En un mundo donde las cifras y los números hacen eco en la realidad de las empresas, el informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) nos recuerda que la competitividad fiscal en España está en juego. La conversación sobre la fiscalidad no solo es un tema de suma y resta; es un asunto que afecta la vida de miles de emprendedores y trabajadores. Y seamos honestos, ¿a quién le gusta hablar de impuestos? Es casi tan emocionante como ver cómo se seca la pintura. Sin embargo, es un tema vital para el futuro económico del país.

Contexto actual: impuestos a la vista

Este lunes, el IEE presentó un diagnóstico que no es precisamente alentador. En un clima donde los tipos impositivos son más altos que la media europea, la presión sobre las empresas sigue al alza. Este informe llega en un momento crítico para el gobierno que, según fuentes, pretende elevar la recaudación fiscal, ¿y a qué precio? Pues, como dicen en la bolera: el precio puede ser un poco alto.

La reforma fiscal: ¿arma política o necesidad real?

La propuesta de reforma fiscal del gobierno no ha pasado desapercibida. Abordando medidas que van desde la fiscalidad de la banca hasta cambios en el IVA, esta reforma ha sido objeto de críticas por parte de los representantes del IEE. Esto, claro, se debe a que muchos consideran que esta propuesta no está diseñada para la justicia fiscal, sino más bien es un juguete en manos de la política.

Gregorio Izquierdo, director general del think tank de la patronal, con cierto sarcasmo y agudeza, argumentó que no es momento de aumentar impuestos. Con una recaudación de 95.000 millones superiores a la de antes de la pandemia, ¿no sería más sensato preguntarse dónde se está invirtiendo ese dinero? Esa pregunta, amigos, es el clavo ardiente al que todos queremos responder.

Las cifras que hacen ruido: competitividad fiscal en picada

El informe del IEE no se detiene en la superficie. Presenta datos que podrían hacer que cualquier empresario sienta un ligero escalofrío. La competencia no solo está en el mercado; también está en los impuestos. Con España cayendo del puesto 31 al 33 en el índice de competitividad fiscal elaborado por Tax Foundation, se hace evidente que se están perdiendo posiciones en un tablero donde cada movimiento cuenta. ¿Y qué hay de los empresarios que intentan abrirse camino?

Seamos sinceros, el panorama fiscal no es precisamente un abrazo cálido. La presión fiscal sobre las empresas en España está 17% por encima de la media de la UE, y eso sin considerar una economía sumergida que, como muchos especulan, podría ser un pez gordo en el mar de la contabilidad. Esto plantea la pregunta: ¿realmente estamos fomentando un entorno empresarial saludable o estamos favoreciendo un campo de batalla?

La trampa de la recaudación

A pesar de que el gobierno ha incrementado la recaudación, el déficit y la deuda han aumentado en comparación con 2019. Es un ciclo que suena a mal chiste: subir impuestos para ver crecer el déficit. Fernández de Mesa, presidente del IEE, no se cortó al afirmar que el problema no reside en la recaudación, sino en el gasto. A veces parece que estamos tratando de llenar un cubo con un agujero en el fondo. ¿No sería mejor arreglar el agujero primero?

Cambios legislativos y sus implicaciones

La propuesta de cambios en la fiscalidad incluye un endurecimiento de la imposición sobre las sociedades cotizadas de inversión inmobiliaria (socimis) y la eliminación de la exención del IVA a seguros sanitarios privados. Una serie de medidas que generan, por supuesto, más enojo que aplausos, especialmente entre aquellos que luchan por una inversión más equilibrada.

Pero en medio de todo esto, no podemos olvidar el impacto de estas decisiones en la percepción internacional sobre nuestro país. Los inversores extranjeros que deben lidiar con un entorno impositivo a menudo confuso y cambiante, pueden decidir mirar hacia otros horizontes más amables. Hablando de inversión extranjera, ¿qué caso tiene atraer dinero si lo primero que se ve son impuestos ahogadores?

Economía sostenible: cuestión de gasto

Todo esto me trae a la mente una conversación que tuve hace poco en un bar, donde un amigo me dijo que su economía familiar es similar a la de un país. ¡Es cierto! En su caso, cuanto más try a ahorrar y el gasto es pintoresco, pero a la hora de la verdad, ahí está el cargo de la tarjeta de crédito asomándose como un ladrón en la noche. Así que, para el gobierno, ¿es tan complicado revisar la lista de gastos, incluso si esto significa recortar algunas de las «suscripciones premium», por así decirlo?

No todo puede ser atractivo y bueno en la administración del gasto estatal. La necesidad de transparencia y eficacia en el mismo se hace urgente. ¿Dónde va todo ese dinero que recaudan?

Mirada hacia el futuro: ¿Cómo salir de este laberinto fiscal?

Una de las preguntas más desgastadas en términos de política económica es, ¿qué podemos hacer para mejorar nuestra competitividad fiscal sin sacrificar el sistema de bienestar que tanto defendemos? Este equilibrio es complicado y puede traer malas decisiones. Un intento de mantener el aumento del gasto sin considerar una reducción de la carga fiscal en las empresas puede resultar en un dilema político que no se resuelve fácilmente.

Al final del día, una reforma fiscal bien estructurada podría traducirse en un entorno más atractivo para los negocios. Alguien debería recordarle al gobierno que cuando las empresas prosperan, todos se benefician como colectivo. ¿Qué tal si invertimos en incentivos para PYMES?

Reflexión final: el impacto real

Al sopesar todas estas preocupaciones, parece que el balance está inclinado hacia un lado. La necesidad de un cambio urgente es cada vez más crítica. La competitividad fiscal no es solo un término que los economistas discuten en conferencias de alto nivel; se traduce en empleos, inversiones y, en última instancia, en la calidad de vida de todos nosotros.

Cierro esta reflexión con una pregunta retórica: ¿quién no quiere ver a España emergiendo como un líder en competitividad fiscal? Después de todo, el entorno fiscal debería ser un puente hacia el crecimiento, no una trampa que nos mantiene en un círculo vicioso.

Así que te pregunto, ¿estamos listos para un cambio en la forma en que pensamos sobre los impuestos y su papel en la sociedad? La batalla fiscal no solo se librará en los pasillos del Congreso, sino que también se librará en las oficinas, las fábricas, y en cada rincón donde se rema por un futuro mejor. Las decisiones de hoy impactarán en el mañana, ¡y eso no es un chiste!