La mañana del 7 de octubre de 2023 marcó un antes y un después en la historia de Israel y Palestina. En medio de un conflicto que lleva décadas y con el mundo observando atentamente, un ataque sin precedentes por parte de Hamás se desató sobre territorio israelí. Pero, más allá de la brutalidad del acto en sí, lo que se destacó fueron las profundas implicaciones sobre la seguridad nacional y la responsabilidad política que, según se reveló posteriormente, colapsaron frente a la amenaza.
Un llamado a la reflexión: ¿qué salió mal?
El teniente general Herzi Halevi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), se encontró en el centro del huracán tras asumir “toda la responsabilidad” por los fallos de seguridad que condujeron al ataque del 7 de octubre. Imagine esto: un líder militar, frente a sus oficiales, dice sin titubear que los fallos fueron “su responsabilidad”. ¿Quién no sentiría un peso en los hombros al cargar con la culpa de algo tan devastador? Pero, ¿realmente se puede cargar con esa responsabilidad una sola persona?
Las investigaciones preliminares, que aún no han sido del todo transparentadas al público, revelaron que la subestimación sistemática de Hamás permitió que el ataque se llevara a cabo casi sin oposición. ¿Es posible que un ejército, por más poderoso que sea, haya ignorado las señales de alarma?
La investigación: cuatro pilares que sostienen la crítica
En este análisis, surgieron cuatro aspectos clave a investigar:
1. Percepción de las capacidades de Hamás.
2. Informes de inteligencia antes del ataque.
3. Decisiones previas a la ofensiva.
4. Órdenes dadas en el momento crucial.
Los catastróficos errores de juicio, como el ignorar cinco señales de «actividad sospechosa» detectadas la noche anterior al ataque, lanzan una sombra inquietante sobre la eficacia del sistema de inteligencia israelí. Uno podría pensar, tratando de buscar un poco de humor en la tragedia, que quizás el ejército empezó a tomar señales de actividad sospechosa como “ejercicios de preparación para la guerra en las películas de Hollywood”.
¡Qué ironía! Pero aquí hay algo aún más grave: la falta de respuesta a la violencia sobre el terreno, donde un conflicto cotidiano se fue transformando en un caos absoluto. Es como si Hamás hubiera hecho una película en tiempo real y las FDI se quedaron atrapadas en un tráiler de “No estoy listo para la guerra”.
La tragedia humana en medio de la guerra
Más allá de los números y las estadísticas, la tragedia se hace tangible con la historia de personas que se ven atrapadas en esta vorágine de violencia. Por ejemplo, la desgarradora intervención de Yarden Bibas en el funeral de su esposa e hijos mostró al mundo el verdadero costo de la guerra. “Mi amor, siento mucho no haber podido protegeros,” fueron palabras que resuenan profundamente, no solo en Israel, sino en cualquier rincón del mundo donde la guerra se convierte en la cruel narradora de la historia humana.
El ataque dejó casi 1,200 muertos y 240 secuestrados. Pero aquí hay un dato que no podemos ignorar: la respuesta militar israelí llevó a la muerte de más de 48,300 personas en Gaza, entre ellas mujeres y niños. Es un ciclo que no parece tener fin, sino que se agrava cada día.
¿Quién debe rendir cuentas?
A medida que se desenvuelven estas trágicas historias, la pregunta fundamental persiste: ¿quién es el responsable de todo esto? El primer ministro Benjamín Netanyahu ha lanzado acusaciones contra el ejército, argumentando que se le ha ocultado información vital. Al parecer, la comunicación parece estar tan quebrada como las calles de Gaza después de los bombardeos. Netanyahu reclama una investigación pública, pero el teniente general Halevi, en respuesta, exige que se realice una investigación totalmente independiente, dejando claro que se necesita una introspección más allá de lo militar.
Aquí es donde la desesperación se encuentra con el cinismo, y en medio de este teatro bélico surge la pregunta: ¿realmente hay un interés genuino en entender y aprender de estos errores? La población israelí parece estar gritando en un solo eco: “¡Sí! Queremos respuestas!”
La percepción pública y el estrés social
El clamor por una comisión pública no proviene solo de un deseo de justicia, sino más bien de un anhelo colectivo por la seguridad. En las encuestas, incluso los votantes de la coalición de Netanyahu apoyan abrumadoramente la creación de un organismo de investigación independiente. Es claro que la gente no quiere que la historia se repita.
Y mientras tanto, las direcciones políticas siguen como si nada hubiera pasado. Desde fuera, el conflicto parece un juego desalmado donde el riesgo es alto y los beneficios, escasos. Nadie quiere ser el peón sacrificado en esta partida de ajedrez geopolítica. Las vidas humanas no deberían ser moneda de cambio, deben ser prioridad.
Un deseo de paz entre las ruinas
La narrativa de las personas que sufren y mueren debido a decisiones políticas se repite constantemente en la amplia gama de conflictos que ha vivido la humanidad. Mientras que los líderes se sientan a negociar, en las calles, en los hogares y en las familias las vidas siguen siendo devastadas. ¿Cómo podemos permitir que esto continúe?
Es imperativo que tanto los líderes israelíes como los de Hamás entiendan que la paz, aunque dolorosa y compleja, es posible. La historia nos enseña que los muros que se levantan, al final del día, solo separan más a las personas. Hay que aprender de lo vivido, cuestionar y buscar caminos alternativos hacia la reconciliación.
Creando un camino hacia adelante: Mirando más allá de la tragedia
Todo esto nos lleva a una reflexión profunda sobre cómo proceder. La reconstrucción de la confianza entre las partes requiere esfuerzos conjuntos y sinceros. Esto no es solo cuestión de reaccionar a los ataques; debe ser un diálogo constante. Las investigaciones deben llevar a acciones que realmente aborden las causas subyacentes del conflicto y no solo a las consecuencias inmediatas.
Como un pequeño libro que leí hace unos años que decía, “no tiramos la toalla, sino que la doblamos y la guardamos para un mejor momento”. Hoy, necesitamos una ‘nueva toalla’, simbolizando el deseo de enfrentar la dura realidad, pero con la esperanza de un futuro más brillante.
Al final del día, todos queremos vivir en paz. La risa, el amor y la comprensión son los mejores balas —aunque no siempre parezca así. En un momento en el que la realidad parece oscura, la luz de la empatía y diálogo es más importante que nunca.
Para concluir, hermanos y hermanas, necesitamos unirnos en este esfuerzo conjunto de cambio. Aprendamos del desfío del 7 de octubre. Porque si no lo hacemos, el único eco que resonará será el de un ciclo interminable de dolor y sufrimiento. ¿Estamos listos para escribir una nueva historia? La respuesta está en nuestras manos.