros: se convierten en un puente para conectar almas.
La vida familiar de una escritora
Además del trabajo, Irene Vallejo es madre de Pedro, un niño de diez años que, parece, también tiene un buen ojo para la literatura. Vallejo comparte que su hijo se llama así en honor a Pedro Páramo, la famosa novela de Juan Rulfo. “¡Por Dios! ¿No es aproximadamente la mejor manera de elegir un nombre?”, diría cualquier amante de la literatura. En cada rincón donde se detiene, Vallejo nos recuerda que detrás de cada gran escritor hay una vida llenísima de amor y de experiencias humanas.
Pero no todo es glamur en el mundo literario. Como cualquier madre trabajadora, Vallejo confiesa que su familia ha estado viajando tanto que apenas han pasado cuatro días en casa. ¡El ajetreo de firmar libros en varias ciudades, como la feria del libro en San Luis Potosí y su parada actual en Guadalajara, debe ser extenuante! Sin embargo, cada viaje, cada nuevo lector que se acerca, parece llenar su corazón. En cierto modo, ¿no es este un reflejo de lo que muchos de nosotros sentimos: el equilibrio entre el trabajo y la vida familiar, la pasión y la responsabilidad?
La magia del Día de Muertos
Uno de los momentos más entrañables de la conversación fue cuando Vallejo habló sobre la celebración del Día de Muertos, esa hermosa tradición mexicana. Su hijo, parece que ha abrazado esta festividad con entusiasmo, borrando esa solemnidad ibérica que a veces la rodea. “Todo empezó con un cuento que le conté”, confiesa Vallejo, mientras Mora acota que fue «un poquito adaptado». Aquí, entre risas y nostalgia, el matrimonio comparte su amor por la historia, que enlaza el pasado con el presente. Su habilidad para contar historias es igualmente clara en sus interacciones con el público.
Y sí, hay algo especial en la historia del Día de Muertos; es más que solo calaveritas y ofrendas. Cuando narramos historias tan ricas culturalmente, podemos encontrar aspectos religiosos, festivos y la celebración de la vida misma. ¿Quién no ha sentido la necesidad de recordar a esos seres queridos que han partido?
Un mar de admiradores
¿Cómo no admirar a una persona que, a pesar de su éxito, sigue siendo accesible y cálida? La carrera de Vallejo en la FIL la llevó de un encuentro a otro, de un abrazo a un aplauso, de una firma a un selfie. Cada segundo era un testimonio del cariño que sus lectores sienten por ella. En el proceso, una mujer le agradece por una conferencia que dio sobre acoso escolar. ¿No es eso lo que cualquier escritor sueña: ser esa voz que no solo entretiene, sino que también desafía y empodera?
Vallejo camina entre editoriales, donde se siente como en casa, buscando un expositor de Artes de México, donde espera encontrar un pequeño jaguar de cartón y algunos libros de cuentos. La búsqueda se convierte casi en una aventura, con Mora asumiendo el papel de asistente que carga las bolsitas llenas de hallazgos literarios. Aquí, el amor por los libros se combina con el amor por los momentos compartidos. ¿No son esos recuerdos con los seres queridos los que verdaderamente importan?
Un día lleno de conexiones
Irene Vallejo es un torbellino de energía, moviéndose entre encuentros con amigos, lectores y admiradores. A cada paso, la gente la detiene para compartir un momento, una palabra amable, o retribuir el impacto positivo que sus palabras han tenido en sus vidas. No es solo un evento literario; es una reunión de corazones y pensamientos. Una verdadera celebración de la literatura.
Sus encuentros continúan, una comida con su amiga Socorro Venegas es el cierre perfecto para un día agitado. ¿Y qué hay de la comida? Un exquisito pulpo zarandeado y un aderezo de hormigas chiquitanas parecen un banquete digno de los dioses literarios. La comida, después de todo, es también una forma de nutrir el alma.
Reflexiones finales: el impacto de la literatura
A medida que concluimos nuestro recorrido, uno puede reflexionar sobre el auténtico impacto que la literatura puede tener en nuestra vida diaria. Cada libro, cada palabra, cada historia conecta a personas en un nivel humano profundo que trasciende las diferencias y las circunstancias. Vallejo, con su energía y autenticidad, es el reflejo de esta conexión.
Y es que, al final del día, la literatura no solo nos ofrece un escape; nos permite enfrentarnos al mundo con una nueva perspectiva. Irene Vallejo, con su pluma y su corazón, ha logrado crear una comunidad de lectores y soñadores.
Así que, la próxima vez que sostengas un libro en tus manos, recuerda que puede estar llevando la historia de otra persona, sus luchas y alegrías, y por qué no, esos pequeños momentos que crean conexiones eternas. ¿Qué historia quieres contar tú? La respuesta puede estar mucho más cerca de lo que imaginas.
Cierra los ojos por un momento, respira hondo y piensa: la literatura está aquí para quedarnos. Pero, sobre todo, está aquí para conectar. Y, como bien demuestra Vallejo en la FIL de Guadalajara, siempre habrá un lugar lleno de abrazos esperando por nosotros. ¡Hasta la próxima aventura literaria!