Hay un viejo dicho que dice: «si hay algo que realmente quieres, el universo conspirará para que lo consigas». Ahora bien, si el universo estuviera en un chat de WhatsApp, probablemente lo verías decir: «Espera un momento, ¿qué tal si construimos una ciudad lineal de 170 kilómetros en medio del desierto saudí y la llenamos de robots?». Pero este, querido lector, no es solo un sueño estrambótico, sino la ambiciosa realidad que se está desarrollando en Arabia Saudita. La megaciudad The Line no solo busca redefinir los conceptos de urbanismo, sino también interrogarnos sobre su viabilidad y las implicaciones de la automatización en el futuro del trabajo.
¿De qué se trata realmente The Line?
El proyecto The Line es una visión futurista promovida por el príncipe heredero Salman bin Abdulaziz Al Saud, quien quiere transformar la forma en que vivimos y trabajamos. La idea es crear una ciudad lineal que sea completamente autónoma, donde todos los servicios esenciales estén a un máximo de cinco minutos a pie de cada hogar, y donde la movilidad no dependa de automóviles ni genere emisiones de carbono. Suena genial, ¿verdad? ¿Quién no querría un mundo así, donde la vida es fácil, rápida y respetuosa con el medio ambiente?
Sin embargo, como dijo una vez un amigo mío: «Si algo suena demasiado bueno para ser verdad, generalmente lo es». Y en el caso de The Line, los desafíos parecen ser tan grandes como sus intenciones.
La controversia del robot
Mientras Arabia Saudita juega a ser el Tony Stark de las megaciudades, reciente información revela que la construcción de The Line podría depender en gran medida de robots y sistemas automatizados. Y aquí es donde la trama se complica. La Neom Investment Fund (NIF), el brazo de inversión del vasto proyecto económico Neom, ha anunciado una significativa inversión en la compañía danesa GMT Robotics.
Desde que comenzó esta aventura, Neom ha consumido aproximadamente el 20% del suministro de acero a nivel mundial, lo que hace que la inversión en una empresa que produce tecnología de automatización para la construcción de hormigón no suene tan descabellado. Después de todo, si vas a construir una ciudad lineal en medio del desierto, ¡más te vale hacerlo de manera eficiente!
Pero, ¿qué significa esto para el futuro de los trabajadores humanos? Las preguntas empiezan a surgir como hongos después de la lluvia: ¿estamos hablando de una automatización que transformará la industria o de una revolución que dejará a miles de trabajadores en la calle? Si siempre hay un miedo a que las máquinas reemplacen a la mano de obra humana, quizás estemos ante un dilema más grande que el futuro de nuestras vidas laborales.
La inversión y sus implicaciones
GMT Robotics ha dejado claro que aspiran a establecer nuevos estándares de seguridad, productividad y sostenibilidad en la construcción, y que esta asociación con NIF les permitirá escalar su empresa de manera efectiva. Pero, para aquellos de nosotros que vendimos limonada en verano y pensamos que estábamos en camino de ser emprendedores, la idea de una inversión millonaria en robots aún puede sonar a ciencia ficción.
Como dice Ulrich Deichmann, director ejecutivo de GMT Robotics: “Compartimos las ambiciones de NIF de repensar los procesos en la construcción extensiva”. Sin embargo, te pregunto: ¿no es un poco inquietante pensar en un futuro donde las máquinas hacen más que nuestras tareas, y donde la humanidad teme perder su lugar?
Por otro lado, el mercado de la robótica de construcción está en crecimiento. Se estima que alcanzará los 774,6 millones de dólares en 2032, un aumento del 360% en diez años. Hay que reconocer que, desde un punto de vista económico, esto es un gran paso hacia el futuro. Pero, ¿cuánto está dispuesto a sacrificar el ser humano en el camino?
El futuro laboral: ¿desplazamiento o transformación?
Los crujidos de la automatización siempre traen consigo una buena cantidad de ansiedad. La sustitución de trabajadores por robots se ve como una amenaza para los empleos, y es comprensible. Cada noticia sobre robots reemplazando a trabajadores en fábricas o, en este caso, en la construcción, nos hace preguntarnos si algún día perderemos nuestras propias funciones.
No obstante, la historia nos ha mostrado que cada avance tecnológico también trae un nuevo conjunto de oportunidades. La introducción de robots en la construcción puede abrir nuevas puertas para que las personas se especialicen en áreas que antes no eran posibles. Imagínate ser un ingeniero de robots, un técnico de automatización o incluso un gerente de operaciones en una empresa que trabaja en un proyecto futurista como The Line. ¿Te imaginas lo impresionante que sonaría eso en una cena familiar, mientras todos preguntan por tu trabajo?
Así que, mientras miramos hacia un futuro lleno de tecnología, le doy la bienvenida a la posibilidad de nuevas profesiones y roles que quizás todavía no hemos considerado. Podríamos convertirnos en los arquitectos de nuestro propio futuro.
La meca del lujo y la sostenibilidad
Por si todo eso no fuera suficiente para mantenerte despierto por la noche, el proyecto Neom también incluye la isla Sindalah, que promete ser todo un símbolo de lujo. Claro, en el mundo actual donde el capitalismo parece reinar, parece que el lujo y la sostenibilidad están íntimamente unidos en esta visión del futuro.
El atractivo de un urbanismo que combina la modernidad con la naturaleza es algo que muchos ciudadanos anhelan. Pero, ¿qué tan accesible será este sueño cuando se constriña en la sombra de los costos y la gentrificación?
Mientras tanto, no olvidemos que la imaginación y la movilidad sostenible son solo una parte de este complejo rompecabezas. Ahora más que nunca, debemos preguntarnos si estos proyectos realmente atenderán las necesidades del pueblo o simplemente elevarán a unos pocos a un mundo de opulencia.
Reflexiones finales: ¿hacia dónde vamos?
Se nos presenta la oportunidad de reflexionar sobre nuestra vida, nuestras aspiraciones y los mundos que estamos creando. Cuando piensas en The Line, piensas en un nuevo estilo de vida, un entorno ideal, pero también deberías pensar en sus implicaciones.
Con la llegada de la automatización, el avance tecnológico es inevitable, pero debemos asegurarnos de que nadie se quede atrás. Es crucial que todos podamos beneficiarnos de las innovaciones que se presentan, y no se conviertan en un lujo reservado solo para unos pocos.
Entonces, para cerrar este ciclo de conversación, voy a dejarte una pregunta: cuando miras hacia el futuro de The Line y proyectos similares, ¿ves un lugar donde desees vivir o un campo de distopías deshumanizadas? Porque, al final del día, todos queremos un pedazo de ese futuro, y espero que lo obtengamos.
Así que la próxima vez que escuches sobre robots en la construcción o megaciudades, recuerda que el futuro no está escrito. Somos nosotros, como sociedad, quienes decidiremos cómo se verá realmente.
Puede que algunos sueños sean demasiado buenos para ser verdad, pero si trabajamos en conjunto, tal vez, solo tal vez, podamos construir un futuro donde la tecnología y la humanidad coexistan en perfecto equilibrio. Y si no, siempre nos quedará la limonada.