¿Quién no ha tenido un lunes malo en la oficina? Esa sensación de que, pase lo que pase, el día no va a mejorar. ¡Ah! Los aficionados del Real Betis Balompié saben exactamente de lo que estoy hablando, porque tras un inicio de temporada lleno de promesas, su equipo se presentó a la Europa Conference League con un espectáculo que dejó a más de uno preguntándose si ya es hora de empezar a buscar nuevo entrenador. Este artículo, que llega justo a tiempo de los más recientes problemas, ahondará en el deporte y en las miserias del Betis, que han desencadenado una serie de preguntas inquietantes: ¿es este el fin de las esperanzas para la temporada? ¿Qué les está pasando a los verdiblancos?
Un objetivo que se desmorona
El 100º partido del Betis en Europa se sentía especial, ¿no? Una ocasión para recordar y celebrar logros pasados, pero la realidad fue muy distinta. Con una ilusión casi palpable alrededor del vestuario, se habló en repetidas ocasiones de la Conference League como el gran objetivo del año. Sin embargo, en el momento álgido del encuentro, los jugadores parecían más interesados en buscar la salida del campo que en ganar.
En un principio, todo parecía ir bien; Lo Celso abrió el marcador con un gol que dejó a los seguidores con un rayo de esperanza. Pero como dice el dicho: «no hay que cantar victoria antes de tiempo», y los verdes se olvidaron de esa máxima. Al poco tiempo, y con la primera parte ya en el olvido, el equipo checo, el Mlada Boleslav, empezó a mostrar su colmillo y a ponerles en su sitio, el que corresponde a un grupo con grandes aspiraciones que se queda en la mediocridad.
¿Has tenido esa sensación de que todo se les escapa a los dedos? Algo así les pasó a los verdiblancos. Los que viajaron a Chequia y aquellos que decidieron quedarse en casa se enfrentaron al mismo dilema: ¿qué demonios le sucede a este equipo en Europa? Las respuestas, como es habitual, varían. Algunos se apuran a culpar a los lesionados (aunque la verdad es que esos no han sido suficientes para excusar la inconsistencia) y otros apuntan directamente al banquillo.
Un espectáculo penoso y decepcionante
Las palabras que vienen a la mente tras ver el partido son «plano», «inconstante» y, el más doloroso de todos, «decepcionante». La actuación del Betis fue un desastre total y un claro ejemplo de «sin talento y sin intención». Es difícil ver a un equipo con la historia y la afición bética caer de tal manera ante un rival que apenas tenía experiencia en competiciones europeas.
Pellegrini, aclamado en su trono, no parecía tener respuestas ante la ineficacia de sus jugadores. En cada jugada se reflejaba una falta de conexión entre los jugadores, un desorden que se apoderó de su juego. Era como si cada pase fallido llevase un grito de desesperación: «¡Hola, estamos en Europa!» ¿Por qué no demostraron la misma garra que se esmeran en mostrar en LaLiga?
El primer tiempo y su giro inesperado
El partido se fue complicando y pronto el Betis se encontró buscando un modo de mantenerse en el encuentro tras el empate del Mlada. En 51 minutos, el partido se tornó cada vez más difícil. ¡Pero espérame un momento! ¿Recuerdas el golazo de errores que acabó en el primero para los checos? La defensa bética parecía un set en la playa, permitiendo que el Mlada tuviese más oportunidades de las que podían manejar. Como un mal día de servicio, diría que cualquier aficionado podría verse como portero tras una defensa tan poco sólida.
Cada ataque que los checos iniciaban era un recordatorio aterrador de que las transiciones son cruciales, pero ¿quién estableció un plan de juego? Era casi como ver a un grupo de amateurs tratando de jugar en una liga profesional. La presión, la salida del balón, y la definición se convirtieron en sus peores enemigos.
Un cambio de timón que no llega
Con la bronca acumulada por unos primeros cuarenta y cinco minutos desastrosos, Pellegrini tras el 1-1 decidió mover el banquillo. ¿Pero funcionó? Te diré que no. Cambió a Mateo por Vitor Roque, pero el cambio no tuvo el efecto deseado. Lo Celso, que se había mantenido como la referencia más productiva, terminó siendo expulsado por un arrebato de desesperación que lo dejó fuera de los siguientes partidos.
Hacía tiempo que no veía a un equipo con una falta tan evidente de liderazgo, y aquí es donde los verdaderos líderes del equipo tienen que salir y mostrar su valía. Pero lo que se notó fue que la unión en el equipo se desvaneció, como un globo que se pincha.
Al borde del colapso
Lo que comenzó como un héroe de la noche se tornó en una experiencia de pesadilla para los aficionados. El Betis se volvió un conjunto desorganizado, incapaz de manejar las transiciones y muy lentamente se despojó de cualquier esperanza de brillar.
Eran los minutos finales y el Mlada parecía tener más pulso para cerrar el partido a su favor. Con cada ataque checo, el eco del murmullo del Estadio retornaba a la imagen del deporte como un viaje de altibajos. En este caso, más bajada que subida.
Los verdes intentaron presionar, pero era como si cada intento de recuperar el control fuese contrarrestado por sus propios pies. Cada tiro, cada esquina, se evaporaba en el aire, y la frustración era palpable. Los hinchas debían estar pensando: «Dios mío… ¿es esto lo que somos?»
Es cierto, en el mundo del fútbol hay días buenos y malos, pero la actuación de este Betis fue más un desliz que una mala jornada.
La dura verdad y un futuro incierto
Salvo el primer gol, el Betis se quedó sin muchas opciones y se vio completamente sumido en un descontento absoluto. Es penoso llegar a tal punto donde los aficionados se cuestionan si se están riendo de ellos, si todavía deberían guardar esperanzas o si es hora de ajustar las expectativas.
El camino por delante no es sencillo, y todavía tienen la oportunidad de darle la vuelta a la situación, pero esperan que los vientos de cambio soplen en la dirección correcta. La llegada de Isco podría ser el respiro que necesitan, aunque claro, no nos olvidemos que aún la conexión entre los jugadores sigue siendo tan tensa que se frustra incluso al mirar a las redes sociales, donde cada crítica es más creativa que la anterior.
La esencia del juego: es más que ganar
Más allá de las estadísticas, el fútbol es una danza sutil y el Betis no ha logrado tocar la música que encantara a sus aficionados. La esencia de un buen equipo radica no solo en la compresión táctica, sino en el sentir de pertenencia al grupo, en la fuerza del colectivo y en el deseo genuino de triunfar juntos. Con el rumbo que ha tomado, se hace una pregunta recurrente: ¿se le ha olvidado a este Betis cómo ser un equipo de fútbol?
Es momento de reflexionar, de ver las cosas desde la perspectiva que puede traerles el éxito. Si bien los resultados son importantes, la esencia del deporte tiene que seguir siendo el amor por el juego. Aunque hoy, el cielo se vea sombrío para el Betis, quizás con el aliento de los aficionados y un toque de magia en el vestuario, el futuro podría ser una lotea de emociones que lleve a la felicidad.
Así que, seres verdiblancos, aquí va una invitación a no perder la esperanza. Después de todo, el Betis ha sabido levantarse antes de los tropiezos; sólo hace falta creer una vez más. ¿Acaso no hay algo emocionante en un regreso glorioso? ¡Si de algo estoy seguro es que la historia del fútbol siempre tiene giros inesperados!