El último domingo de octubre de 2023 se erigió como un día monumental. La Maratón Valencia Trinidad Alfonso dio la partida a su cuadragésima cuarta edición cargada de emociones, particularmente tras las devastadoras consecuencias de la DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos) que había azotado a la provincia de Valencia.
Como corredor aficionado, no puedo dejar de reflexionar sobre lo que representa un evento así. Mi primera maratón fue un cóctel de nervios, emoción y el sudor de litros de agua en un día soleado. Cada corredor tiene su historia, y al leer sobre esta maratón en un contexto tan conmovedor, siento que, de alguna manera, todos los que pisan el asfalto llevan en su pecho no solo sus metas personales, sino también la carga colectiva de una comunidad que se ha visto golpeada.
Un homenaje conmovedor
La atmósfera en la Maratón Valencia este año fue palpable desde el primer momento. A las 8:15 horas, antes de que el cronómetro comenzara a contar, las voces resonaron en un gesto profundo de solidaridad. Los 35,000 participantes no llegaron solo como corredores; llegaron como un símbolo de resistencia, comunidad y esperanza. ¿Quién no ha perdido un poco la fe en momentos difíciles?
Los ecos del himno de la Comunitat Valenciana resonaron en un ambiente de respeto y memoria, y el silencio que lo acompañó fue, sin duda, un homenaje a las 222 vidas que se perdieron en la tragedia que dejó la DANA.
Esto me recuerda a cuando mi abuelo, un apasionado corredor, me llevó por primera vez a una carrera local. Nos detuvimos a escuchar el himno nacional, y, mientras lo hacíamos, sentí cómo la emoción nos unía a todos los presentes, independientemente de nuestras diferencias. Esos instantes son los que nos definen, ¿verdad?
La salida: un acto de unión y fuerza
La salida de la maratón estuvo marcada por un impacto significativo; Oleksandra Makarchuk Chorneychuk, una voluntaria en las labores de limpieza y reconstrucción, tuvo el honor de dar el disparo inicial. No hay nada más inspirador que ver a alguien que, durante la tragedia, se ha alzado para ayudar a los demás.
Cuando la canción «Libre» de Nino Bravo comenzó a sonar, una ola de recuerdos inundó mi mente. Ah, el orgullo por mi tierra, y la nostalgia de cada vez que me he parado frente a un escenario similar, recordando que estamos aquí para contarlo, para apoyarnos mutuamente, para recordar que la vida sigue. ¿Y qué mejor manera de seguir que con música que resuena en el corazón de todos los valencianos?
A medida que los corredores avanzaban, la Senyera ondeaba con orgullo. Y, por supuesto, no faltaron los mensajes de apoyo; las pancartas adornadas y el crespón negro eran claros recordatorios de que, aunque se avanza, el dolor aún se siente. Como corredores, estamos acostumbrados a llevar nuestras batallas internas, pero hay veces que el colectivo necesita ser recordado.
Un evento con impacto social y económico
Analizando la magnitud de esta nueva edición de la maratón, surgen aspectos importantes que trascienden la carrera misma. Tras la DANA, se estima que el impacto económico en el PIB español podría ser notable, restando entre una y dos décimas en el cuarto trimestre de 2024. Las maratones no solo son eventos deportivos; son también motores de actividad económica y cohesión social.
En mi experiencia, correr puede ser un medio poderoso para unir a las comunidades y, sinceramente, también un excelente método para correr lejos de nuestras preocupaciones. Recuerdo una carrera en la que me propuse completar mi primer maratón y, mientras los kilómetros avanzaban, me di cuenta de que no solo estaba luchando contra el tiempo, sino también contra mis propios miedos. Y así como yo, miles de corredores almuerzan con emociones y desafíos.
La importancia de recordar y reconstruir
Los cuerpos de rescate y seguridad que estuvieron presentes en las labores de limpieza y reconstrucción de los lugares afectados por la DANA fueron reconocidos durante el evento. La Policía Local, la UME, y los Bomberos de Valencia, entre otros, fueron homenajeados por sus incansables esfuerzos. Me pregunto, ¿qué sería de nosotros sin hombres y mujeres dispuestos a arriesgarse por el bienestar ajeno?
Me gusta compartir una anécdota sobre un incidente en el que fui avistado por un grupo de rescatistas mientras corría en un evento local. Ellos estaban en un campamento cercano, listos para entrar en acción si era necesario. Mientras corría, no pude evitar detenerme y darles las gracias. Esos momentos de conexión pueden parecer pequeños, pero, en el fondo, son los que marcan la diferencia.
Un futuro prometedor tras el desafío
La resiliencia de Valencia se ha puesto a prueba de maneras inimaginables. A pesar de los obvios retos, el espíritu de la maratón se alza como un símbolo de que, aunque la vida golpee duro, siempre hay espacio para volver a levantarse. ¿Te imaginas correr un maratón y no sentir que cada zancada es un paso hacia la redención?
Las localidades afectadas no solo fueron recordadas con lonas, sino que instaban a la solidaridad colectiva. Cada corredor no solo corría por un tiempo personal, sino que lo hacían en honor a sus vecinos y seres queridos que se vieron afectados. Es una forma poderosa de recordar que, al final del día, somos una gran familia.
El futuro después de la maratón
Como todas las carreras, la Maratón Valencia también ofrece la oportunidad de reflexionar sobre lo que vendrá. Con un PIB que podrá resentirse, muchos se preguntan cómo nos recuperaremos. Pero desde mi perspectiva optimista, hay algo que hemos aprendido de estos retos: cada caída puede ser un trampolín hacia un futuro mejor.
La comunidad valenciana es fuerte y está unida. Cada zancada, cada aplauso, cada piano que se toca al son de las emociones, son pasos hacia la reconstrucción emocional y económica. Las maratones enseñan lecciones valiosas que se pueden aplicar a la vida: la perseverancia, la superación y el apoyo mutuo.
Reflexión final
Así que aquí estamos, conmemorando un momento que nos invita a mirar hacia adelante. La Maratón Valencia Trinidad Alfonso no solo fue un evento deportivo. Se convirtió en un símbolo de resistencia, y cuando los corredores cruzaron la línea de meta, cada uno de ellos no solo celebró un logro personal, sino que también renovaron un compromiso con su comunidad.
En tiempos oscuros, el espíritu de unidad puede ser el mejor motor del cambio. Que esta maratón, como tantas otras, nos recuerde que, incluso en los momentos más difíciles, el running es más que correr: es una forma de avenar pérdidas, de celebrar victorias y de abrazar el futuro con fuerza y esperanza.
Así que, ya sea que corras una maratón o simplemente camines por el parque, recuerda que cada paso cuenta. Y quizás, la próxima vez que sientas el hormigueo en tus piernas antes de una carrera, será un recordatorio de cuán lejos hemos llegado juntos y cuán lejos podemos ir. ¡A seguir corriendo!