¿Alguna vez te has sentado a la mesa de un restaurante y, después de pedir, te has dado cuenta de que te has gastado el triple de lo que planeabas? A todos nos ha pasado, pero lo que no todos experimentan es pasar por una cena que no solo es cara, sino que está pagada con fondos públicos. En este artículo, nos adentraremos en la curiosa y escandalosa historia del alcalde de Aguarón, Lucio Cucalón, que parece haber llevado el concepto de una «comida de trabajo» a niveles épicos de incógnita: ¿en serio gastó más de 400 euros en una cena con dinero del Ayuntamiento? ¡Vamos a descubrirlo!

¿Quién es Lucio Cucalón?

Antes de sumergirnos en el festín gourmet, hagamos las presentaciones adecuadas. Lucio Cucalón es un nombre que ha resonado en los pasillos del Ayuntamiento de Aguarón, un pequeño pueblo de Zaragoza con tan solo 600 habitantes. Sirvió como alcalde desde 1987 hasta 2019, y fue reelegido en 2023 a pesar de contar con un bonito historial judicial, que incluye condenas por acoso laboral y un frente judicial por un posible delito de falsedad documental. Sin duda, un perfil controvertido que ha despertado más de un debate en la comunidad.

Uno podría pensar que, tras tantas controversias, Cucalón se comportaría de manera más prudente. Pero, al parecer, la idea de moderación no está en su vocabulario (ni en su presupuesto).

Un festín para recordar… o no

El pasado 29 de diciembre, en un restaurante de Zaragoza, nuestros protagonistas se sentaron a la mesa para disfrutar de un festín exquisito. Te preguntarás por qué se lleva a cabo una comida con tres concejales y miembros de la Diputación Provincial con fondos del ayuntamiento, especialmente cuando hay tantas cosas que atender en una pequeña población con problemas financieros. Pero eso es precisamente lo que ocurrió.

El menú de la discordia

El menú no era para nada banal: ostras, gamba roja, jamón de bellota, y como plato fuerte, dos cabritos al ajillo. (Ya te imaginas que el aroma de estos platos estaría llamando a todos los amantes de la buena cocina). La cena alcanzó la impresionante suma de 403,70 euros, lo que significa aproximadamente 100 euros por cabeza. Y como todo buen festín, no podía faltar el brindis, que vino con una botella de vino de Pago de los Capellanes y otra de Brut Nature.

Los asistentes deben haber disfrutado de esos sabores que hacen que la vida sea un poco más dulce. Pero, realmente, ¿es este el tipo de gasto que debe realizar un funcionario público, especialmente uno que está constantemente bajo la lupa? La respuesta es evidente: ¡no!

La situación financiera de Aguarón

Imagina la escena: el mismo día que Cucalón y sus amigos disfrutaban del lujo, el interventor del Ayuntamiento, Alejandro Rodrigo, estaba advirtiendo sobre la muy delicada situación financiera de Aguarón. Con una tesorería de 18.487 euros, y obligaciones de pago pendientes que superan los 26.000 euros, el panorama no es alentador. También es digno de mención que Aguarón ya estaba sufriendo por el gasto en servicios públicos. Uno podría preguntarse: ¿dónde está la ética en todo esto?

El interventor menciona un «grave riesgo» de que se lleguen a afectar los servicios públicos. Con un gasto en luz que ha ascendido a 97.000 euros en 2024 y un gasto desorbitado en festejos, ¿realmente tiene sentido gastar tanto en una cena privada? Pregunta retórica: ¿cuánto vale la transparencia y la responsabilidad en la administración pública?

«Creo que no la hice»: un argumento poco sólido

Una de las declaraciones más sorprendentes de Cucalón fue cuando se le preguntó sobre la cena. El alcalde, con una sonrisa (imagino), dijo: «Yo creo que no la hice». ¿En serio? Tienes un recibo en la mano y aún así, decides negarlo. Tal vez debería considerar un curso intensivo de manejo de la responsabilidad política. (Spoiler: la negación no es un estilo de liderazgo efectivo).

Gastos sin sentido

Lo que realmente sorprende de esta historia no es solo el alto costo de la cena, sino que es solo la punta del iceberg. Los informes del interventor destacan otros gastos cuestionables, como los 3.000 euros en botellas de vino que no tienen justificación fiscal, cantidades inconcebibles en festividades, y una factura de 2.164 euros en lotes de Navidad que no tienen destinatarios claros.

Aquí es donde claramente me entran ganas de levantar la mano y gritar: “¡Alto! ¿Qué está pasando aquí?” Uno podría pensar que hay una línea clara entre los gastos éticos y los gastos absurdos cuando se trata de fondos públicos, pero parece que esta línea se ha difuminado en Aguarón.

Reseñas de los informes del interventor

Los informes del interventor son como un grito de alarma que resuena a través de los pasillos del Ayuntamiento. A medida que se va destapando el escándalo, pareciera que el propósito de la Administración es comerse el presupuesto antes de que los habitantes tengan la oportunidad de beneficiarse de él.

El interventor ha hecho un llamado a eliminar los gastos superfluos, como el lujo en festejos y la compra de botellas de vino. Es un claro recordatorio de que la transparencia y la responsabilidad son esenciales en cualquier administración pública. Pero, ¿realmente escuchará el alcalde?

¿Qué hay de los ciudadanos?

Mientras Cucalón disfruta de su cena de lujo, los ciudadanos de Aguarón deben lidiar con la realidad de los servicios públicos que se ven comprometidos. En un momento en que se espera que las figuras públicas sean role models, ver comportamientos tal como este puede dejar un sabor amargo. ¿Qué lecciones se pueden aprender aquí?

Aquí estoy, en el sofá de mi casa, pensando en lo mal que lo pasé cuando olvidé pagar esas pocas copas en un bar tras una reunión con amigos… Y aquí está el alcalde gastando miles de euros sin una pizca de remordimiento. ¿Acaso esto es un símbolo de nuestras prioridades en la política?

Humor ante la adversidad

Y en un tono más ligero, no puedo evitar imaginar a Cucalón, de regreso a su despacho, diciendo: “Menos mal que no tengo que rendir cuentas por el postre”. ¡Qué típico de la política! Un alcalde que gasta fondos públicos en una cena y se atreve a no recordar si la tuvo. Ojalá la vida real fuera como una comedia, donde al final todos terminan riendo y las cosas se arreglan mágicamente.

Reflexiones finales

El escándalo de Aguarón es un recordatorio de que nuestros líderes deben rendir cuentas. Después de todo, los funcionarios públicos son responsables ante sus ciudadanos. Este tipo de derroche no es solo una mala práctica; es una traición a la confianza depositada en ellos. Todos merecemos un gobierno que actúe con responsabilidad y ética.

¿Pero qué seguirá para Aguarón? ¿Veremos un cambio? Solo el tiempo lo dirá. En un rincón de España, un pequeño pueblo enfrenta grandes retos ante una figura política que parecía invulnerable hasta ahora. Esperamos que, al menos, la próxima vez que se siente a la mesa, recuerde que los fondos públicos no son un buffet libre.

Así que la próxima vez que pienses en salir a comer, piénsalo bien: ¿de verdad vale la pena gastar tanto cuando puedes satisfacer todas tus necesidades con un buen plato de pasta casera? Te lo dice alguien que ha aprendido por las malas a ser un poco más consciente del presupuesto. ¡Hasta la próxima!