Las elecciones en Estados Unidos se acercan a una velocidad vertiginosa, y con ellas, un espectáculo político que podría rivalizar con cualquier final de la NBA o concierto de rock. En un rincón, tenemos a Donald Trump; en el otro, a Kamala Harris. Dos mitines, dos candidatos y, en cierto modo, dos Américas. Pero, ¿qué significa esto para el electorado? Vamos a sumergirnos en la atmósfera cargada de emociones, esperanzas y tensiones que caracteriza esta contienda electoral.
¿Qué está en juego en estas elecciones?
La respuesta corta es: todo. Y aunque «todo» puede parecer un concepto abstracto, en el contexto de elecciones estadounidenses, implica mucho más que simplemente un cambio de liderazgo. Aquí hablamos de derechos, de economía, de democracia y, a veces, de memes en Internet. ¿Quién puede olvidar cuando Trump usó un sombrero de cowboy y dijo «Es la economía, estúpido»? Así es, la economía se ha convertido en un tema central en ambas campañas, con los votantes preocupados por la inflación y los precios en aumento.
La marea creciente de la economía
«¡La economía afecta a todos!» grita Rick Marlette, un votante que ha pasado de Hillary a Biden y ahora, angustiado por la inflación, busca en Trump una solución. En el mitin de Harris, el discurso tiende hacia la creación de oportunidades y políticas fiscales que no beneficien solo a los ricos. Pero, ¿quién realmente vende esos discursos? ¿Los candidatos o sus seguidores?
La economía no es solo un tema, es la razón para salir de casa en un día soleado e ir a hacer cola en el mitin. ¿Y quién no querría un poco de alivio en el bolsillo? Como dice el viejo adagio, «Es la economía, estúpido». Pero, honestamente, ¿no estamos cansados de escuchar eso?
Un mitin de Trump: un espectáculo que roba el aliento
En el pabellón deportivo de Duluth, donde se celebra el mitin de Trump, la energía es palpable. Las gorras rojas con el lema MAGA llenan el lugar y un aire de esperanza, o tal vez de «idolatría», envuelve a los asistentes. La multitud está ansiosa, algunos han estado haciendo cola desde las cinco de la mañana. Y aquí, entre ellos, hay una diversidad sorprendente. Desde el inmigrante vietnamita Ron Chack que dice «Con él (Trump) vivíamos bien», hasta Vasili Buta, quien dice que «Kamala representa fronteras abiertas», todos encuentran en Trump un símbolo de esperanza.
En el mitin, la energía es completamente diferente a la de Harris. Mientras el mitin de la demócrata es más festivo, con DJ y bailes, el de Trump se convierte en un stand up político. Trump se pierde en anécdotas, risas y ataques directos a su rival. ¡Incluso imita a Macron! ¿Quién puede resistirse a eso?
La diversidad en la cola del mitin de Harris
En el otro lado de la ciudad, en Clarkston, las colas también se extienden, pero el ambiente es más sobrio. Los asistentes esperan para entrar al mitin de Kamala Harris, donde la minoría negra se siente mayormente representada. Aquí, el mensaje es claro: «¡No iremos hacia atrás!» grita un orador. Esa línea, aunque poderosa, se siente un poco «enlatada». Sin embargo, con celebridades como Bruce Springsteen y Samuel L. Jackson subiendo al escenario, ¿realmente importa?
Derecho a decidir
Los discursos en el mitin de Kamala parecen dirigidos al futuro, a los derechos de la mujer y el acceso a la salud. Un tema que no está presente en el mitin de Trump. En un mundo donde los derechos y la democracia son cada vez más atacados, esta visión se convierte en más que política: es una lucha por la identidad. La gente sostiene pancartas que proclaman «Ni un paso atrás», mientras que visiblemente se siente un sentido de urgencia por proteger sus derechos. ¿Estamos perdiendo nuestra identidad en el ruido de la política actual?
El contraste en los seguidores
La diferencia en los apoyos es abrumadora. Mientras los seguidores de Trump ataviados con su vestimenta identificable hacen de su devoción un espectáculo, el grupo de Harris es más diverso y menos unificado en cuanto a su vestimenta. De hecho, parece que han salido más por el festival que por el candidato. Esto plantea una pregunta interesante: ¿Estamos más motivados por la personalidad del candidato o por la causa que defiende?
El fenómeno de la adoración a la personalidad se ha solidificado en el espacio político estadounidense. Los seguidores de Trump celebran su figura como un ícono, mientras que los de Harris luchan por un futuro que consideran más inclusivo y prometedor. Pero al final, ¿cuánto de esto es real y cuánto es solo parte de un gran acto?
Así es como se siente ser parte de este teatro electoral
Más allá de las estadísticas y discursos, quiero compartir una anécdota. Recuerdo la última vez que fui a votar. Era un día lluvioso, la cola era interminable, y me pregunté, “¿Valdrá realmente la pena?” Me di cuenta de que, más allá de las razones políticas, estaba allí por la comunidad, por ser parte de algo más grande. ¿No es esa la esencia de la democracia?
Cuando estamos en medio de estas multitudes, sentimos que somos parte de historia. Es un espectáculo humano, una representación de una América que lucha por su voz y su futuro.
Una última reflexión
Al final de la jornada, lo que está en juego trasciende el simple hecho de quién ocupará la Casa Blanca. Se trata de la narrativa que construimos como sociedad, de cómo interpretamos nuestras diferencias y cómo, a pesar de las divisiones, todos compartimos un deseo común: ser escuchados. Quizá, solo quizás, con cada mitin, cada discurso y cada voto, podemos aproximarnos más a la verdadera unidad. Pero, ¿estamos dispuestos a escuchar a los demás?
Así que la próxima vez que pienses en la separación política, recuerda que, aunque la política puede ser feroz, nunca debemos perder de vista el corazón humano que late bajo toda esta narrativa. En un país tan vasto y diverso, es posible que tengamos más en común de lo que creemos. ¿Te atreves a dar el primer paso hacia el entendimiento?