La reciente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que afectó a la provincia de Valencia ha puesto de relieve la frivolidad de la planificación y gestión de emergencias en un momento en que las condiciones climáticas extremas parecen ser más la norma que la excepción. La comunidad valenciana, y especialmente localidades como Paiporta y Alfafar, se vieron sometidas a una inundación devastadora que evidenció, de manera contundente, la necesidad de una infraestructura y protocolos más efectivos. En este artículo, exploraremos las múltiples aristas de este tema: desde las declaraciones de los responsables del Ministerio de Transición Ecológica, hasta las críticas de los líderes locales y las demandas de la ciudadanía. ¡Agárrate que vienen curvas!
La declaración del secretario de Estado: un análisis agridulce
«Cada quien deberá asumir responsabilidades»
Una de las frases más impactantes de Hugo Morán, el secretario de Estado de Medio Ambiente, fue su declaración sobre la necesidad de que «cada quien deberá asumir responsabilidades». ¿Acaso está insinuando que su departamento podría haber hecho más? Bueno, eso parece. Morán admitió que el Ministerio de Transición Ecológica tiene la responsabilidad de dar respuestas, especialmente respecto de las obras que fueron identificadas como necesarias para mitigar los ** riesgos de inundación** en la provincia. Esta asunción de responsabilidades es un paso importante, pero, ¿es suficiente?
Recuerdo una situación similar que viví hace unos años, cuando un temporal arrasó una de mis zonas favoritas en la playa. En ese momento, la impresión que me dejó fue que la naturaleza, aunque bella, puede ser implacable y que, sin una planificación adecuada, es como jugar a la lotería: a veces ganas, pero la mayoría de las veces terminas con las manos vacías. Lo que está claro es que, al final del día, todos queremos respuestas y, más aún, soluciones.
La confusión sobre la información
Los enfrentamientos entre el Gobierno, particularmente a través de Morán, y el líder del PP valenciano, Carlos Mazón, se centraron en la supuesta falta de comunicación. Mazón criticó la «horas vacías» de información entre el Gobierno y la población durante el crecimiento de la riada. Aquí surge una pregunta crítica: ¿cómo es que, en la era de la información instantánea, aún luchamos con flujos de información deficientes en momentos de crisis?
Morán respondió a estas acusaciones destacando que hubo administraciones que activaron sus protocolos de emergencia con una advertencia temprana, utilizando los mismos datos. Esta contradicción hizo que muchos se preguntaran: ¿por qué no todos tomaron medidas similares? Es un dilema clásico conocido en la emergentología: no basta con tener información; también hay que saber actuar en tiempo real.
La falta de infraestructura: promesas vacías
Proyectos que nunca llegaron
La falta de obras en áreas de alto riesgo de inundación es, quizás, uno de los puntos más llamativos de esta discusión. Morán reconoció que había múltiples proyectos diseñados para minimizar el riesgo de inundación, sin embargo, muchos de ellos permanecieron en una especie de limbo burocrático. Uno se pregunta, entonces: si hay estudios que demuestran la necesidad de obras desde 2007, ¿por qué no se implementaron antes de que el desastre se materializara?
Piensa en un viaje familiar que planeaste. Si tardas años en decidirte, lo más probable es que en el momento en que decidas hacer las maletas ya hayan cambiado las condiciones o, peor aún, que el destino ya no sea el mismo que antes. Así es la gestión de emergencias, una cuestión de «ahora o nunca».
La respuesta tardía y la falta de presupuesto
El diputado del PP, César Sánchez, abordó la cuestión de los recursos. Morán citó las restricciones presupuestarias como parte del problema que enfrenta el Ministerio en cuanto a infraestructura. Es fácil culpar al presupuesto, pero también es un recordatorio crudo de que la seguridad y protección de la ciudadanía deberían ser prioridad, independientemente de los números en una hoja de Excel.
Imagínate organizando una cena. Si decides no comprar más comida porque «estás un poco apretado» y al final una docena de amigos aparecen, es bastante probable que termines compartiendo la última galleta. Ahora, tras una catástrofe natural, al tener la infraestructura insuficiente, se traduce en vidas y propiedades perdidas. La inversión en planificación y prevención es, a largo plazo, la opción más rentable.
La respuesta del Gobierno: una mezcla de confusión y compromisos
La «reflexión» tan necesaria
Una de las respuestas más notables de Morán fue su promesa de una «reflexión» en el departamento. En su defensa, hay que reconocer que, al menos, hay un proceso de autoevaluación en marcha. Lo que necesitamos ver es cómo se traduce esta reflexión en acciones concretas. Todos hemos pasado por esa fase de «vamos a reflexionar» en nuestras propias vidas, ¿verdad? La clave es que la reflexión debe ir acompañada de un plan de acción.
En mi experiencia, he reflexionado sobre mis hábitos alimenticios cuando, un año más, los pantalones de la temporada anterior no entran. Mientras que la reflexión es útil, la acción es el verdadero cambio.
La crítica a las decisiones de los responsables
Los diputados del PP criticaron duramente la gestión de Morán y de la vicepresidenta, Teresa Ribera, argumentando que la falta de respuesta oportuna fue una negligencia directa. Sin embargo, Morán parece decidido a no asumir toda la carga de la culpa, afirmando que la derecha también tuvo un papel en la falta de obra pública. ¡Vaya teatro que se monta en la política!
Es este tipo de críticas y preguntas las que generan un debate fundamental en la política: ¿cómo hacemos responsable a quienes deben actuar?
El cambio climático y el futuro de la gestión de inundaciones
Una crisis que parece repetírselo al Gobierno
Hay algo innegable: la frecuencia y la intensidad de fenómenos como la DANA están en aumento debido al cambio climático. Esto no es solo un problema en España, sino una crisis ambiental mundial. Muchos, sin embargo, prefieren ver el cambio climático como una narrativa lejana, una historia contada por «ecologistas extremistas», cuando en realidad es una realidad que está golpeando la puerta de nuestras casas.
La pregunta que todos deberíamos hacernos es: ¿estamos realmente preparados para lo que se avecina? Cuando escuchamos abordajes retóricos como «el cambio climático no es real» por parte de algunos grupos políticos, lo que se pierde es la conexión humana y la necesidad de seguridad. ¿No es irónico que se utilicen argumentos desafortunados cuando hay vidas y comunidades en juego?
¿Qué nos enseñó la DANA?
Reflexionando sobre lo ocurrido, la DANA debe ser un llamado a la acción. Las comunidades de Valencia y otras regiones vulnerables no pueden volver a ser sorprendidas por la falta de planificación. Las promesas de infraestructura y servicios deben cumplirse, y los datos deben compartirse de manera oportuna.
En definitiva, no se trata solo de evitar que el agua entre a nuestras casas, sino que es un tema de dignidad. Cada vez que alguien se ve afectado por inundaciones como las que hemos presenciado, se siente la fragilidad de su hogar y su vida. Es una llamada a ser proactivos, no reactivos.
Conclusión: el camino a seguir
Si bien el camino es largo y está lleno de obstáculos, es esencial que el Ministerio de Transición Ecológica y el Gobierno en su conjunto hagan de la planificación para desastres su prioridad. Valencia y otras regiones de riesgo merecen una respuesta honesta, transparente y efectiva. Tal vez, después de todo el ruido político, lo que todos deseamos es que la próxima vez que escuchemos de inundaciones sean solo los sonidos de los riachuelos fluyendo por su cauce normal, sin miedos ni emergencias.
¿No les gustaría poder planear sus tés de verano sin temer que una inundación arruine la cita? Pensemos en ello, actuemos y, sobre todo, no esperemos a que la naturaleza hable para luego reaccionar. Porque, quién sabe, el próximo desastre puede estar a la vuelta de la esquina.