La semana de los Nobel no solo tiene un peso simbólico en el ámbito científico, sino que también es un momento en el que muchos de nosotros nos encontramos intentando procesar la mezcla de alegría, admiración y, sí, a veces frustración. ¿No es curioso? A medida que celebramos los logros de algunos de los más brillantes, también surgen preguntas inevitables sobre qué tan accesibles son realmente estos logros. ¿Es suficiente ser un genio, o nuestras circunstancias de nacimiento también juegan un papel crucial en nuestro camino hacia el éxito?

Si me preguntan a mí, después de cubrir numerosas ediciones de los premios, diría que cubrimos los Nobel con una mezcla de entusiasmo y un poco de resaca intelectual. Y no estoy hablando de la resaca normal de salir de fiesta, sino de esa incómoda sensación de que al final la fiesta se celebró sin invitar a la mayoría de la gente. ¿Cuántos talentos quedan ocultos porque simplemente no nacieron en el lugar correcto, con las condiciones adecuadas? La cruda realidad es que estas preguntas incomodas siguen saliendo a la luz cada vez que escuchamos nombres como el de Dan Shechtman o Frances Arnold, ganadores que celebramos por sus aportaciones, pero que también nos recuerdan que la ciencia, aunque es un campo de oportunidades, no es un terreno neutral.

Reflexiones sobre la desigualdad en los Nobel

Un reciente estudio titulado «Acceso a las oportunidades en las ciencias: la evidencia de los Premios Nobel» de Paul Novosad, profesor asociado de Economía en Dartmouth College, arroja luces (y sombras) sobre este delicado equilibrio entre talento y origen. Al analizar a los galardonados desde 1901 hasta 2023, los investigadores han llegado a algunas conclusiones inquietantes sobre cómo las raíces socioeconómicas influyen en quién recibe un Nobel.

¿Es justo? La mayoría de los padres de estos laureados eran empresarios, médicos o profesionales de alto nivel. En contraposición, solo un 3% de los laureados provienen de hogares de agricultores. ¿Podría ser que los campos de algodón al sur de Estados Unidos escondieran un Einstein en potencia? Probablemente sí, pero es posible que esa persona nunca tenga la oportunidad de salir del ciclo de pobreza.

Entonces uno se pregunta, ¿por qué el acceso a la ciencia sigue siendo tan elitista? Las cifras son reveladoras: más del 60% de los galardonados provienen de familias en el percentil 5 de educación y riqueza. La evidencia sugiere que el ascensor social ha subido un poco, pero sigue siendo una utopía para muchos, como bien afirmó la joven matemática Jone Lopez de Gamiz Zearra.

¿Es suficiente tener talento?

Permíteme contarte una anécdota personal. Una vez, durante una charla sobre el impacto de la educación pública, un profesor se puso a mencionar a todos los grandes científicos que habían tenido maestros excepcionales. Sin embargo, lo que realmente me quedó grabado fue la historia de su madre, que fue una maestra rural en una pequeña localidad. A pesar de sus esfuerzos, muchos de sus alumnos no terminaron sus estudios porque sus familias no podían costearlo. ¿Qué pasa entonces con ese talento que nunca se descubre?

Este dilema se vuelve aún más complicado cuando comenzamos a analizar la representación de género en la ciencia. Solo 28 de los 735 galardonados han sido mujeres. La matemática vasca Jone Lopez también adresó este tema en su discurso, sugiriendo que el talento no debería ser un privilegio, sino un derecho. Y aquí radica el gran dilema: ¿qué puede hacer la sociedad para garantizar que todos tengan las mismas oportunidades para brillar?

Es especialmente triste ver que el mundo de la ciencia, a pesar de su búsqueda de verdad y conocimiento, refleja las mismas desigualdades que encontramos en otros ámbitos de la vida. La noción de que nuestros orígenes influyen en nuestras oportunidades debe darnos mucho en que pensar.

Una mirada al futuro de la ciencia

Con todos estos datos en la mesa, nos enfrentamos a una pregunta crucial: ¿qué futuro queremos para la ciencia? Muchos coinciden en que la ciencia debe ser un reflejo de nuestra diversidad. Si queremos resolver problemas complejos, como el cambio climático o la pandemia de COVID-19, necesitamos las perspectivas de voces diversas.

Pero lo que más me gustaría ver es un llamado a la acción. No basta con decir que la ciencia es para todos; necesitamos políticas y estructuras que faciliten esto. ¿Cómo? Aquí hay algunas propuestas:

  • Iniciativas de educación accesible: Programas de becas que aseguren que nadie sea excluido. No debería costar una fortuna convertirse en un científico.
  • Mentorías y apoyo: Un sistema que empareje a jóvenes talentos de entornos desfavorecidos con mentores en el campo de la ciencia.
  • Visibilidad y reconocimiento: Aumentar el perfil de investigadores y científicos de diversos orígenes. Aquí se pueden incluir no solo a laureados, sino también a aquellos que contribuyen a la ciencia desde la trinchera, trabajando en condiciones difíciles.

Conclusiones reflexivas

La semana de los premios Nobel tiende a darnos una percepción de lo que es el éxito en la ciencia. Pero, y es un gran pero, deberíamos utilizar estas celebraciones para reflexionar sobre quiénes no están en el escenario y por qué. La ciencia es una herramienta poderosísima que, si se utiliza bien, puede beneficiar a toda la humanidad. Aun así, parece que la mayoría de los laureados provienen de un pequeño grupo privilegiado. Como nos recuerda el estudio de Novosad, el acceso a las oportunidades sigue siendo profundamente desigual.

Y volviendo a la increíble Jone Lopez, ella nos recordó que el acceso a una buena educación no debería ser un lujo, sino un derecho. Así que en lugar de cerrar este capítulo con aplausos, hagamos un llamado a la acción. ¿Estamos listos para hacer cambios que aseguren que cada niño genio en un campo de algodón tenga la oportunidad de brillar como sus homólogos privilegiados? La respuesta está en nuestras manos.

Al final, la pregunta no es únicamente ¿por qué hay tan pocos premios Nobel fuera de ciertos círculos privilegiados? La verdadera pregunta es: ¿qué vamos a hacer para cambiar eso?

Sabemos que podemos construir un futuro donde todos, independientemente de su origen, tengan una oportunidad justa de contribuir al vasto y emocionante mundo de la ciencia. Y, con un poco de esfuerzo colectivo, ese futuro podría estar más cerca de lo que imaginamos.