En un momento donde la percepción de la democracia se pone en jaque y el debate político parece más una pelea de gallos que una discusión constructiva, las palabras de Alfonso Guerra, un veterano del socialismo español, nos invitan a reflexionar. En el reciente 46º aniversario de la Constitución española, Guerra no solo celebró, sino que también alertó sobre los peligros que acechan a nuestro sistema democratico. ¿Realmente vivimos en una democracia o estamos utilizando la democracia para destruirnos a nosotros mismos?
La democracia como pacto social
El ex número dos de Felipe González no se anduvo con rodeos. “El sistema democrático español es tan democrático que permite que se use la democracia para destruir la democracia”, afirmó. Y, la verdad, ¡cuánta razón tiene! Podemos ver la democracia casi como un contrato social: un pacto entre ciudadanos para vivir en armonía. Pero, ¿qué sucede cuando algunas voces decididamente buscan romper ese pacto? En mi propia experiencia, he visto debates transformarse en batallas campales donde la discusión no es más que una excusa para tirar los unos a los otros a los leones. ¿No es hora de hacer un alto y preguntarnos a dónde nos dirigimos?
¿Una fiesta de mediocridad?
Guerra se refirió a algunos de los actores políticos actuales como “mediocres”. ¡Duro, pero justo! De hecho, no puedo evitar recordar una anécdota de una reunión familiar donde, al margen de la política, discutíamos sobre un juego de mesa. Todos querían ganar, pero ningún dominaba las reglas. A veces, la política en España se asemeja a ese juego: todos quieren jugar, pero pocos parecen entender cómo funciona. Y cuando lo hacen, ¡madre mía! Es como si el tablero estuviese lleno de trampas.
El ex dirigente también citó la Ley de Amnistía y su impacto en la investidura de Pedro Sánchez. Al respecto, Guerra expresó que este tipo de decisiones sólo alimenta las divisiones y descontento entre los ciudadanos. ¿No te parece que ya es hora de priorizar el bien común sobre intereses individuales?
La ruptura de la unidad
Una de las declaraciones que más resonó fue su crítica a los intentos de fragmentar la unidad territorial de España. Guerra sostiene que “la unidad territorial es intangible”, y lo único que ha logrado esta fractura es sembrar la desconfianza y crear divisiones entre los ciudadanos. Recuerdo una fiesta en la que un grupo de amigos decidió hacer un juego de equipo. Cuando uno trató de sacar el programa de las tareas del evento, se desencadenó una disputa que casi termina en una batalla campal. En lugar de celebrar juntos, todos querían tener la razón, y, al final, no pudimos disfrutar. No debe ser lo que queremos para un país, ¿verdad?
Alfonso Guerra advierte que es un suicidio colectivo. La historia nos ha enseñado que dividirnos solo nos llevará a más problemas. A veces parece que los políticos prefieren tocar las campanas de la discordia que buscar la armonía. ¿Cómo superamos esto?
La lección de la Transición
Guerra invocó la memoria de la Transición española, un momento crucial en nuestras vidas, que debemos recordar y valorar. Fue un tramo lleno de sacrificios, y por supuesto, de debates y desacuerdos. Pero el objetivo era claro: hacer de España un lugar donde todos pudiéramos coexistir en paz.
Pienso en la última vez que revisité esa época a través de los ojos de mis abuelos. Ellos vivieron tiempos difíciles y no se dieron por vencidos. Nos enseñaron que, a pesar de las dificultades, el cambio es posible con perseverancia. Esa sabiduría también es necesaria ahora más que nunca. Guerra subrayó que “la mayoría no puede hacer algo que la ley prohíbe”, y ese es un recordatorio vital en estos momentos de polarización política.
La ceguera de los socialdemócratas
Desde su crítica a “los socialdemócratas” actuales, Guerra aboga por un retorno a la separación de poderes como base de la democracia. Recuerdo a un amigo que siempre decía que “si no se puede controlar, no sirve”. Tomando en cuenta su perspectiva, podemos decir que la separación de poderes actúa como un equilibrio necesario. Sin ello, ¿no se vuelve todo un gran circo donde los payasos son los líderes?
El ex dirigente socialista también lanzó una advertencia sobre la debilidad actual del PSOE, afirmando que la figura del monarca ha encarnado el Estado en tiempos de crisis. ¿Acaso no deberíamos darle más valor a las instituciones y menos a los individuos que buscan su propio beneficio? Guerra es claro, y su mensaje vital: debemos recordar la historia y aprender de ella.
El papel del monarca y la irresponsabilidad política
En su intervención, Guerra no ignoró el papel de la monarquía en momentos críticos. Afirmó que su figura es un símbolo del Estado en tiempos de crisis, algo que a muchos les puede resultar incómodo, pero, ¿no es válido pensar que en ciertos momentos los símbolos importan? Muchos nos quejamos de la mediocridad política, pero ¿qué hacemos al respecto? A veces, parece que la respuesta está en los gestos de los que están en el poder.
No es de extrañar que Guerra se preocupe por las desavenencias políticas que amenazan a la figura del Rey. En tiempos convulsos, una cabeza visible puede ser el clavo al que agarrarse.
La necesidad de un debate racional
Alfonso Guerra se va más allá de lo político y se centra en lo que realmente importa: la racionalidad y la capacidad de escuchar. Aquella fiesta de amigos a la que hacía referencia al inicio, en la que todos intentaban imponer su opinión, no nos llevó a ninguna parte. En lugar de seguir el caos, lo que realmente debemos buscar es construir un espacio donde el diálogo y la comprensión sean esenciales.
Es importante que, además de cuestionar, aprendamos a escuchar. Empezar a entablar conversaciones donde la constitución y el pacto social sean los ejes sobre los que construir.
Y tú, ¿alguna vez te has encontrado en una situación similar donde el ruido impide que se escuchen las voces más sensatas? ¿No es frustrante? Eso es exactamente lo que Guerra está tratando de evitar. Reconocer que debemos defender la democracia y la constitución no es un acto de rebeldía, sino un deber de cada ciudadano.
Conclusión: un llamado a la acción
En conclusión, el análisis de Alfonso Guerra nos ha permitido abrir los ojos a una realidad inquietante pero necesaria de enfrentar. La amenaza de la fragmentación asciende cuando los intereses individuales superan al bien común. ¿Está nuestro país en una gran fiesta donde nadie se da cuenta de que los invitamos a una cena de abordo?
Defender la democracia no debería verse como algo opcional, sino como un deber. Y a medida que nos enfrentamos a estos tiempos inciertos, debemos hacer un esfuerzo colectivo para recordar el valor de la unidad, la racionalidad y la historia que nos ha traído hasta aquí.
Así que, te invito: la próxima vez que se inicie una discusión política a tu alrededor, reflexiona. A lo mejor, en lugar de tirarte a la batalla, puedes ser el puentista que une lados opuestos. Después de todo, ¿no es eso lo que queremos construir juntos? La historia no se repite, pero sus lecciones son eternas. ¡Vamos a aprenderlas!
Espero que este artículo te haya hecho pensar y, tal vez, reír un poco en el camino. Si te ha gustado y quieres compartir tus pensamientos, no dudes en dejar un comentario. ¿Qué piensas sobre el estado actual de nuestra democracia? ¡Hablemos!