La política, como dice el viejo refrán, es un juego de ajedrez. Sin embargo, lo que está sucediendo actualmente en América del Norte se asemeja más a una partida de damas en la que las piezas se están moviendo sin ton ni son. Todo esto filtra un aire de incertidumbre, especialmente tras la reciente victoria de Donald Trump en las elecciones. Sí, el magnate de los negocios ha vuelto al poder y, con él, un conjunto de aranceles que amenaza con desestabilizar la relación más larga e intrincada de la historia reciente entre Estados Unidos, México y Canadá.

Un repaso a la historia reciente: la relación entre EE.UU., México y Canadá

Desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, los tres países han trabajado juntos en su economía. (Recuerden esos días de los 90, cuando la mayor preocupación de los adolescentes era decidir qué canción era mejor: «Smells Like Teen Spirit» o «Wannabe». Ah, tiempos más simples…) Este tratado impulsó el comercio trilateral, creando una sinergia única en la economía de la región.

Pero lo que parecía un camino hacia la prosperidad se ha transformado en un camino pedregoso. Con el regreso de Trump, hemos visto cómo las viejas disputas resucitan, y los nuevos aranceles han entrado en juego como si fueran fichas en un tablero de Monopoly. Pero, ¿cuáles son las implicaciones reales de estos cambios?

La doble cara de los nuevos aranceles

Trump ha decretado un arancel del 25% a las exportaciones de México y Canadá. Si bien parece que la intención es “proteger” la economía estadounidense, en el fondo hay una serie de consecuencias que afectan mucho más a sus aliados que a sus adversarios.

Pongámonos en el lugar de los mexicanos. Imagínate que, tras años de colaboración, de repente se te informa que tu mejor amigo no solo se ha mudado a una casa más grande, sino que encima ha decidido cobrarte por entrar a su jardín. (¿Es sólo a mí o esto suena a una mala comedia romántica? «Te amo, pero también te voy a cobrar por las palomitas.»). Sin embargo, las políticas arancelarias de Trump crean un efecto en cadena.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha tenido que encontrar la manera de lidiar con un compañero de juego que actúa más como un bully que como un socio. Con una actitud serena, está trabajando para mantener abiertas las líneas de negociación. Después de todo, ¿quién quiere una guerra comercial donde todos pierden?

La respuesta de Canadá: un «no más»

Por su parte, Justin Trudeau no se ha quedado de brazos cruzados. La respuesta de Canadá fue casi inmediata, y en un claro «no más» a la toma de decisiones unilaterales de Trump, el Primer Ministro ha comenzado a aplicar aranceles recíprocos. Esto es como si, después de que tu amigo te cobrara por la entrada a su casa, tú decidieras cobrarle también por utilizar tu Wi-Fi. Las relaciones entre ambos países, que durante mucho tiempo se han basado en la cooperación, ahora están bajo tensión.

Mirando más allá del drama: ¿una nueva era de soberanía?

Lo que parece un juego de poder está, en realidad, planteando una nueva concepción de la soberanía en América Latina. A través de estas medidas, Trump está enviando un claro mensaje a otros países: «Si no sigues mis reglas, sufrirás las consecuencias». A esto, varios líderes latinos están respondiendo, aunque con distintas estrategias.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, también ha sido víctima de las amenazas arancelarias. Sin embargo, su respuesta ha sido más diplomática que agresiva, presentándose como un mediador eficaz en medio del revuelo. Cada vez que un líder latinoamericano se ve empujado a la esquina, se siente una oleada de solidaridad entre ellos. (Un poco como esos momentos en las películas de superhéroes donde todos se juntan para derrotar al villano.)

No obstante, no todos los presidentes reaccionan de la misma manera. Algunos, como el ultraderechista Javier Milei de Argentina, parecen estar tratando de alinearse con Trump, buscando un tratado comercial que, en última instancia, podría ser más perjudicial que beneficioso para su país. En este aspecto, solo el tiempo dirá si estamos viendo un cambio positivo o un deslizamiento hacia un conflicto más profundo.

Las sombras del narcotráfico y la economía: retos adicionales

Al mismo tiempo, el flujo de fentanilo desde México ha complicado aun más las relaciones entre los países. Este narcótico es una de las principales preocupaciones para Trump y, aunque da la impresión de que está usando los aranceles como una forma de presión, el problema del narcotráfico es mucho más complicado de lo que parece a simple vista.

No obstante, Sheinbaum y su administración han estado haciendo esfuerzos significativos en la lucha contra el narcotráfico. Han incautado toneladas de drogas, lo que ha ayudado a ganar ciertos puntos en el debate público. Sin embargo, la sombra del narcotráfico sigue acechando, y eso es algo que Trump no puede ignorar, a pesar de sus frecuentes presiones.

La pregunta del millón: ¿un futuro de colaboración o confrontación?

Ante esta complejidad, muchos se preguntan: ¿cuál será el futuro de la cooperación en América del Norte? Esta pregunta ronda la mente de políticos, economistas, y… bueno, de cualquier persona que tenga más de dos dedos de frente. ¿Estamos al borde de una era de confrontación abierta, o hay espacio para un nuevo tipo de negociación que respete la soberanía de cada nación?

Es difícil de predecir, pero alguien tiene que dar ese primer paso. Cuando Trump habla de imponer aranceles con el objetivo de proteger a los estadounidenses, lo que realmente está planteando es un dilema sobre si el proteccionismo a corto plazo es mejor que la colaboración a largo plazo.

La presidenta Sheinbaum ha abogando por mantener el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC) y enfatizando la importancia del comercio para la economía de todos los países involucrados. También ha hecho un llamamiento a la empatía, diciendo: «No somos responsables de todo lo que sucede, ni de la migración ni del narcotráfico. Hay que mirar a la raíz del problema».

La conclusión: ¿esperanza y un poco de miedo?

Un punto crucial es que tenemos ante nosotros una excelente oportunidad para redefinir la dinámica entre las naciones. En lugar de ver a los países vecinos como adversarios, tal vez deberíamos considerar todas las posibilidades de cooperación que pueden surgir de estos momentos inciertos. ¿Podrían los líderes de América del Norte sentarse a la mesa y hablar de manera honesta y abierta?

La historia nos ha enseñado que, muchas veces, del conflicto emergen decisiones más sabias y colaborativas. Sin embargo, el dilema que enfrenta América del Norte es uno de responsabilidad compartida, comprensión y un poco de sentido del humor para navegar estas aguas inciertas.

Así que, amigos lectores, mientras las balas vuelan en este tablero de ajedrez político, mantengamos la atención en el centro. Quien sabe, el juego puede dar un giro y, tal vez, se unirá a la conversación de manera más civilizada. ¡Y si no, al menos tendremos buenas historias que contar en las reuniones familiares!