En estos días, mientras tomaba un café y leía las noticias, me di cuenta de algo: el mundo está en un punto de inflexión. No, no es solo una frase de película de acción; realmente estamos viviendo tiempos en los que cada conflicto, cada decisión política, y cada movimiento de un pequeño país puede tener repercusiones a nivel global. ¿Por qué deberíamos preocuparnos? Bueno, sigamos conversando sobre ello.

El conflicto israelí-palestino y su impacto

Para aquellos que no han estado siguiendo de cerca lo que sucede en Medio Oriente (a veces se siente como una mala serie de televisión que nunca termina), el conflicto entre Israel y Palestina ha vuelto a resurgir con fuerza. Benjamin Netanyahu y su gabinete ultraortodoxo y de extrema derecha han incrementado la tensión, creando un ambiente donde las palabras se convierten rápidamente en misiles.

Históricamente, la idea del «Gran Israel», que se extendería desde el Nilo hasta el Éufrates, ha sido un tema recurrente. En este contexto, no es sorprendente que el historiador israelí-británico Avi Shlaim reconozca la posible «limpieza étnica de Gaza y la anexión real de Cisjordania». Uno se pregunta, ¿dónde está la comunidad internacional cuando más se necesita?

No es solo un problema regional

Para complicar aún más las cosas, el conflicto no solo está limitándose a un intercambio de misiles. Recientemente, Israel ha anunciado que podría atacar a Irán. Esto es algo que, debo confesar, me asusta un poco. ¿Quién no ha tenido esos días en los que una sola decisión puede desencadenar un efecto dominó? Imagínense un ataque a las instalaciones nucleares de Irán, seguido de una contraofensiva. La escalada podría ser la chispa que encienda un incendio que consuma no solo Medio Oriente, sino también nuestras economías globales.

El temor a la recesión mundial

Ahora, todo esto tiene un impacto real en la economía mundial. La administración Biden está particularmente preocupada por cómo un deterioro económico podría afectar las elecciones de noviembre, y no es para menos. Con los huracanes que han sacudido la costa y la huelga de estibadores, hay un clima de incertidumbre que se siente en el aire.

La verdad es que, según Ahmet Kaya, economista principal del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social del Reino Unido, “una guerra abierta exacerbaría la inestabilidad en los mercados globales”. Así que, si me lo preguntan, ¿qué más se necesita para que todos los inversores se sientan incómodos?

La economía no se detiene

Y hablando de economía, se ha estimado que una escalada de este tipo podría elevar el precio del petróleo a cifras estratosféricas. ¿Recuerdan cuando el barril de petróleo llegó a 130 dólares después de la invasión rusa a Ucrania? Imaginen lo que pasaría si el cruce de ataques entre Tel Aviv y Teherán se convierte en algo habitual.

El 2% de aumento en el costo del crudo podría retirar entre 4 y 6 décimas del PIB global. Esto no suena grave, ¿verdad? Quizás hasta se podría pensar que es como subir un poco el volumen del televisor. Pero si la prima de riesgo se dispara, nos puede dejar en una situación como la que se vivió en la crisis de 2008. ¡Y no quiero volver a eso!

Un vistazo a las potencias regionales

Mientras tanto, las cosas se están complicando para países como Irán y Arabia Saudí. Irán está lidiando con un rial débil, falta de ingresos y una economía que se asemeja a una montaña rusa de mal gusto. Por otro lado, Arabia Saudí se enfrenta a una fuga de capital que podría dejarlo al borde del abismo. Con todo esto en mente, ¿dónde queda la estabilidad económica en la región?

Según las últimas cifras, el PIB de Israel se ha contraído un 4,1% durante el año de conflicto. La OCDE prevé que esta tendencia negativa continúe si la situación no mejora pronto. No obstante, no podemos olvidar que el efecto dominó de estas crisis afectará a otros países que no tienen nada que ver con el conflicto en sí.

La reacción siempre está a la vuelta de la esquina

La reacción de las potencias mundiales podría ser el factor decisivo. Durante la ocupación israelí del Líbano en 2006, las circunstancias eran diferentes. Ahora, Estados Unidos, como primer productor de petróleo, tiene otras cartas que jugar. Pero, ¡ay de nosotros si el trasiego por el Estrecho de Ormuz se ve comprometido! Esto podría cortar radicalmente el suministro de crudo, y eso es algo que nadie prematuro desea.

Un cataclismo en la industria energética podría significar un costo que sería difícil de cuantificar. ¿Y sucede esto en medio de un año electoral en EE.UU.? Definitivamente, hay una mezcla explosiva en el aire.

Un efecto en cascada

Mientras Israel enfrenta su crisis, Palestina vive una situación aún más crítica. Con una contracción del 35% en el PIB y un 86% en Gaza, la situación es escalofriante. ¿Qué tipo de vida se puede llevar en medio de esto? Las infraestructuras se han convertido en escombros, y nadie parece tener un plan en marcha.

Durante una conversación con un amigo, me contaba sobre su visita reciente a la región. Al regreso, me dijo que la primera cosa que le impactó fue la falta de servicios básicos, algo que muchos de nosotros damos por sentado. De hecho, yo a veces me quejo si mi wifi está lento; ¿y ellos sin agua potable?

Mirando hacia el futuro

El futuro parece sombrío, y a pesar de la aparente calma, todos sabemos que solo se necesitan unas pocas decisiones desafortunadas para encender la mecha. ¿Es posible que los líderes encuentren una solución antes de que sea demasiado tarde? El tiempo dirá. Mientras tanto, el resto del mundo irá ajustando sus cinturones y esperando lo mejor.

Las palabras de Tina Fordham, exanalista de Citi, son muy relevantes aquí: “No es aún una tormenta perfecta, pero la constelación de riesgos se ha alineado hasta el punto de no descartar aterrizajes bruscos”. Así que a medida que seguimos adelante con nuestras vidas cotidianas, seamos conscientes de que el mundo está en una balanza.

En conclusión, lo que sucede en Medio Oriente no es solo un problema lejano. La red se ha tejido de tal manera que cada pequeño cambio resuena en el resto del mundo, desde nuestros bolsillos hasta nuestras elecciones. Y quizás la próxima vez que tomemos un café y leamos sobre el mundo, podríamos recordar que todos estamos conectados en esta danza caótica de la geopolítica.

Así que, la próxima vez que sientas que el conflicto no te afecta, recuerda: cada naciente crisis tiene el potencial de convertirse en un tsunami económico. ¿Estás listo para surfear las olas?


Espero que te haya disfrutado leer esta reflexión tanto como yo disfruté escribirla. ¿Cuáles son tus pensamientos sobre el actual clima geopolítico? ¡Déjalos en los comentarios! 🙌