Este 2024 nos ha dejado una pérdida significativa en el mundo del arte: el fallecimiento de Juan Luis Goenaga, un hombre que, a lo largo de sus 74 años, se convirtió en una figura emblemática de la creatividad y el ascetismo. En este relato, te invito a un viaje a través de su vida y obra, donde exploraremos cómo este artista se movió entre las sombras de su propio mundo interior y la luz radiante de su legado creativo.

Un artista multidimensional: la mezcla indescifrable

Cuando pienso en Juan Luis Goenaga, no puedo evitar imaginarlo como una mezcla fascinante de Robinson Crusoe, el ermitaño Saturio y el filósofo Henry David Thoreau. Este trío, aunque de épocas y aventuras muy distintas, comparte algo esencial: el anhelo de la introspección, el silencio y la búsqueda de un sentido más profundo en la vida. Goenaga lo fue un poco todo. En sus diversos papeles, exploraba la creatividad desde perspectivas contradictorias y enriquecedoras.

¿Alguna vez has sentido que, en nuestra búsqueda por ser productivos, olvidamos la importancia de simplemente ser? Goenaga nos recuerda que hay una belleza profunda en los momentos de reflexión, incluso en la soledad. Así como Thoreau se retiró a los bosques de Walden, Goenaga también encontró su propio refugio en la soledad, lo que le permitió crear obras que resonaran con aquellos que buscan un sentido más profundo en la vida.

La dualidad del artista y el hombre común

Goenaga, nacido en San Sebastián en 1950, no solo era un artista que se dedicaba a pintar; era un hombre con una curiosidad insaciable sobre la naturaleza humana y sus limitaciones. Al igual que muchos de nosotros, se encontraba atrapado en un tango entre el deseo de expresarse y la necesidad de conectarse con los demás.

Recuerdo una conversación con un amigo sobre la definición de un artista. (¿Es solo alguien que crea arte?) Mi amigo opinaba lo contrario; decía que un verdadero artista también debe ser un buen observador. Quizás eso es lo que hizo tan especial a Goenaga. Su capacidad para observar el mundo que le rodeaba se tradujo en su trabajo, que estaba impregnado de una calidad casi espiritual.

El arte como forma de comunicación

En la sociedad moderna—donde el ruido y la sobrecarga de información son moneda corriente—Goenaga nos ofrece una lección valiosa sobre el poder del arte como forma de comunicación. Las imágenes que creaba no solo eran experiencias estéticas, sino puntos de conexión emocional. Eran una forma de diálogo que trascendía las palabras y abordaba lo que a menudo se siente incomunicable.

Piénsalo así: cuando miras una pintura, ¿sientes que el artista está tratando de decirte algo? Esa es la magia del arte. Goenaga lo sabía muy bien y dedicó su vida a crear obras que pudieran hablar a las almas de quienes tenían el privilegio de contemplarlas.

La influencia de la soledad en su obra

Es fascinante considerar cómo la soledad puede influir en la creatividad. Al igual que muchos creadores a lo largo de la historia, Goenaga utilizó la soledad como un trampolín para sus pensamientos e ideas. Si alguna vez has pasado tiempo a solas, ya sabrás que pueden surgir pensamientos profundos. Mi propia experiencia al caminar solo por el campo, donde el murmullo de los árboles y el canto de los pájaros crean una melodía única, me hace reflexionar sobre la esencia de la vida.

Para Goenaga, la soledad no era algo que evitar, sino un espacio para el crecimiento. En su trabajo, podemos ver cómo navigó por la melancolía y la alegría, a menudo entrelazando temas que reflejaban su propio viaje personal. Cada trazo y cada color eran manifestaciones de su espíritu, de su búsqueda de un significado que a menudo se elude.

La conexión con el público

Definitivamente, un momento clave en la vida de cualquier artista es su conexión con el público. A veces me pregunto, ¿qué siente un artista cuando ve a alguien frente a su obra? Puede ser un puñado de risas, lágrimas, asombro… La oportunidad de tocar las vidas de los demás es algo que no se debe subestimar. Goenaga entendía esto profundamente, y a pesar de su naturaleza introspectiva, sus obras resonaron a lo largo y ancho de España y más allá.

Historias sobre su encuentro con el público al presentar sus exposiciones son entrañables. Recuerdo un anécdota en particular: una espectadora emocionada se acercó a él y le comentó cómo una de sus pinturas la había inspirado en un momento de crisis. Goenaga, con su característico sentido del humor y humildad, simplemente sonrió y dijo: “Eso es lo que el arte debería hacer. A veces, una imagen puede hablar más que mil palabras.”

La huella de Goenaga en el mundo del arte

A lo largo de su carrera, Goenaga dejó una huella imborrable en el mundo del arte contemporáneo. Desde sus primeros años en San Sebastián hasta su vida en Madrid, su trabajo ha sido un reflejo de las propias luchas y alegrías de una vida dedicada a la creación.

¿Alguna vez te has preguntado cómo los artistas influyen en nuestra percepción de la realidad? Cada obra de Goenaga, cada exposición, no solo reveló su visión del mundo, sino que también nos invitó a cuestionarnos acerca de nuestras propias vivencias y emociones. Y eso es algo verdaderamente poderoso. Su legado no se limita al arte que dejó atrás, sino también a las conversaciones que provocó.

La relevancia contemporánea de su obra

En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, es interesante ver cómo la obra de Goenaga sigue siendo relevante hoy en día. Su capacidad de explorar temas universales como la soledad, la conexión humana, y la búsqueda de significado son tan pertinentes ahora como lo eran en las décadas en las que trabajó.

La pandemia de COVID-19 amplificó la soledad y el aislamiento en muchas vidas. En muchos sentidos, la obra de Goenaga puede servir como un espejo para entender cómo todos enfrentamos esos desafíos. Nos incita a reflexionar: ¿cómo encontramos conexión en un mundo en el que, a veces, nos sentimos más aislados que nunca?

Reflexiones finales: el legado de un náufrago del arte

El fallecimiento de Juan Luis Goenaga es, sin duda, una llamada a la reflexión sobre no solo lo que significa ser un artista, sino también lo que significa ser humano. Nos ha dejado un legado que va más allá de su obra: nos ha recordado la importancia de la introspección, de la conexión y del arte como un vehículo para la comunicación.

Así que, ¿qué nos queda después de su partida? Tal vez la respuesta sea más simple de lo que parece: debemos seguir creando, observando y reflexionando. La vida, al igual que el arte, es un proceso continuo que no debe ser apresurado. Cada uno de nosotros, de alguna manera, es un “náufrago” buscando su propio significado en un mundo en constante océano de movimientos y cambios.

Juan Luis Goenaga, el artista que fue un poco de todo, nos invita a ser más: más creativos, más empáticos, y sobre todo, más humanos. En su memoria, tomemos un momento para detenernos, observar y apreciar la belleza que nos rodea, y tal vez, así como él lo hizo, encontremos algo significativo en nuestro propio viaje.

Y tú, ¿cómo conectas con el arte y la soledad en tu vida?


En definitiva, el legado de Goenaga nos dejará siempre una huella, recordándonos que hay un vasto universo de creatividad que merece ser explorado, celebrado y compartido.