El panorama energético en España, un país con un potencial solar y eólico insuperable, está pasando por una etapa digna de una novela de suspense. En un giro inesperado digno del mejor culebrón, las grandes empresas del sector energético han alzado la voz y han hecho un llamado al Gobierno español para que no continúe con la oleada de nuevas cargas impositivas. Recientemente, el Club Español de la Energía, un conjunto de gigantes del sector como Iberdrola, Endesa, Naturgy, Repsol y Moeve, ha dejado claro que las decisiones del Ejecutivo podrían poner en riesgo inversiones que se estiman en más de 30.000 millones de euros en los próximos tres años. Eso no es moco de pavo.

Nuevas cargas y su impacto

La turbulencia comenzó cuando el Gobierno propuso prorrogar el gravamen extraordinario sobre la energía. Este tributo, que se aplica a aquellas compañías que superen los mil millones de euros en facturación, ya ha causado grandes estragos en el sector. Empresas como Cepsa, ahora conocida como Moeve, han avisado que podrían congelar o retrasar sus inversiones en España si la situación no mejora. ¿Y quién puede culparlas? También es fácil caer en la tentación de pensar que estas grandes compañías son fatales por sí mismas, pero la realidad es que un entorno fiscal incierto no beneficia a nadie…

La nota, con un título que podría dar miedo a cualquier político—“Nuevas cargas impositivas condicionarán el futuro de las inversiones del sector energético”—subraya la necesidad de crear un entorno que fomente la inversión a largo plazo en energías renovables. Porque, seamos realistas, el futuro del planeta está en juego, y España, gracias a sus recursos naturales, tiene la oportunidad de liderar la transición energética. Pero, ¿qué pasa si a las empresas se les hace la vida imposible?

La transición energética como oportunidad

La transición energética no solo es un mantra repetido por políticos y ecologistas, sino que es también una oportunidad de oro para reindustrializar España y generar puestos de trabajo. Las energías renovables son el futuro, pero ¿cuál es el precio que el sector energético debe pagar para alcanzar ese futuro? Los ejecutivos del Club Español de la Energía han dejado claro que para alcanzar los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), se necesita un marco normativo sólido, que no esté constantemente cambiando como el clima de octubre.

Haciendo un pequeño recorrido por la historia, podemos recordar cuando éramos niños y queríamos jugar a salir a la calle. Nuestros padres, en un intento de protegernos, ponían toda clase de reglas y restricciones. «No salgas, que te puedes caer.» Aunque entiendan la preocupación, esa incertidumbre también debe causar frustración. Ahora imagina las grandes energéticas en su propio juego de infierno, donde cada vez que parece que pueden salir a jugar (o invertir), las leyes y los impuestos cambian. ¿Cómo podrían sentirse? Un poco como un niño al que sus padres le niegan toda salida.

El potencial de las energías renovables en España es gigantesco, gracias a su ubicación geográfica y la abundancia de recursos naturales. Se estima que un 82% de las inversiones necesarias para el éxito de este plan deben provenir del sector privado. Sin embargo, en el contexto de cambios fiscales inesperados, es natural que surja la pregunta: ¿quién se va a arriesgar a poner su dinero en un sitio donde no hay seguridad?

El dilema del gravamen energético

A finales de 2022, el Gobierno había encontrado una solución temporal al aplicarle la prórroga a este gravamen extraordinario. Sin embargo, como si se tratara de un mal chiste del que nunca se puede escapar, los ánimos se encendieron nuevamente tras la propuesta de prorrogarlo una vez más. Los discursos en la política pueden parecer burdas representaciones de un drama en tres actos, y los comentarios un tanto sarcásticos que vemos a menudo entre los miembros del Gobierno y las grandes energéticas son exactamente eso: espectáculo.

Con un gravamen del 1,2% sobre la cifra de negocio, no es de extrañar que las empresas se sientan abrumadas y amenacen con trasladar sus inversiones a países donde sean más bienvenidas. Después de todo, las decisiones tomadas en un despacho gubernamental pueden influir considerablemente en el futuro de millones de personas. La idea de que las grandes energéticas podrían abandonarnos, llevándose sus inversiones y generando millones de euros en pérdidas, es una imagen que da escalofríos. Pero, honestamente, ¿alguna vez alguna de estas compañías se ha preocupado realmente por nosotros, los simples mortales?

Reflexiones finales: ¿Cómo avanzar?

Entonces, ¿cuál es el camino a seguir? A medida que navegamos por este mar de incertidumbres, es crucial que tanto el Gobierno como las empresas encuentren un terreno común. No se trata solo de encontrar placeres en la balanza del poder. También se trata de la sostenibilidad del futuro, y aquí es donde la win-win situation (o situación donde todos ganan) debería ser el objetivo final.

Los ejecutivos del Club Español de la Energía han hecho un llamado a evitar la incertidumbre. Nada como un par de años sin sobresaltos, donde el sentido común prevalezca. Crear un entorno regulatorio adecuado no debería ser una utopía, sino una necesidad.

La transición hacia un modelo de energía más sostenible no solo es posible, sino que podría convertirse en el nuevo motor de crecimiento para el país. Pero, para ello, necesitamos un diálogo abierto que reconozca las necesidades del sector energético, así como las demandas de la sociedad. Y, ¿quién sabe? Tal vez un día las familias de aquellos ejecutivos también puedan vivir con la seguridad de que el futuro energético será sustentable.

En resumen, en este juego de tensiones y políticas, la clave está en avanzar con empatía y claridad. Las energéticas y el Gobierno deben trabajar juntos, dejar a un lado las ansias de poder y entender que el verdadero éxito radica en el beneficio común. ¿Cuántas veces hemos oído la frase “la unión hace la fuerza”? ¡Es hora de que lo demuestren!

Estamos en un momento crucial, y aunque puede que el camino sea rocoso, habrá que enfrentarlo con humor y con un ojo siempre en el futuro. Si se logran las inversiones necesarias, quizás el próximo año estemos celebrando un avance significativo en la transición energética y, quién sabe, ¡podría ser que hasta se nos permita salir a jugar!