El pasado lunes, el famoso escritor Arturo Pérez-Reverte apareció en el popular programa El Hormiguero para hablar sobre su nueva novela, La isla de la mujer dormida, un relato cautivador de piratas ambientado en el Egeo durante la Guerra Civil Española. Pero, como muchas veces ocurre en nuestros días, la conversación rápidamente se desvió hacia temas más turbios, como la gestión política en tiempos de crisis, y, vaya, lo que se destapó fue un torrente de emociones sinceras, desilusión y, ¡quién lo diría!, un toque del humor que lo caracteriza.
Un contexto no tan ideal
Antes de sumergirnos en la jugosa intervención de Pérez-Reverte, es imposible ignorar el trasfondo en el que se encontraba nuestro querido escritor. La DANA, o DANA de la que tanto hemos oído hablar, había azotado Valencia y su tragedia era palpable. Imaginemos la escena: personas viendo cómo sus hogares son arrasados por las lluvias, mientras otros intentan encontrar una solución en un juego del «toma y dame» político que parece tener más fichas que un tablero de ajedrez. ¿Y en medio de todo esto, quiénes son los que tienen la responsabilidad de proteger a sus ciudadanos? Así es, los mismos que se están jugando el futuro del país como si fuera un partido de fútbol.
La reacción de Pérez-Reverte
“Lo estoy viviendo como todos, con estupor, con tristeza, con indignación, y también con admiración”, decía Pérez-Reverte. No podemos evitar identificarnos con esta mezcla de sentimientos. ¿Cuántas veces hemos sentido lo mismo al presenciar la impotencia de la gente frente a ciertos acontecimientos? Es una experiencia devastadora. Sin embargo, hay un hilo de esperanza que une a todos los españoles: la capacidad de reacción tras las crisis.
Un viaje en el tiempo: de piratas a políticos
Luego de lanzarnos a un análisis político lleno de fervor, el escritor no dudó en calificar la gestión de la crisis por parte de la política española como un “ajedrez con vidas humanas”. La frustración era palpable y, seré honesto, no me sorprende. Muchos de nosotros hemos tenido esa sensación de estar atrapados en una película de acción que toma giros en los momentos menos indicados. Y, hablando de giros, el escritor propuso la creación de un Ministerio de Desastres, lleno de profesionales ajenos a la política. Cabe preguntarse, ¿sería este un paso hacia la realidad o solo un sueño en un mundo de pesadilla?
La clase política: los verdaderos piratas
Pérez-Reverte no escatimó críticas hacia la clase política española, a la que tildó de “criminal” e “irresponsable”. Y, al hacerlo, me hizo recordar a aquellos viejos piratas de su novela, pero esta vez sin el carisma aventurero y atractivo. Estos “piratas” modernos parecen tener un solo objetivo: jugar a las cartas mientras el barco se hunde. ¿No es desgarrador?
En este juego del “quién es más incompetente”, él clama: “Un español cabreado es muy peligroso”. Sabemos que la historia de España está llena de episodios de levantamientos sociales impulsados por eso mismo. Es como si la historia nos estuviera lanzando un guiño, una advertencia sobre la capacidad de los ciudadanos para levantarse ante las injusticias.
La visita real y la crítica a su gestión
Cuando el conductor del programa, Pablo Motos, preguntó a Pérez-Reverte sobre la presencia de los reyes en la zona afectada por la catástrofe, las palabras del escritor fueron agudas y directas: “Los reyes fueron notables, y los políticos miserables”. Aquí, el escritor nos muestra una reflexión honesta sobre la imagen que proyectan los líderes en tiempos de crisis. Después de todo, no era un concurso de popularidad. En situaciones así, muchos líderes tienden a buscar su propia iluminación mientras la población se enfrenta a un mar de problemas.
¿Qué pensaremos cuando los reyes se presentan con una dignidad admirable, mientras los líderes políticos parecen estar contribuyendo al caos? La imagen piedra angular de un país puede verse erosionada tan rápidamente como un castillo de arena ante el vaivén de las olas.
El dilema del deber
Cuando se abordó la pregunta de si los políticos implicados deberían dimitir, la respuesta de Pérez-Reverte fue clara: “Sí, evidentemente”. Sin embargo, también remarcó la triste realidad de que nadie está dispuesto a renunciar a su puesto de poder. Aquí la desilusión se vuelve palpable y la pregunta que nos asalta es si alguien en esa clase política tiene la valentía suficiente para actuar con integridad. Ya perdimos la cuenta de cuántas promesas se han hecho. ¿Acaso estos personajes que se sientan en las sillas del poder nos representan de verdad?
Humor en medio del desastre
No voy a mentir: la sinceridad de Pérez-Reverte en algunas de sus críticas me hizo soltar una sonrisa. Esa mezcla de indignación y humor negro que tiene el autor transforma una reflexión amarga en un momento casi cómico. Pero, ¿no es un poco irónico que, en medio del verdadero dolor de la crisis, podamos encontrar momentos que nos hagan reír? Esa es la naturaleza humana. Es como estar en una fiesta y descubrir que el verdadero entretenimiento está en los chismes que se cuentan al margen.
Reflexiones finales
Así que aquí estamos, con una nueva novela en el horizonte y a un escritor que, con agudeza y honestidad, nos recuerda que el camino hacia adelante es un reflejo de la responsabilidad que tenemos como ciudadanos. En estos momentos de incertidumbre, todos necesitamos alguien que alce la voz y ponga de relieve los problemas que nos afectan directamente. Pérez-Reverte hace más que solo narrar historias: nos invita a reflexionar sobre nuestra propia realidad, no solo como lectores sino como ciudadanos.
Pero, aquí está la verdadera cuestión: ¿qué haremos después de escuchar su voz? En nuestras manos está la decisión de actuar, de desafiarnos a nosotros mismos y de exigir más de aquellos que elegimos para que nos representen. Al final del día, si hay algo que podemos aprender de toda esta conversación es que la verdadera historia está en cómo nosotros, como individuos y colectivo, decidimos escribirla.
Así que la pregunta final que dejo caer al aire es: ¿estamos dispuestos a escribirla juntos?