¿Alguna vez te has preguntado por qué, al pasear por las calles de Nueva York, te sientes como si estuvieras en un set de filmación lleno de decorados en vez de en una ciudad vibrante y real? Esa atmósfera se debe, en parte, a la presencia casi omnipresente de los andamios. Esos armatostes de metal y madera que parecen tener más vida social que muchas personas en la ciudad. Pero ¿por qué están ahí? ¿Y por qué algunos llevan más de 15 años instalados?

En este artículo, te invito a explorar la historia y la realidad detrás de este peculiar fenómeno urbano. A lo largo del relato, compartiré un par de anécdotas personales, algunas observaciones humorísticas y, por supuesto, datos interesantes que te harán pensar dos veces la próxima vez que camines bajo uno de esos andamios.

Orígenes de la «plaga de andamios»: la ley que cambió todo

Retrofiteemos un poco: el origen de esta situación tan peculiar radica en la Ley Local 10, implementada en 1980 tras una tragedia. Imagina a una joven paseando serenamente y, de repente, es golpeada por un trozo de mampostería caído de un edificio. ¡Zas! La seguridad de las aceras de Nueva York quedó comprometida. Esa tragedia llevó a las autoridades a regular la seguridad de las fachadas de edificios, especialmente los de más de seis pisos, a través de inspecciones cada cinco años.

Pero como muchos saben, la burocracia en la gran manzana puede ser tan robusta como un rascacielos. Así que, aunque la intención era noble, la realidad es que muchos propietarios, al enfrentar los elevados costos de mantenimiento, decidieron mantener los andamios en su lugar como una solución más barata y rápida que reparar los problemas estructurales. ¡Y así nació la famosa “scaffold blight” o plaga de andamios! De alguna manera, seamos honestos, Nueva York se siente un poco como ese amigo que siempre lleva el abrigo de más en verano: tal vez innecesario, pero ahí está.

Un fenómeno urbano inmutable

Caminando por Manhattan (mi barrio favorito), uno puede notar que hay más de 9,000 andamios distribuidos en la ciudad. Si se alinearan uno detrás del otro, tendríamos una longitud de alrededor de 640 kilómetros. Para contextualizar, eso es más largo que la distancia que separa a Nueva York de Washington D.C. ¿Quién necesita vuelos cuando se puede hacer un viaje por esos armatostes?

En una de esas caminatas, una vez me vi atrapado en una especie de laberinto de andamios, y juro que comencé a masticar el chicle de mi nerviosismo como si fuera un chicle de cada vez más sabor a menta. Los andamios se han convertido en una parte tan intrínseca del paisaje urbano que la noticia de que retiraron uno que llevaba 15 años en un solo lugar se siente casi como una celebración en la ciudad. Imaginen a los residentes organizando una fiesta con confeti y bocadillos: “¡Se fue el andamio de 15 años! ¡Vamos a brindar!”.

¿Y qué pasa con la seguridad?

Ahora hablemos de seguridad, porque si hay algo que la Ley Local 11 busca, es eso. Después de tantos años de andamios en nuestras vidas, no es sorprendente que la mayoría de la población neoyorquina esté más familiarizada con las normas de protección de fachadas que con sus propias rutinas matutinas. La ley actual exige que los propietarios inspeccionen sus edificios y reparen cualquier daño que pueda ser un riesgo para los peatones.

Un antiguo compañero de trabajo, que un día decidió almorzar bajo un edificio ligeramente deteriorado, me contó que, mientras disfrutaba de su sándwich de pavo, un ladrillo decidió hacerse solidario y caer junto a él. Desde entonces, cada vez que veo andamios, me recuerdo a mí mismo que un poco de precaución puede ser una buena idea (pero sí, seguí comiendo mis sándwiches).

La pandemia y el cuello de botella de los andamios

A veces uno se siente como si estuviera en un episodio de “Cazadores de mitos” cuando trata de entender el fenómeno de los andamios. La pandemia de COVID-19, que afectó a todos y a todo, detuvo muchos proyectos de infraestructura y obras de mantenimiento. Esto causó un cuello de botella en el sistema, lo que significa que los andamios se acumulan como si fueran piezas de un rompecabezas que nunca terminamos.

De hecho, si alguno de ustedes cree que la pandemia fue el momento perfecto para disfrutar de un poco de cielo despejado sin andamios, lamento estropear esa ilusión. Muchos de esos armatostes no se quitarán hasta que las ciudades reanuden sus operaciones normales. ¿No es gracioso pensar que la vida se siente un poco como un juego de Tetris, donde las piezas no encajan y a veces se superponen?

Alternativas al andamiaje: redes y mallas

Afortunadamente, la ciudad no se ha quedado de brazos cruzados. Se están utilizando redes y mallas protectoras como alternativas más modernas a los andamios. Imagina las redes como las mallas de un campo de fútbol; son más ligeras, más discretas y mucho más fáciles de instalar y retirar.

Además, las mallas son una excelente manera de prevenir que los escombros caigan al suelo sin transformar la acera en un auténtico laberinto de hierros. Una vez, mientras admiraba un edificio restaurado con mallas, no pude evitar pensar: «¡Ojalá fueran tan efectivas para contener las conversaciones incómodas en las reuniones de trabajo!». La realidad es que son una solución innovadora para un problema antiguo, lo que representa a Nueva York en su esencia: siempre buscando la manera de adaptarse y evolucionar.

Desafíos en el mantenimiento de los edificios

Ahora, si analizamos la raíz de este fenómeno, no podemos dejar de lado el hecho de que muchos edificios en Nueva York son verdaderas piezas de historia. La vida media de muchos de estos rascacielos es de varias décadas. Así que, para aquellos de nosotros que amamos contemplar lo antiguo y encantador, también debemos estar dispuestos a lidiar con los costos de mantener esos gigantes en pie.

Las reparaciones pueden ser costosas, y las disputas entre propietarios y autoridades por permisos y licencias pueden hacer que uno se rasque la cabeza en confusión. Una vez escuché a un amigo decir que “en Nueva York, si algo puede salir mal, lo hará. Y si algo puede llevarse un tiempo adicional, se llevará una eternidad”. Y eso, mis amigos, es tan cierto como que el café es un grupo alimenticio propio en esta ciudad.

Mirando hacia adelante: El futuro de los andamios en Nueva York

¡Así que, ¿qué sigue en esta saga de los andamios? Con el tiempo, a medida que la ciudad continúa modernizándose y buscando alternativas más rápidas y efectivas, es clave que los neoyorquinos y visitantes se mantengan en sintonía con los cambios. La ciudad ha demostrado que puede ser resiliente, lo que siempre es un signo positivo. Ya sea a través de redes protectoras o una mejor regulación de mantenimiento, hay algunas luces brillantes al final del túnel.

¿Pero volveremos a ver un día un Manhattan sin andamios? Esa es una pregunta que me gustaría responder, pero tengo la extraña sensación de que los andamios seguirán siendo parte integral del paisaje. Como esos viejos amigos que siempre regresan, incluso después de decir que “no volveré a llamarte”.

Conclusión: Amando y odiando los andamios

En resumen, si alguna vez te encuentras bajo un andamio en Nueva York, considera que estás en una especie de microcosmos de la vida urbana: lleno de historia, seguridad y muchos, pero muchos, desafíos. Los andamios reflejan). No solo son un símbolo de las complejidades arquitectónicas de la ciudad, sino que también nos cuentan sobre la naturaleza humana: buscar soluciones, enfrentar tragedias y siempre buscar lo mejor en una metrópoli en constante cambio.

Quizás la próxima vez que veas un andamio, en vez de fruncir el ceño, sonríe y recuerda que, en la gran manzana, nada es sencillo, pero todo tiene su razón de ser. ¡Salud por los andamios de Nueva York!