El 41 Congreso del PSOE en Sevilla se convirtió en un escenario de solemnidad, reflexión y, como no, de esa chispa de controversia que siempre acompaña a la política española. En un momento marcado por la tragedia de la DANA, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero nos recordó a todos que, en medio de la agitación política, nunca debemos perder de vista lo más importante: las víctimas. Pero, ¿qué significa realmente este congreso para el PSOE y para la política del país? Permíteme llevarte a un recorrido por los temas candentes que se han abordado, mientras dosifico un poco de humor y anécdotas personales. Spoiler: no habrá «cajeras de Mercadona» en esta historia.

Un minuto de silencio que habla más que mil palabras

El reloj en el congreso marcaba las 20:11 horas, un detalle que no pasó desapercibido. ¿Por qué este momento? Resulta que hace exactamente un mes, esa misma hora fue testigo de la alerta de emergencia que sacudió a los valencianos tras el caos que trajo consigo la DANA. La decisión de guardar un minuto de silencio no solo fue un gesto simbólico, sino un recordatorio de la fragilidad de la vida y la urgencia de la política en tiempos de crisis.

Me pregunto, ¿cuántas veces nos detenemos en nuestro día a día para pensar en las consecuencias de nuestras decisiones políticas? Nos quejamos, pero a menudo olvidamos que detrás de cada cifra hay historias humanas. Este minuto de silencio, aunque breve, resuena en el alma de aquellos que sufrieron. Personalmente, yo también he tenido mis propios momentos de reflexión en eventos similares, donde el silencio se siente más pesado que las palabras.

María Jesús Montero y su declaración incendiaria

No pasó mucho tiempo antes de que la niebla de solemnidad se disipara con las palabras de María Jesús Montero. Su declaración llamando “golpista” a Feijóo fue, sin duda, un momento de un fuego cruzado que ha caracterizado a la política española por años. No puedo evitar sonreír pensando en cuántas veces he estado en una situación donde, en un intento de ser diplomático, se me ha escapado un comentario un poco más picante de lo que tenía pensado. Pero ahí estaba Montero, como un gladiador en la arena, desafiando a su oponente.

Este tipo de retórica, aunque impactante, ¿realmente ayuda al diálogo político? Por un lado, a muchos les gusta ver a los políticos dejarse llevar, pero por otro, genera un ambiente de división. Desde mi punto de vista, el equilibrio es fundamental—son momentos como estos los que pueden generar una narrativa poderosa, aunque sea polarizada. La verdadera pregunta es: ¿estamos dispuestos a cruzar esa delgada línea entre la confrontación y la conversación?

Zapatero y el legado del feminismo

Pasando a una parte más positiva, Zapatero fue precisamente premiado en este congreso por su política feminista. Su afirmación de que “el feminismo es lo mejor que le ha pasado a la historia” me hizo recordar momentos de mi adolescencia, cuando mis amigas y yo debatíamos sobre el machismo imperante. ¿Alguna vez te has encontrado en conversaciones donde el sentido común parece evaporarse? ¡Qué tiempos aquellos!

Zapatero, con su carácter afable y su sonrisa, recordó que cuando asumió el poder, optó por un Gobierno paritario, y que funcionó mejor porque “las mujeres ministras trabajaron mejor”. Claro, esto podría ser debatible, pero me encanta la forma en que enfoca la conversación. Imagínate a Zapatero durante una cena familiar: “¿Y quién dice que no podemos poner más mujeres al mando? El secreto de la productividad es la diversidad”, diría entre risas.

La lucha feminista no solo es un tema de debate político, sino una reclamación de nuestros derechos básicos como seres humanos. Si bien el pasado es innegable, el presente exige que sigamos adelante juntos, con la mirada en alza y sin mirar atrás. Solo espero que Pedro Sánchez, actual presidente, escuche estas palabras y actúe en consecuencia.

La “pastilla” y la ridícula retórica machista

Durante el congreso, Zapatero también aprovechó su tiempo para criticar comentarios recentísimos provenientes de la extrema derecha, como el hecho de que el diputado de Vox, Pedro Fernández, se dirigiera de manera despectiva a la diputada de Podemos, Martina Velarde, preguntándole si se había tomado “la pastilla”. ¡Vaya manera de descalificar a alguien! ¿A todo esto, no pueden tener una conversación civilizada, o es que la falta de respeto es ahora parte del código de conducta político?

Pero, vamos, no solo se trata de política; también se trata de la cultura. ¿Por qué seguimos permitiendo que este tipo de comentarios despectivos se vuelvan norma? En una reunión reciente con algunos amigos, me encontré con comentarios que iban dirigidos más a menospreciar a la mujer que a aportar algo significativo a la conversación. La respuesta siempre fue: “¿En serio? ¿Esto es todo lo que tienes?”. Es un reflejo de cómo aún estamos batallando contra viejos arquetipos que solo buscan perpetuar la desigualdad.

Solidaridad como pilar político

Zapatero enfatizó que “los socialistas tienen que solidarizarse y apoyar a toda mujer que sufra vejaciones”. La empatía debería ser el corazón de la política. En tiempos donde oímos más chismes que soluciones, esta llamada a la acción resuena profundamente. Muchos de nosotros, en distintas situaciones de nuestras vidas, hemos tenido que luchar contra la corriente. Suscribo que debemos ser el apoyo que deseamos recibir.

Reflexionando sobre esto, recuerdo una vez en la que decidí hacer algo por una amiga que atravesaba problemas laborales. Una noche, me senté con ella, tazas de café en mano, y hablamos sobre sus opciones. Recuerdo haberle dicho: “No estás sola en esto, busquemos soluciones juntas”. Esa pequeña acción tuvo un impacto más grande de lo que imaginé, y así es como podemos llevar la política del miedo y el machismo a una actitud de apoyo y solidaridad.

La importancia de la comunicación política efectiva

A medida que nos adentramos en estos temas, es crucial observar cómo la comunicación política puede ofrecer no solo una plataforma de protesta, sino también un vehículo para construir un consenso. Sin embargo, ¿realmente estamos listos para escuchar, o solo para hablar?

La conversación entre actores políticos debe ir más allá de los insultos. El diálogo empático puede llevarnos a un lugar donde la despreciable “pastilla” se convierte en algo del pasado. Aunque el camino es arduo, estoy convencido de que si los políticos y ciudadanos se unen en este esfuerzo, podemos cambiar el tenor de nuestra discusión pública y fomentar una cultura de respeto mutuo.

Conclusión: un nuevo capítulo para el PSOE

Al concluir este congreso, siendo testigos de un entorno de intensidad emocional y retos por delante, queda claro que el PSOE se encuentra en un punto de inflexión. Mientras la política se polariza, iniciativas como esta deben recordarnos que, al final del día, somos un país que comparte un piso—por mucho que a veces queramos golpear la mesa y gritar.

En tiempos de incertidumbre, como el que vivimos ahora, lecciones de empatía, solidaridad y respeto mutuo son más que necesarias. Este congreso fue un paso hacia adelante, un recordatorio de que la política no es solo un juego, sino un compromiso con cada una de las personas que la habitamos.

Así que la próxima vez que abramos la boca para criticar o lamentarnos, quizás deberíamos preguntarnos: ¿qué mensaje realmente queremos transmitir? Quizá, solo quizás, lo que necesitamos es un poco más de escucha, respeto y, ¿por qué no?, ¡un poco de humor! Después de todo, la vida es demasiado corta para no reírse un poco en el camino.