En el continuo vaivén de la economía global, pocos eventos se sienten tan cercanos y a la vez tan lejanos como una crisis económica. Es como ver una película de terror de bajo presupuesto: sabes que va a pasar algo malo, pero realmente esperas que no te involucre. Por desgracia, la economía de Europa se tambalea, y las dos potencias más grandes del continente, Alemania y Francia, están experimentando dificultades que podrían tener repercusiones serias para sus vecinos, especialmente España. Pero, ¿qué significa esto para nosotros, los ciudadanos comunes? ¿Deberíamos preocuparnos o simplemente seguir disfrutando nuestras tapas y un buen vino? ¡Vamos a desentrañarlo!

Alemania y Francia: un cóctel de crisis

Alemania, la locomotora económica de Europa, lleva más de dos años sin crecimiento, algo que nos gustaría pensar que solo ocurre en el terreno de la fiction, pero no. Al mismo tiempo, Francia está lidiando con un déficit público que haría que un padre de familia se sintiese orgulloso de su presupuesto mensual. Con un déficit proyectado del 6% para 2024 —el doble del máximo permitido por la Unión Europea (UE)—, el país se encuentra en una situación difícil. ¿Te imaginas ser el que tiene que dar la noticia de que has superado el límite de presupuesto para el mes? Así se siente el gobierno francés ahora mismo.

El caso de Alemania: un drama de coalición

En Alemania, la cosa es algo más complicada. La decisión del primer ministro socialdemócrata, Olaf Scholz, de destituir a su ministro de finanzas, Christian Lindner, ha dejado la coalición gobernante como un rompecabezas en el que falta una pieza. A esto se añade la crisis generada por la guerra en Ucrania. Con la pérdida de energía rusa barata, la industria alemana está viendo sus días de gloria desvanecerse. Hablando de industria, sólo me imagino a los ingenieros alemanes mirando sus gráficos de exportaciones y llorando en sus cervezas.

Un desenlace incierto

El panorama se ve oscurecido aún más por el hecho de que ni Alemania ni Francia están en posición de aprobar nuevos presupuestos que podrían equilibrar sus finanzas antes de 2025. Es como si estuviéramos atrapados en un ascensor que se ha detenido entre pisos, con todos los involucrados mirando nerviosamente a cada uno para encontrar la salida. Pero, ¿qué pasa con España? ¿Estamos realmente a salvo de esta tormenta perfecta?

La economía española: una burbuja de optimismo

Mientras Alemania y Francia se encuentran en este torbellino, España parece estar a la deriva en un mar de optimismo. Con un crecimiento proyectado de alrededor del 3% para este año, algunos podrían pensar que hemos encontrado la fórmula secreta. ¿Serán nuestras tapas y fiestas interminables las responsables de este crecimiento? Aunque suena bien, la realidad es algo más compleja.

La conexión vital con Alemania y Francia

No obstante, aquí hay una advertencia: España no es completamente inmune a los problemas de sus vecinos. Con un 25% de nuestras exportaciones dirigidas a Alemania y Francia, debemos preguntarnos: ¿Qué tal si ellos estornudan? Bueno, España podría acabar con un resfriado. Raymond Torres, de Funcas, señala que dependemos parcialmente de nuestros mercados interiores, lo que significa que si ellos empiezan a tambalearse, probablemente nosotros también.

A cada sector que toca la economia española le podría afectar:
Servicios no turísticos: Desde logística hasta finanzas, todo podría sufrir un golpe.
Industria automovilística: Este sector, que ya de por sí representa un porcentaje considerable de nuestras exportaciones, podría perder a dos de sus principales clientes.

El sector turístico: un rayo de esperanza

Por otra parte, el sector turístico ha demostrado ser un verdadero gladiador. A pesar del panorama gris que se perfilan en nuestros vecinos, un 21% del gasto turístico en España proviene de Alemania y Francia, pero, ¡las expectativas para 2025 son de récord! Con suerte, nuestros turistas alemanes estarán más interesados en disfrutar de la playa que en la situación económica de su país.

El riesgo de una crisis en cadena

Sería irresponsable pasar por alto el riesgo que presenta la crisis francesa. Si los mercados pierden la confianza en su economía y se dirigen al pánico, los ojos podrían mirar a otros países con deuda pública elevada, como España. Imaginemos a un grupo de inversores en una sala de conferencias, evaluando sus opciones. ¿A dónde van? Si la opción parece poco atractiva, la prima de riesgo de la deuda española podría comenzar a aumentar.

Aunque el panorama no es del todo negativo, y hasta ahora la prima de riesgo de España es relativamente baja en comparación con Francia, no debemos bajar la guardia.

La incertidumbre en el aire

No podemos olvidar el tercer ingrediente del cóctel: la incertidumbre económica. Esto afecta nuestras decisiones de inversión y, por ende, el crecimiento. La incertidumbre es el primo incómodo en las cenas familiares: no importa cuánto intentes evitarlo, siempre está ahí. La confianza de las empresas se ve afectada, y eso puede resultar en menos inversión y, por ende, en un crecimiento más lento.

La fortaleza de España: entre el optimismo y el temor

A pesar de esta amalgama de desafíos, la situación en España aún parece tener un resquicio de esperanza. Con un crecimiento previsto del 2% en los próximos años, podemos ver la luz al final del túnel, aunque los datos también indican que esta luz podría no ser más que un tren que viene a toda velocidad.

Los empresarios españoles, desde los dueños de pequeños restaurantes hasta los magos de las empresas automovilísticas, están conscientes de la situación. ¿Estamos listos para realizar los cambios necesarios en nuestras estrategias empresariales? La sonrisa que llevamos en nuestro rostro podría depender de ello.

Reflexiones finales: ¿qué nos depara el futuro?

La crisis económica en Europa no es simplemente un problema que afecta a un grupo de políticos en Bruselas o París. Nos impacta a todos, ya seamos un start-up innovador en el corazón de Madrid o un veterano en el sector del turismo en Barcelona.

La clave aquí es la adaptación. Al igual que lo haría un buen tappero en una fiesta, debemos bailar según la música y estar preparados para cualquier cambio. Lo que queda claro es que, aunque la tormenta se aproxima, con agilidad y planificación podemos navegar por las aguas turbulentas.

Al final, la historia de Europa es una historia de resiliencia. Hemos visto crisis antes y hemos salido adelante, así que, aunque se sienta un poco incómodo, mantengamos la calma y sigamos disfrutando de esos momentos— ¡y no olvidemos brindar por el futuro! 🥂

Recuerda que, en tiempos de crisis, lo mejor que podemos hacer es informarnos, prepararnos y, sobre todo, cuidar de nuestra comunidad. ¿Tú cómo te sientes acerca del futuro económico en Europa? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios!