Desde hace un tiempo, Madrid se ha convertido en el epicentro de un intenso debate sobre fiscalidad, gasto público y, como no podía ser de otra manera, la figura de su presidenta, Isabel Díaz Ayuso. Este artículo tiene como objetivo desglosar, de una manera amena y conversacional, las distintas facetas de la situación actual de la Comunidad de Madrid en relación a la gestión de sus recursos financieros. Tras ello, quizás logremos entender si realmente se están haciendo mejoras o si más bien estamos ante una serie de contradicciones que podrían traer en el futuro un profundo impacto en la vida de miles de madrileños.

La promesa de mejoras: ¿realidad o mero discurso?

Durante el reciente debate del Estado de la Región, Ayuso prometió mejoras en casi todas las infraestructuras y servicios de la comunidad mientras anuncia su intención de seguir reduciendo impuestos. Todas esas son palabras muy bonitas, ¿no es cierto? Pero, aquí es donde se nubla el horizonte. Según los informes del Ministerio de Hacienda, Madrid disparó su gasto en un 12% en 2023. Se dice pronto, pero eso es un buen trozo de cambio: ¡un 12%! En la jerga técnico-administrativa se le conocería como una contradicción estructural, pero para los más despistados, eso simplemente significa que estamos gastando más de lo que realmente está entrando.

Ayuso también se mostró «confiada» de que esta estrategia fiscal, que incluye reducir impuestos, funcionará. Pero, ¿realmente podemos reducir la carga fiscal y al mismo tiempo mejorar los servicios públicos? Me recuerda a aquel amigo que siempre se ofrece a pagar la cuenta, pero nunca lo hace. En la teoría es bonito, pero en la práctica, terminamos quedándonos con la cuenta en la mano.

Un gasto que alarma: el contexto actual

Volviendo al tema, el informe de la AIReF advierte sobre los riesgos de incumplimiento en el próximo año. Con las nuevas reglas fiscales de la Unión Europea en la mesa, la realidad es que Madrid ha visto un aumento significativo en el coste de su deuda, ascendiendo un 50%, lo cual eleva el gasto a considerar para el próximo año.

En tiempos en que todos estamos intentando hacer malabares financieros para llegar a fin de mes, ver cómo la administración pública gasta cifras desorbitadas en deudas puede generar hasta cierto grado de indignación. Imaginen que vuestras familias tienen que atender a una deuda creciente mientras siguen diciendo que lo cortan todo. ¿No les resulta una contradicción monumental?

Si analizamos las partidas de gasto que están aumentando más, la incertidumbre se vuelve aún más estridente. Los expertos advierten que este aumento puede ser una táctica de Ayuso para elevar el nivel de gasto antes de 2025, año en el que la Comisión Europea intensificará su vigilancia sobre el incumplimiento de las reglas fiscales. Vamos, que no pinta bien.

La guerra fiscal: ¿un juego de apuestas?

Hablando de impuestos, Ayuso ha liderado una política de bonificación de impuestos que ha generado un verdadero torbellino en torno al tema fiscal. Según denuncia Más Madrid, su administración ha eliminado impuestos por valor de 6.010 millones de euros. Ciertamente, suena atractivo regalarle un extra de dinero a los ciudadanos, pero cuidado… Porque, justo entonces, suena el alarmante tambor de las cuentas públicas.

La presidenta ha lanzado una nueva batería de rebajas fiscales, ampliando bonificaciones y reduciendo aún más impuestos sobre sucesiones y donaciones. Pero, aquí es donde viene la parte irónica: nuestra querida Ayuso se posiciona como la salvadora fiscal de Madrid mientras que el creciente gasto en otras áreas y el déficit de ingresos empiezan a girar en círculos peligrosos.

¿Acaso no es un poco paradójico hablar de “ayudar a los ciudadanos” cuando, por otro lado, el ayuntamiento carece de opciones de inversión en servicios básicos? Es como si voláramos en primera clase por encima de un pozo sin fondo. Para ser honestos, eso no le serviría a nadie.

Financiación singular: una hipocresía evidente

En medio de todo este torbellino fiscal, Ayuso también se ha manifestado en contra de una financiación singular para Cataluña, lo que, según parece, se contradice con sus intenciones de ayudar a la Comunidad Valenciana con su deuda. La política, ese juego de ajedrez donde cada movimiento parece crearse para dañar al adversario y mejorar la percepción de uno mismo.

Durante la discusión sobre la financiación autonómica, Ayuso ha propuesto la independencia fiscal de la Comunidad de Madrid. En sus propias palabras, no necesita «singularidad» ni «conciertos». ¡Ay, la libertad financiera! Pero… ¿acaso no es un poco confuso querer independizarse del estado a la vez que se propone ayudar a algunas comunidades? No sé ustedes, pero a mí eso me suena a un doble rasero.

¿Es el camino del gasto excesivo el correcto?

Hay quienes argumentan que el modelo de reducción de impuestos de Ayuso ha hecho de Madrid un lugar atractivo para vivir y trabajar. Puedo imaginarme a ingleses y alemanes llamando al piso de al lado, preguntando sobre la posibilidad de mudarse: “¿Así que me dices que no voy a pagar impuestos en Madrid? ¡Genial, voy a comprar el primer billete de avión!”.

Sin embargo, como madrileña y confiando en la honestidad, pienso que el ahorro fiscal no lo es todo si las consecuencias a medio y largo plazo incluyen un debilitamiento de los servicios públicos. La ironía salta de inmediato, porque cuando se cuestiona la calidad de la asistencia pública, ese gran argumento de “bajemos los impuestos” suena cada vez menos convincente.

En otras palabras, Madrid puede haber sido el lugar al que todos querían ir, pero a medida que las infraestructuras pasan a un segundo plano y aparecen nuevos gastos, es posible que la «ciudad más deseada» se convierta en un lugar sin servicios que valgan la pena.

Reflexión final: ¿hacia dónde vamos?

Aquí estamos, ante una crisis y un camino incierto. Isabel Díaz Ayuso, con su audacia política, ha jugado sus cartas, pero cada jugada tiene su coste y cada medida fiscal tiene su eco. La contradicción en sus propuestas está dando lugar a un debate importante sobre la sostenibilidad fiscal que, no cabe duda, seguirá acompañándonos por un buen tiempo.

La atención está dividida; hay quienes apoyan su valentía, mientras otros cuestionan las decisiones que podrían comprometer el futuro y la estabilidad del bienestar de los madrileños.

Así que, para cerrar, me dejo una pregunta en el aire: ¿seremos capaces de encontrar el equilibrio entre presión fiscal y gestión de servicios públicos? Porque al final del día, el bienestar de miles de ciudadanos está en juego. Recuerden, no se trata solo de hacer malabares con números, se trata de la vida, la economía y, sobre todo, de la gente que vive aquí. Y en ese sentido, no olvidemos que, en Madrid, nuestra competencia política tiene un costo que, tarde o temprano, tendremos que pagar.