La historia de la recalificación de terrenos en Zaragoza ha capturado la atención de muchos, y no solo de los habitantes de la capital aragonesa. Justo cuando pensamos que los dramas urbanísticos tienen un toque de tensión digna de una serie de televisión, la realidad supera la ficción. Esta vez, el escenario es la avenida de Goya, donde el antiguo colegio Jesús y María se convierte en el epicentro del desacuerdo entre el Ayuntamiento de Zaragoza, liderado por el PP, y los vecinos, quienes no pueden evitar sentir que han sido desplazados de la conversación sobre el futuro de su propio barrio.
El trasfondo del antiguo colegio Jesús y María
El colegio Jesús y María, de cuya construcción data de los años 40, ha permanecido vacío desde 1995. Un cambio de propietarios llevó el lugar de las clases a la Bilbao Patrimonial S.A., que resulta ser la madre de todos los dramas urbanísticos que se avecinan. ¿Te imaginas tu antiguo colegio convertido en un complejo de lujo? Es un poco como ver a tu amigo del colegio convertirse en una estrella de rock: a veces, desearías que hubiese permanecido en la fila de la cafeteria.
En 2020, la empresa Wilcox reactivó los suelos. En su propuesta, el Ayuntamiento permitía la construcción de 170 viviendas, a cambio de un muy ansiado centro cívico, que los vecinos claman desde hace años. Durante meses, todo parecía ser parte de una negociación que podría terminar en una victoria compartida. Pero, como en toda buena historia, los giros inesperados no tardaron en aparecer. ¿Quién dijo que las negociaciones eran solo para adultos serios?
La recalificación: ¿un regalo o un atraco?
Aquí es donde la trama se complica. El Ayuntamiento de Zaragoza, en su empeño por sacar provecho de la situación, optó por la recalificación del terreno antes de cumplir con las promesas. Para muchos, esto tiene un toque de film noir. Si bien el PP sostiene que hay interés para la ciudad, los vecinos se sienten como si se les hubiera dado una palmada en la espalda mientras se le arrebata un tesoro.
El grupo municipal del PSOE no se ha quedado callado ante esta maniobra, apuntando que la recalificación es, en pocas palabras, un «chantaje» por parte de Wilcox.
“Nos hemos enterado por la prensa… muy triste”, dice Carlos Terrer, un vecino que lleva 20 años esperando respuestas.
Imagina tener que informarte sobre el futuro de tu barrio a través de los titulares noticiosos. Es un poco como enterarte de que tu amigo se muda a otro país por Facebook, ¿verdad?
Lo que se prometió y lo que se entregó
El convenio final entre el Ayuntamiento y Wilcox se cuantifica en 6 millones de euros. Sin embargo, esta cifra se ha convertido en un juego de ilusión. Lo que se estaba planteando no se está cumpliendo. En vez de un edificio completo, Wilcox aportará 3.4 millones en metálico y 2.5 millones en terreno, pero sin el tan esperado equipamiento público. En otras palabras, el Ayuntamiento se queda con la parte menos sabrosa del acuerdo, construyendo un centro cívico sin un compromiso firme de cuándo o cómo.
Nos sentimos en un circo romano. Las promesas fueron como un buen truco de magia: desaparecieron justo cuando más los necesitábamos.
La batalla por el centro cívico
Los vecinos han tomado cartas en el asunto. Desde la Asociación de Vecinos Puerta del Carmen, el sentimiento es de indignación. Una derrota que se siente más amarga cuando te das cuenta de que el centro cívico sería el primer espacio significativo para el barrio. En una ciudad donde los espacios públicos están en constante disputa, esto se siente como un último rayo de esperanza ¡y que se apaga rápidamente!
El conejo está atrapado en la chistera, y la pregunta ahora es: ¿podrán los vecinos, cansados pero determinados, reclamar lo que les prometieron, o se conformarán con lo que les den?
Promesas incumplidas: la voz de los vecinos
Imagínate esperando en una fila por tu comida favorita durante meses, solo para que al llegar a la caja te digan que el plato ya no está disponible. Así es la frustración que sienten muchos vecinos por el tratamiento que han recibido.
Con cada nuevo desarrollo urbanístico, los vecinos creían que finalmente tendrían ese centro cívico que tanto necesitaban. En lugar de eso, ahora se sienten como si Wilcox estuviera cobrando a precio de oro cada centímetro de la tierra que solía ser su colegio. Y cuando la alcaldesa insinuó que el acuerdo podría devolver a los ciudadanos un nuevo parque, la incredulidad fue palpable. ¿Es un parque suficiente para compensar la falta de un espacio comunitario?
La ironía de la «monetarización»
El consejero municipal de urbanismo, Víctor Serrano, comentó que el interés del Ayuntamiento es la monetarización para poder construir el centro cívico cuando se «pueda». Una pizca de ironía es evidente aquí, ya que todos sabemos que cuando algo se dice «cuando se pueda,» a menudo significa que no deberíamos estar sosteniendo la respiración mientras esperamos.
Después de todo, el costo de instalaciones similares en la ciudad ha superado los 5 millones de euros en otros casos similares. De hecho, el centro cívico de Delicias tuvo un costo cercano a los 6 millones. Así que, amigos, ¿por qué el resto de la ciudad puede permitírselo y su barrio no puede conseguir lo que le corresponde? Aquí es donde las preguntas comienzan a amontonarse.
Reflexiones finales: el futuro de Zaragoza
Es impresionante cómo un solar puede hacer que todo un barrio se mobilice. Al final del día, la recalificación de los terrenos no es solo cuestión de ladrillos y cemento. Es sobre la vida comunitaria, la conexión con los vecinos y cómo estos espacios nos moldean.
Un cambio en la ciudad es inevitable. Pero, ¿será este el tipo de cambio que beneficiará a quienes realmente lo necesitan? ¿O está destinado a satisfacer las necesidades de una promotora privada, mientras el resto se queda con las manos vacías?
Es hora de que los vecinos de Zaragoza se levanten, alzando la voz por lo que merecen. La historia del antiguo colegio Jesús y María continúa en un laberinto de promesas rotas y expectativas incumplidas. Como siempre, solo el tiempo dirá qué resultados locales se les darán a los insufribles conflictos de intereses entre el desarrollo privado y el bien común.